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Coronavirus

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“No hay remedios milagrosos, santitos, estampitas ni gotitas que nos vayan a salvar” de la pandemia, dice la doctora Laurie Ann Ximénez-Fyvie

Por CNN Español

(CNN Español) — Las nuevas variantes del coronavirus, que vienen del Reino Unido, Brasil y Sudáfrica, se van extendiendo por el mundo y han suscitado varias preguntas: ¿cuán graves van a ser estas nuevas variantes? ¿Se viene una segunda o tercera ola de la pandemia que va a poder vencer incluso las mejores vacunas? ¿vamos a poder controlar todo esto?

Andrés Oppenheimer entrevistó al respecto a la doctora Laurie Ann Ximénez-Fyvie, una médica mexicana que estudió en la Universidad de Harvard y acaba de escribir un libro titulado «Un daño irreparable, la criminal gestión de la pandemia en México».

«Podríamos apenas estar viendo la punta del iceberg»

Andrés Oppenheimer: Doctora Ximénez-Fyvie, ¿cuán preocupados deberíamos estar con estas nuevas variantes del virus que han aparecido en Gran Bretaña, en Brasil, en Sudáfrica? ¿Se viene una nueva ola de la pandemia o estas variantes van a poder ser neutralizadas con las vacunas que tenemos?

Laurie Ann Ximénez: No, estas nuevas cepas, nuevas variantes del virus SARS-cov-2, representan una preocupación muy importante para la población mundial. De hecho, es una preocupación grande. Ahorita lo que estamos viendo desde el punto de vista científico es que serán estas nuevas cepas o variantes las que van a escribir el segundo capítulo de la pandemia. Hemos visto mucha tragedia, hemos visto mucha pérdida de enfermedad, pero nada va a compararse. Es decir, podríamos apenas estar viendo la punta del iceberg. Estas nuevas cepas son las que van a dictar la segunda etapa de la pandemia y podría llegar a ser algo muy trágico si no se procura en todo el mundo establecer estas estrategias que permitan contener los contagios.

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Andrés Oppenheimer: Pero por lo que he leído, doctora, las vacunas, por lo menos las de Pfizer y Moderna, han logrado detener estas nuevas variantes. ¿O no?

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Laurie Ann Ximénez: Sí. Ahorita hay tres cepas. Las que están mejor descritas son una cepa B117 , que fue descrita en el Reino Unido por primera vez; una cepa sudafricana y esta cepa brasileña que fue detectada en Japón. Estas son las tres. El problema aquí no es estas tres cepas. El problema aquí es que países como México, Estados Unidos, cuando estuvo Donald Trump al mando, y México, desde luego México, Brasil, Estados Unidos, han permitido la dispersión del contagio en sus comunidades a tal grado que se le ha permitido al virus empezar a evolucionar y mutar en un ritmo muy acelerado. Estas tres variaciones, hasta donde entendemos, son más contagiosas, pero las vacunas todavía son eficaces contra ellas.

Ahora, ahí no queda el problema. El problema es que ahora estamos viendo que estas mutaciones están siendo incorporadas en un ritmo muy acelerado. Esto quiere decir que estas cepas o algunas nuevas que empiecen a surgir podrían traernos problemas adicionales. ¿Como qué? En los problemas adicionales que podrían estar marcando escenarios todavía más catastróficos serían: primero, que las cepas empezaran a adquirir virulencias, empezar a aumentar su virulencia. Es decir, que fueran capaces de producir una enfermedad más agresiva, una forma de covid-19 más agresiva. En segundo, que las vacunas ya no fueran efectivas contra estas cepas. Y lo tercero es que estas cepas brincaran a vectores animales desde los cuales podrían contagiar al ser humano, de tal suerte que el contagio entre personas no sería nuestra única preocupación, sino contagio entre personas y también a través de vectores animales. Todas éstas son posibilidades y la forma y el ritmo en el cual el virus está evolucionando en este momento convierte esto en una preocupación real de primera mano.

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«Quizá nunca más se pueda aspirar al contagio cero»

Andrés Oppenheimer: ¿Qué hay que hacer para evitar que pase eso?

Laurie Ann Ximénez: Lo que hay que hacer es detener los contagios. Eso es lo que hay que hacer. Esta es la estrategia que se debió seguir desde el principio. Los países que lo han hecho como Nueva Zelanda, como Australia, Taiwán, Tailandia, Singapur, Vietnam, estos son países que aspiraron a llegar al contagio cero. Ahora sabemos, durante la pandemia, quizá nunca más se pueda aspirar al contagio cero, porque igual que otras enfermedades, digamos como VIH llegaron aquí y llegaron para quedarse. Covid-19 es una enfermedad que también llegó y aquí se va a quedar entre nosotros en los años por venir. Entonces, el contagio cero quizá no sea una aspiración real, pero sí mantener los contagios al mínimo. Necesitamos mantener el contagio al mínimo en todas nuestras comunidades, países, continentes, etcétera. Esta es la forma de mantener, de disminuir estas mutaciones. Y claro, no sólo de esto, ¿verdad? Es la forma de mantener al mínimo los enfermos, los hospitalizados y los muertos, desde luego.

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Andrés Oppenheimer: Usted dice que hay que evitar los contagios, ¿pero acaso las vacunas no hacen eso? ¿La vacuna no detienen los contagios? Porque cuanta más gente se vacuna, más gente tiene inmunidad para no contagiarse, ¿no?

Laurie Ann Ximénez: De hecho, las vacunas hasta ahora, lo que describen las vacunas es protección contra padecer la enfermedad de forma severa, de forma grave. Todos los ensayos clínicos de Fase 3 han estado encaminados hacia identificar la protección contra padecer la enfermedad, pero no contra la infección. En este momento se recomienda que incluso todas las personas vacunadas tienen que seguir protegiéndose con cubrebocas, con ventilación de espacios, con distanciamiento social. ¿Por qué? Porque las personas vacunadas, no lo sabemos todavía, hasta ahorita, lo que sabemos, lo que sabemos científicamente, con seguridad, lo que las vacunas reportan, si tienen una efectividad del 93 por ciento, del 80 por ciento… esos porcentajes se refieren a qué cantidad de los vacunados manifiestan la enfermedad. No se refiere a la infección. Esto quiere decir que un vacunado podría estar protegido de padecer la enfermedad, pero infectarse y ser un vehículo de transmisión para otros. Entonces, la vacunación, hasta donde sabemos, no sabemos qué tanto previene la transmisión, lo que sabemos es que previene la enfermedad. Son dos conceptos diferentes. Desconocemos la parte de la infección.

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Andrés Oppenheimer: ¿Pero qué más tendrían que hacer nuestros países para evitar los contagios? Porque ya hay una fatiga de coronavirus, después de un año o más de un año de cuarentena, parciales o totales, es difícil pedir a la gente que se quede encerrada en su casa.

Laurie Ann Ximénez: Nuestros países tienen que hacer las medidas de contención. Es decir, hay dos brazos. Hay una parte que tiene que ser realizada por los gobiernos de los países. Los gobiernos digamos federales, estatales, más locales, incluso. Hay las acciones gubernamentales y las acciones que debe llevar la población. Todo tiene que estar encaminado hacia detener el contagio. Entonces, el gobierno necesita establecer estrategias en donde se pueda detectar a un número muy amplio de pacientes asintomáticos, con el objetivo de poderlos aislar y removerlos de la población contagiante. Entonces, ¿qué se necesita? Ampliar capacidades de prueba. Las pruebas necesitan ir de la mano con las estrategias de rastreo de contactos y con estrategias que permitan aislar a las personas que salen positivas. Ahora, lo que necesitamos es a partir de un contagiado, hacer un rastreo de contactos que permita detectar a aquellos asintomáticos. ¿Por qué? Porque los asintomáticos son el motor que empuja la dispersión de los contagios en las comunidades. La vacunación, si bien no es un remedio inmediato, es un remedio. Bueno, no le llamaría yo remedio. Es algo que va a venir ayudar al esfuerzo de detener la pandemia, pero no se puede considerar como un algo que va a tener un efecto a corto plazo. Las vacunas, empezaremos a ver sus efectos a mediano y largo plazo.

El común denominador entre Estados Unidos, Brasil y México

Andrés Oppenheimer: ¿Cómo explica usted que los países con más muertos sean Estados Unidos, Brasil y México?

Laurie Ann Ximénez: Bueno, eso se explica muy fácilmente. Es decir, los resultados que se tienen durante la pandemia son una consecuencia directa de las decisiones que han tomado los líderes de cada país para controlar, gestionar o manejar esta crisis. ¿Cuál es el común denominador entre Estados Unidos, Brasil y México? Pues es muy fácil: el tipo de líder que tienen. Somos tres países… Estados Unidos ya no, afortunadamente… Son tres países liderados por presidentes que han actuado como negacionistas de la ciencia, han tenido las evidencias científicas enfrente y han decidido ignorarlas. Han visto la catástrofe que se está gestando entre su gente dentro de su país y han decidido ignorarlo. Yo veo con beneplácito las declaraciones de hace tres días del señor Boris Johnson en el Reino Unido. Reino Unido empezó haciendo muy mal las cosas. Pero e inmediatamente, cuando vieron hacia dónde iba encaminada la catástrofe, corrigieron su estrategia y se convirtió en uno de los países, durante el verano del año pasado, que controló mejor la pandemia en toda Europa. Entonces, el señor Boris Johnson, mientras que también es de este corte populista de dirigente, de líder, por lo menos él siempre tuvo la visión, el tino para rectificar su estrategia y hacerlo de mejor manera. Hace tres días, Boris Johnson se sentó en un discurso y pidió disculpas. Dijo: subestimamos el problema, subestimamos las medidas. Me disculpo. Esto ha llevado a demasiada gente a morir, a demasiada gente enfermar. Es decir, es un líder que por lo menos ha admitido esto. Ahora Bolsonaro, López Obrador y Trump jamás se disculparon de nada.

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Andrés Oppenheimer: Aclaremos que las medidas de Boris Johnson redujeron al principio los contagios, pero bueno, de septiembre volvieron a aumentar. Doctora Ximénez-Fyvie, Boris Johnson cambió su forma de actuar después de contagiarse con el covid-19. ¿Usted cree que López Obrador va a cambiar su gestión de la pandemia después de su contagio, como pasó con Boris Johnson?

Laurie Ann Ximénez: Pues vamos a ver de qué manera cambia, ¿verdad? Porque ¿qué pasó cuando Bolsonaro estuvo enfermo? Lo único que hizo fue mandar unos mensajes terribles a su población. No se sentaba ahí con sus cajitas de hidroxicloroquina, sin cubrebocas, a decir: tomen este medicamento, que ya me estoy componiendo. Un medicamento que no sirve en absoluto. ¿Qué hizo Donald Trump? El día que salió del hospital, subió caminando la escalera lateral hacia el balcón central de la Casa Blanca con cubrebocas. Se paró frente a ese balcón enfrente de toda la prensa internacional y lo que hizo fue arrancarse el cubrebocas. Entonces ahora resta López Obrador. Boris Johnson, la epifanía que tuvo después de estar tan gravemente enfermo, fue de hacer las cosas mejor. Esto está muy bien. En cambio, para Trump y Bolsonaro esto no representó ningún problema. Ellos, de hecho, enfatizaron esta situación de no pasa nada, yo me curé, esto no es grave. Entonces ahora resta ver cuál será la epifanía, si es que tiene alguna, el señor López Obrador. Ver si es que él va a tomar el rumbo de Johnson o va a tomar el rumbo de Trump y Bolsonaro.

«Es muy peligroso que se difunda la charlatanería»

Andrés Oppenheimer: Finalmente, doctora Ximénez-Fyvie. ¿Qué opina de las gotitas milagrosas del presidente de Venezuela, Nicolás Maduro, que según él tienen un 100 por ciento de efectividad contra el coronavirus? ¿Qué opina?

Laurie Ann Ximénez: Opino que es muy peligroso que se que se difunda la charlatanería y sobre todo cuando la charlatanería se difunde desde los niveles más altos de gobierno. Aquí también se habló mucho de eso. Al inicio de la pandemia hubo algún gobernador, el gobernador de algún estado que le decía a las personas: los pobres estamos a salvo de covid, son sólo los ricos los que se van a enfermar. Ahora es muy lamentable que el presidente de Venezuela se siente ahí a recetar sus gotitas mágicas. López Obrador también hizo esto. Él lo que hizo fue enseñar santitos. Él dijo Yo estoy protegido porque aquí tengo a mi virgencita y a mi santo, y con estas yo estoy protegido. Es lo mismo que está haciendo el señor Maduro promoviendo sus gotitas milagrosas. Lo que sería muy importante es que la gente entendiera rápido: aquí no hay remedios milagrosos, no existen los remedios milagrosos. Aquí existe la ciencia y la ciencia hoy nos dice la mejor manera de cuidarse del covid, de salir bien librado de covid-19 es: uno, prevenir el contagio y, dos, atender la enfermedad de forma muy temprana. Esas son las formas como curamos, como salvamos vidas de covid-19. Aparte de eso, no hay remedios milagrosos, santitos, estampitas ni gotitas que nos vayan a salvar.

Andrés Oppenheimer: Doctora Ximénez-Fyvie, muchísimas gracias