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OPINIÓN | La vacunación: una crisis de liderazgo

Por Roberto Izurieta

Nota del editor: Roberto Izurieta es director de Proyectos latinoamericanos en la Universidad George Washington. Ha trabajado en campañas políticas en varios países de América Latina y España, y fue asesor de los presidentes Alejandro Toledo, de Perú, Vicente Fox, de México, y Álvaro Colom, de Guatemala. Izurieta también es colaborador de CNN en Español. Las opiniones expresadas en esta columna son exclusivas del autor. Ver más opiniones en cnne.com/opinion

(CNN Español) — Mientras el presidente Donald Trump pasa horas “presionando” o “buscando” los votos que no ganó en la elección, Estados Unidos entra en su peor momento de la pandemia de covid-19. La segunda ola fue principalmente el resultado de los jóvenes en fiestas del verano boreal. Este récord que vive el país ahora es el resultado de todos en múltiples reuniones de Acción de Gracias, Navidad y Año Nuevo.

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A la falta de liderazgo, sobre todo federal, hay que sumarle el que en EE.UU. hubo un retraso importante al comenzar la administración de las vacunas. Luego de haber descubierto, producido y autorizado las vacunas en tiempo récord, ¿qué pasaría si el país no corrige su distribución y administración? ¿Cómo afectaría la cadena de producción de las farmacéuticas? Sería un fracaso y una vergüenza que no nos podemos permitir.

Que no logremos administrar mejor la vacunación es un gravísimo error de logística y, en mi opinión, del propio concepto. Cumplimos con lo más difícil: además de desarrollar la vacuna, se crearon tratamientos y medidas que han permitido que la tasa de defunciones no sea mayor (aunque Estados Unidos tiene el número más alto de muertos por el virus en el mundo), pero fracasamos catastróficamente en lo que era el menos complicado de los pasos anteriores: la distribución y la administración de las vacunas a los ciudadanos.

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Estamos al final del túnel de esta pandemia y enero parece ser el punto más delicado del proceso. Sin duda, debemos ser más cuidadosos y no bajar la guardia en el uso del cubrebocas, en el distanciamiento físico y en limitar las reuniones a pocas personas, siguiendo las directrices de los expertos, que varían según los estados e incluso entre países.

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Pero al paso que vamos y si no hay cambios radicales, el clímax de esta crisis podría ser aún peor en febrero y marzo. Aducen que el problema es económico y, sin duda, la falta de recursos de los sistemas de salud estatales para la administración de las vacunas lo es. Tan solo la contratación de personal adicional para manejar este monumental proceso es un reto casi imposible sin más recursos, pero también estamos viendo un problema en la capacidad de gestión y liderazgo. Eso es inaceptable en esta crisis y en esta urgencia.

Con este incremento radical en el número de contagios en enero, estoy seguro de que en esta semana y la próxima comenzaremos a discutir nuevas formas de distribución y administración de las vacunas. Para ser explícitos, pensemos en el ejemplo del sistema de abordaje de un avión: hay prioridades de abordaje (sistema médico, sistema asistencial, edad, vulnerabilidad, necesidad, etc.) pero el proceso no se debe detener por problemas legales, burocráticos o aún logísticos.

Los de prioridad abordan primero y siguen los demás, pero el proceso debe fluir y el avión debe salir a tiempo. Si llega uno de la primera prioridad tarde, puede abordar en cualquier momento, pero que no se detenga el proceso o se atrase la hora de partida; de lo contrario deben abordar el siguiente avión manteniendo su prioridad.

Inglaterra adoptó la estrategia de aplazar la segunda dosis a los ya vacunados y en lugar de eso aplicar la primera dosis a más personas. Lo mismo llegó a discutirse en EE.UU. Sin embargo, la FDA dijo el lunes que son necesarias ambas dosis de las vacunas contra el coronavirus para que surta efecto.

Necesitamos un liderazgo nacional inmediato para no agravar la crisis que tendremos en los próximos meses. Las autoridades sanitarias necesitan más recursos (por suerte y a regañadientes, el presidente aprobó tardíamente el nuevo paquete de estímulo económico que contempla más recursos), pero necesitamos de forma urgente aprender de las experiencias exitosas para tener una extraordinaria capacidad de gestión en la administración de las vacunas.

Esto puede incluir cambiar el concepto de las prioridades para que el proceso fluya rápidamente y no se detenga. Mientras más personas estén vacunadas rápidamente y nos ayudemos todos protegiéndonos (con cubrebocas y demás recomendaciones) saldremos más rápido de esta crisis de salud pública y la debacle económica. Lo mejor que podemos desear para 2021 es empezarlo bien. Lastimosamente el virus no va a esperar hasta el 20 de enero.