CNNEarrow-downclosecomment-02commentglobeplaylistsearchsocial-facebooksocial-googleplussocial-instagramsocial-linkedinsocial-mailsocial-moresocial-twittersocial-whatsapp-01social-whatsapptimestamptype-audiotype-gallery
Análisis

ANÁLISIS | Las 5 grandes lecciones que aprendí sobre Donald Trump en los últimos 5 años

Por análisis de Chris Cillizza

(CNN) — La primera cosa importante que escribí sobre Donald Trump estaba mal.

La fecha del artículo era 17 de junio de 2015. El titular era «Por qué nadie debería tomarse a Donald Trump en serio, en un gráfico muy simple«. Y el argumento era simple: Trump, que había entrado oficialmente en la carrera de 2016 el día anterior, era profundamente impopular entre la base republicana, especialmente por ser considerado como contrario al resto del campo republicano. Y por lo tanto, tenía cero posibilidades de ser un factor en la competencia, y mucho menos de ganar.

Menos de dos meses después, me vi obligado a admitir que me había equivocado. (El titular de ese artículo, publicado el 4 de agosto de 2015, era «Vaya, estaba equivocado acerca de Donald Trump. Aquí está el porqué«). Al explicar en qué me había equivocado, escribí:

¿Por qué me perdí tanto el atractivo de Donald Trump? Para decirlo simple: NUNCA JAMÁS había visto un cambio total en cómo la gente percibe a un candidato que es tan conocido como Trump. Y mucho menos un cambio total en un periodo tan corto. Basé mi conclusión de que Trump nunca sería un actor relevante en la lucha de las primarias republicanas en las ideas de que una vez que la gente 1) te conoce y 2) no le agradas, no puedes cambiar mucho esas realidades gemelas».

«Eso era 100% cierto. Hasta que Donald Trump demostró que eso (y que yo) estaba equivocado».

Así comenzó mi odisea de cinco años escribiendo y pensando en Donald Trump, primero como candidato presidencial y luego como el 45º presidente de Estados Unidos. A lo largo de los años, aprendí algunas cosas sobre quién era este hombre… y quién no era. A continuación están mis reflexiones sobre este presidente tan radical.

publicidad

1. No hay «otro» Trump. No hay un Trump 2.0. No hay una «nueva página»

¿Recuerdas cómo Trump prometió ocasionalmente durante la campaña que su comportamiento grosero y tosco cambiaría si fuera elegido presidente y cuando eso sucediera? «Seré tan presidencial que se aburrirán mucho», prometió en abril de 2016. «Ustedes dirán: ¿No puede tener un poco más de energía?'», agregó.

Eso, por supuesto, era ridículo. A pesar de todo lo que se dijo en los primeros días de su presidencia de que a la vuelta de la esquina se produciría un giro y actuaría como presidente o cambiaría en el próximo discurso, eso nunca jamás iba a suceder.

Trump había sido durante toda su vida el fanfarrón, bueno, cretino. En todo caso, la victoria electoral de 2016 le confirmó que actuar de la manera en que actuaba era su camino hacia el éxito. ¿Por qué cambiaría su comportamiento después del mayor éxito de su vida?

La verdad es, y siempre lo ha sido, que no hay más Trump que Trump. Solo tiene una velocidad, una marcha. No es capaz de ningún tipo de cambio de personalidad importante, ni nunca estuvo interesado en uno.

2. Trump nunca estuvo jugando ajedrez tridimensional

La victoria absolutamente asombrosa de Trump sobre Hillary Clinton en 2016 —teniendo en contra encuestas, dinero, mensaje y cualquier otra métrica que tradicionalmente había predicho quiénes eran los ganadores y perdedores— llevó a una creencia persistente durante gran parte de sus primeros años en el cargo de que estaba operando en un nivel estratégico diferente (y más alto) que el resto del mundo político y, especialmente, los medios de comunicación.

Lo que quedó claro a medida que avanzaba su presidencia fue que asumir que Trump estaba operando desde algún proyecto intrincado o plan estratégico era total y completamente errado. No había un gran plan. Solo estaba Trump actuando y, más a menudo, reaccionando a las noticias del día.

Lo cual, por supuesto, Trump nos lo dijo a todos desde las primeras páginas de «The Art of the Deal»:

«La mayoría de la gente se sorprende por la forma en que trabajo. Lo hago de manera muy relajada. No llevo un maletín. Intento no programar demasiadas reuniones. Dejo la puerta abierta. No puedes ser imaginativo o emprendedor si tienes demasiada estructura. Prefiero venir a trabajar todos los días y ver qué pasa».

En palabras de Maya Angelou: Cuando alguien te muestre quién es, créele la primera vez. No hay plan. Nunca lo hubo. Era simplemente Trump viniendo a trabajar y viendo «qué surge».

3. Siempre se trató de él y solo de él

Para postularte a presidente debes tener un ego muy saludable. Tienes que creer que, entre los 330 millones de estadounidenses, estás excepcionalmente calificado para representarlos. ¿Correcto?

Pero la mayoría de las personas, después de ser electas, o, idealmente, antes de eso, entienden que el cargo de presidente se trata menos de ti y tus propios intereses personales y más del pueblo estadounidense y lo que es mejor para ellos. Eso nunca le pasó a Trump.

Al comienzo de su mandato, había dudas sobre si este presidente tan inusual se sometería a las normas de la presidencia o si las torcería a su favor. Resulta que no solo torció las normas, las rompió. Desde sus repetidas afirmaciones sobre «mis generales» y «mi ejército» hasta sus frustraciones porque el Departamento de Justicia no actuaría como su fuerza policial y bufete de abogados personal, Trump demostró en repetidas ocasiones que veía la presidencia como un vehículo para recompensar a sus amigos y castigar a sus enemigos. Punto.

4. Es un matón

En los primeros días de su presidencia, luché con cuál era la mejor manera de entender a Trump como persona y como presidente. Pero luego se me ocurrió: sencillamente era un matón. A lo largo de su vida, había utilizado su celebridad, su dinero y su poder para obtener lo que quería de aquellos con menos ventajas inherentes. Simplemente se había abierto camino hacia donde quería ir y nunca se había preocupado por quién se quedaba atrás.

La idea de Trump como matón se consolidó para mí en 2017 cuando, en una cumbre de la OTAN en Bruselas, Trump simplemente sacó a Dusko Marković, el líder de Montenegro, de su camino mientras pasaba al frente en una sesión de fotos. Casi seguro que Trump no tenía idea de quién era Marković. Simplemente quería estar en el centro de la imagen porque era presidente de Estados Unidos, sí, pero también porque era Donald Trump. Así que empujó a quien necesitaba a un lado para llegar allí y no lo pensó dos veces.

Desafortunadamente, cuando le das a un matón natural un trabajo tan prominente y poderoso como la presidencia de Estados Unidos, suceden cosas malas. Como Charlottesville. Y como el 6 de enero de 2021.

5. Eventualmente se vuelve en contra de todos

La lealtad es una calle de sentido único para Trump. Espera lealtad absoluta de quienes lo rodean, pero muestra poca a cambio. E inevitablemente se vuelve en contra de todos, incluso de aquellos que sacrificaron sus carreras (y su reputación personal) por él.

La lista es enorme. Aquí hay unos pocos nombres selectos: Chris Christie, Rudy Giuliani, Michael Cohen, Steve Bannon, John Kelly, James Mattis, Rex Tillerson, John Bolton, Anthony Scaramucci, Jeff Sessions, Brian Kemp, Bill Barr, Kirstjen Nielsen, Gary Cohn, H.R. McMaster, Tom Bossert.

Y aunque a menudo ponía los ojos en blanco ante la aparente exageración en la afirmación del crítico de «Never Trump» Rick Wilson de que «todo lo que Trump toca muere«, hay verdad en el sentimiento.

Muchas de las personas que más se acercaron a Trump han sido las más destruidas (en términos de reputación). Giuliani ha pasado de ser el alcalde de Estados Unidos a un teórico salvaje de la conspiración. Christie se transformó de un gobernador que se hacía cargo a un lacayo de Trump. Trump parece tener un efecto de envenenamiento en las reputaciones, y cuando se vuelve contra ti (y siempre lo hace), su único objetivo es buscar y destruir.