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Análisis

ANÁLISIS | La falsa cruzada de Trump continúa a pesar de la devastadora reprimenda de la Corte Suprema

Por análisis de Stephen Collinson

(CNN) — Las únicas preguntas ahora son cuántas veces más desea el presidente Donald Trump perder las elecciones ante el presidente electo Joe Biden y si sus acólitos republicanos en el Capitolio despertarán y reconocerán la realidad.

Los peligrosos delirios de Trump sobre una elección robada representan el intento más evidente en la historia moderna por parte de un presidente de echar abajo la decisión de los electores. Pero han llegado a un punto sin retorno después de que la Corte Suprema, de mayoría conservadora, aplastara en gran medida cualquier esperanza alucinatoria de revertir la derrota que le quedaba a Trump.

La primera respuesta devastadora de la Corte a la refriega postelectoral envió una clara señal de que el tribunal superior desdeña los casos frívolos y arriesgados que ya han sido rechazados rotundamente por los tribunales inferiores.

La denegación de la solicitud de los republicanos de Pensilvania de bloquear la certificación de los resultados de su estado, para la cual no hubo desacuerdos notorios, fue un repudio humillante del malentendido fundamental de Trump de que tres jueces que instaló en la Corte lo llevarían a una elección disputada. También mostró que las teorías de la conspiración sin evidencia podrían emocionar a la base del presidente y a sus propagandistas en los medios, pero no lo logran en los tribunales.

«Se acabó el asunto. El presidente de Estados Unidos no tiene otro recurso», dijo Laura Coates, ex fiscal federal y analista legal senior de CNN.

El portavoz de Biden, Mike Gwin, dijo: «Esta elección ha terminado. Joe Biden ganó y tomará juramento como presidente en enero».

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Respuesta de la Corte

La Corte Suprema intervino pocas horas después de las últimas afirmaciones ilusorias del presidente de que ganó las elecciones, prevaleció en los estados indecisos y fue víctima de una operación masiva orquestada por los demócratas para cometer fraude contra el electorado.

«Ojalá la próxima administración sea la administración Trump, porque no se pueden robar cientos de miles de votos», dijo el presidente, enviando múltiples mentiras el martes sobre el resultado de las elecciones.

Para que conste, no hay duda de quién formará la próxima administración. Biden ganó 306 votos electorales frente a los 232 de Trump. Conquistó cinco estados indecisos que Trump había ganado en 2016. La campaña de Trump no ha producido ninguna evidencia de fraude o irregularidades que se sostengan en la Corte y sus casos han sido desestimados por múltiples jueces profundamente críticos en una serie de estados.

Los corrosivos intentos del presidente de erosionar la legitimidad de las elecciones estadounidenses, la piedra fundamental de un sistema basado en el consentimiento de los gobernados, se han producido al mismo tiempo que ignora en gran medida la amenaza real que enfrenta la nación: una pandemia que ha matado a casi 300.000 estadounidenses y que ha sido exacerbada por su negligencia.

Un juego de poder que continuará

Pero cualquier expectativa de que la realidad, los hechos y las pruebas comenzarán a moldear el comportamiento del presidente, y de sus partidarios que aún se niegan a admitir que Biden ganó las elecciones, iría en contra de los eventos de la últimos cuatro años.

También ignoraría la forma en que Trump está usando sus afirmaciones de fraude para aliviar su propio ego después de perder las elecciones, para recaudar dinero para mantenerse en el centro de atención política después de que deje el cargo y para destruir la presidencia de Biden antes de que comience.

Justo el martes, los republicanos de mayor rango en el Congreso, incluido el líder de la mayoría del Senado, Mitch McConnell, y el líder de la minoría de la Cámara de Representantes, Kevin McCarthy, votaron en contra de una resolución para nombrar a Biden como presidente electo.

Republicanos se niegan a aceptar a Biden

Algunos republicanos se han negado a decir que aceptarán que Biden se convierta en el 46° presidente incluso después de que las votaciones del Colegio Electoral confirmando sus victorias finalicen en los estados el 14 de diciembre. En una muestra de comportamiento profundamente inconstitucional, el presidente llamó a los legisladores republicanos en busca de ayuda para revertir las victorias de su rival en los estados clave. Y su equipo legal, que cuenta con dos abogados, Rudy Giuliani y Jenna Ellis, que tienen covid-19, se comprometió el martes a luchar hasta el mediodía del día de la toma de posesión, el 20 de enero. La declaración rechazaba la fecha clave constitucional del martes — el llamado puerto seguro -, cuando deben terminar las impugnaciones legales sobre las elecciones.

La negativa de los republicanos de Washington a aceptar el resultado obvio de las elecciones contrasta con el coraje obediente de muchos funcionarios republicanos en estados de campo de batalla que han desafiado la presión extrema de Trump y las amenazas de sus colegas de partido para certificar las elecciones que ganó Biden.

Un cálculo político

Claramente, los simpatizantes de Trump en un partido que transformó a su propia imagen nacionalista populista después de forjar una conexión asombrosa con las bases, están actuando por sus propios intereses políticos. Cualquiera que quiera un futuro en el Partido Republicano no puede enfrentarse con el presidente. Pero su conducta también sugiere que gran parte del Partido Republicano, el antiguo hogar de Abraham Lincoln y Ronald Reagan, simplemente se ha convertido en un recipiente para las cruzadas personales de Trump. La búsqueda incesante del poder, en lugar de los principios que una vez hicieron del Partido Republicano el partido de ideas más fértil en Washington, ahora son su principio organizativo.

Esta tendencia sugiere que el nihilismo constitucional perfeccionado por el presidente seguirá siendo una fuerza potente en el Partido Republicano cuando deje la Casa Blanca, y complicará las esperanzas de Biden de unificar una nación dividida, que los críticos en su propio partido consideran ingenuas.

Stuart Stevens, ex estratega jefe de la campaña presidencial de 2012 de Mitt Romney, dijo que el partido había desperdiciado un legado de respeto por los valores democráticos.

«Creo que esto es muy difícil de deshacer. Es ese viejo cliché. Es difícil construir algo y fácil derribarlo. Están quemando la fe en la democracia», dijo Stevens a Don Lemon de CNN el lunes.

«Pasé años, décadas trabajando para el Partido Republicano. Teníamos diferencias ideológicas, pero ahora mismo, creo que la diferencia entre el Partido Demócrata y el Partido Republicano es que uno está por la democracia y el otro no está por la democracia».

Los republicanos compiten para estar más cerca de Trump

Desde las elecciones, y hasta este mismo martes, los republicanos demostraron que tienen poca intención de adaptarse al nuevo equilibrio de poder de Washington en el que una Casa Blanca demócrata espera poder hacer su voluntad.

No se invitó a ningún funcionario de Biden a la «cumbre de vacunas» de Trump en la Casa Blanca el martes, a pesar de que serán responsables de distribuir las vacunas que con suerte pondrán fin a la pandemia el próximo año.

El fiscal general republicano de Texas, Ken Paxton, le pidió a la Corte Suprema que invalidara los resultados de las elecciones en Pensilvania, Georgia, Wisconsin y Michigan, todas las cuales Biden ganó.

«La idea de que un fiscal general de Texas va a tratar de privar a los votantes de otros cuatro estados de las leyes que estaban en vigor el día de las elecciones no es meritoria en lo más mínimo», dijo a CNN Ben Ginsberg, un veterano abogado electoral republicano, el martes.

Pero el hecho de que Paxton haya presentado la demanda, y que el senador republicano de Texas Ted Cruz se ofreciera a defender los casos de Trump en la Corte Suprema, muestra el valor que los miembros del partido le dan a ganarse el favor del presidente, sin importar cuán fantásticas o dañinas sean sus narrativas falsas para la democracia estadounidense.

Manifestantes armados

En los últimos días también se ha visto a una turba armada aparecer frente a la casa de un alto funcionario demócrata en Michigan involucrado en las elecciones. Otro alto funcionario, Gabriel Sterling, en Georgia, un republicano que dijo que votó por Trump, advirtió al presidente que calme las tensiones antes de que alguien muera.

Y los aliados republicanos de Trump han dicho que planean realizar un debate en la Cámara de Representantes, sobre sus afirmaciones infundadas de que le robaron las elecciones, cuando se cuenten los votos del Colegio Electoral para confirmar la victoria de Biden en enero.

Nada de esto evitará que Biden se convierta en presidente. Pero es probable que cause un daño grave a la legitimidad del próximo mandatario y a la salud de las instituciones gubernamentales de Estados Unidos que Trump ha trabajado insistentemente en empañar.