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Mes de la Herencia Hispana

OPINIÓN | Un cuento de dos culturas, dos travesías

Por María Twena

Nota del editor: María Twena tiene más de 30 años en mercadeo, una carrera que inició tras lograr su posgrado en Psicología y su maestría en Comunicaciones Masivas. Luego de dos décadas en el área de mercadeo, decidió concentrarse en el segmento de la generación 1.5/2.0 de consumidores latinos. Actualmente está a cargo en forma global del Consumidor X en 9th Wonder.

(CNN) — Nos encontramos en esa época del año, cuando el otoño proclama su llegada en el hemisferio norte y el autobús escolar amarillo comienza a aparecer en nuestros vecindarios (en algunos lugares). Anunciado por ambos, llega también el sonido del entusiasmo de los niños enfrascados en sus animadas conversaciones, y la aparición del niño solitario con mirada curiosa y fija desde la ventana del autobús de la escuela.

También celebramos el mes de la herencia hispana en EE.UU., entre el 15 de septiembre y el 15 de octubre. Siempre he pensado que las fechas para esta celebración son un poco raras. Entiendo que representan los días de independencia de varios países de Latinoamérica, pero creo que es el único mes de celebración que comienza y termina a mediados del mes calendario, interpuesto sobre dos períodos de fases lunares. La paradoja es que, al mismo tiempo, encuentro este fenómeno bastante apropiado, ya que según cifras del Pew Research Center de 2013, más de la mitad del mercado hispano en Estados Unidos es bilingüe/bicultural, entrelazando dos idiomas, pero, lo que es más importante, dos culturas.

Nacida en Estados Unidos y descendiente de inmigrantes cubanos y españoles, de acuerdo con el censo soy considerada estadounidense de segunda generación. Mis hermanos mayores, quienes llegaron a este país muy chicos, representan la generación 1,5 (un inmigrante que viene a Estados Unidos a la edad de 10 o menos). Como niños socializados, en este país vivimos un hibridismo que pocos realmente pueden discernir.

Somos ambos, hispanos y estadounidenses, existiendo en una realidad fluida que por momentos es más latina, y en otros, más estadounidense, dependiendo de los actores y la situación.

Criada en Nueva Orleans en los años 60 y 70, mi hogar era más hispano (hablaba español con mis padres e inglés con mis hermanos, y seguíamos las tradiciones y costumbres hispanas), aunque vivíamos en un vecindario y asistíamos a una escuela estadounidense. Sabía que era diferente a los demás y me sentía como una desconocida en la escuela y en la casa.

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Las diferencias de los idiomas siempre fueron fáciles de comprender. Las diferencias culturales solamente se expresaban por medio de gritos y berrinches, porque no existía un contexto para distinguirlas, y, sin embargo, eran mi mayor fuente de confusión y angustia.

Hoy en día, puedo contarlo porque las puedo identificar. Enseñamos español como segundo idioma, pero fallamos en enseñarles a los inmigrantes la lección más importante: Estados Unidos es una segunda cultura.

Existen dos grandes principios o éticas en el mundo: colectivismo e individualismo. Los hispanos vienen de culturas colectivas, que les enseñan que la familia y la comunidad son más importantes que el individuo. Las culturas individualistas, como la estadounidense, valoran la autoeficiencia y la independencia (la vida, la libertad, la búsqueda de la felicidad), mas no la interdependencia. Por escrito, esto parece claro y palpable. Pero cuando vives en carne propia estos valores culturales opuestos desde niño, sin contexto y sin años de sabiduría, son difíciles de superar y pueden tener consecuencias desastrosas, haciendo que algunos individuos se sientan como extraños en su propio hogar y en la sociedad.

Estos conflictos culturales se expresan de diferentes maneras, algunas serias, otras con humor.

De niña, cuando actuaba de manera independiente y autosuficiente (lo cual me enseñaron en la escuela), uno de mis padres (el más colectivo) decía: “Estás siendo egoísta”. Hoy, al recordarlo, piensen en los mensajes mixtos que teníamos de niños. Nos enseñaban en la escuela a ser autosuficientes, nos premiaban por ello y después ese mismo comportamiento era criticado en casa.

De niños, las apariencias son de suma importancia. El colectivista no se viste por comodidad, como nosotros los estadounidenses. Se viste para las apariencias, porque su autoestima está conectada al colectivo o a lo que los demás piensan de ellos. Los estadounidenses se visten más por comodidad y mucho menos por apariencia porque no son interdependientes, sino más bien independientes. Si ganara 25 centavos cada vez que batallamos con ese dilema de niña… honestamente, hasta de adulta.

También había risas.

Cuando mi hermana mayor nos decía que iba a casa de su amiga para una venta de garaje, la réplica era: “¿Cómo van a vender solamente el garaje? Pensé que tenían que vender toda la casa”. Los hogares hispanos no tienen ventas de garaje. No existe en su vocabulario. ¿Por qué? Porque vienen de culturas colectivas en las cuales muchas veces toda la ropa, los aparatos y los muebles se les da a la próxima familia en necesidad. Una de las reglas entendidas de la cultura colectiva, compartir todo (recuerden, la familia y la comunidad sobre el individuo mismo).

Finalmente, como todos los hijos de inmigrantes (sin importar si se es latino o no), también asumimos el papel de guías o mentores de nuestros parientes que nacieron en otro país: como traductores del idioma o como intérpretes de los principios estadounidenses (autosuficiencia), informando en las compras de marcas y productos y desmitificando servicios y tecnología, etc. Lo hacemos también de adultos, tomando el papel de influyente o de navegador principal.

Así que, mientras celebramos a todos los hispanos durante el mes de la herencia hispana en EE.UU., no hay que olvidarnos de nuestros hispanos bilingües/biculturales, la mayoría en el mercado de hoy, ni de nuestros navegadores maestros.

Si yo pudiera hablar con todos ustedes, incluyendo a todos los que podrían estar usando el autobús escolar este año, mi mensaje sería simplemente este: acojan su biculturalismo y su dualidad. Se convertirá en su superpoder.