CNNEarrow-downclosecomment-02commentglobeplaylistsearchsocial-facebooksocial-googleplussocial-instagramsocial-linkedinsocial-mailsocial-moresocial-twittersocial-whatsapp-01social-whatsapptimestamptype-audiotype-gallery
Italia

La historia de los estadounidenses que compraron una casa en Italia por internet

Por Julia Buckley

(CNN) — ¿Cuántos de nosotros hemos visto una imagen de ensueño de un país extranjero y comenzado a planear nuestra vida allí desde el sillón de nuestras casas?

Seguramente muchos. Pero ¿cuántos de nosotros en realidad hemos comprado una propiedad y hemos planeado esa vida futura… sin siquiera poner un pie en el lugar?

Michael Barrett podría ser el primero.

Barrett, nativo de Chicago, pasó gran parte del confinamiento del año pasado admirando las casas en venta en Italia. Pero en lugar de contentarse con soñar, él y su esposa Aida dieron un paso más y compraron una casa, sin verla.

Y, según él, comprar una propiedad a distancia fue mucho más sensato que lo que hacen muchos no italianos: venir de vacaciones, enamorarse, visitar un par de lugares y hacer una oferta.

publicidad

De hecho, considera que este podría ser el camino a seguir en un mundo pospandémico.

Suena a una historia de terror: pareja estadounidense en sus sesentas adquiere propiedad en el extranjero sin verla, sin conocer al vendedor, o al agente inmobiliario, o al arquitecto, y ni siquiera al amigo virtual que firmó el contrato por ellos.

Pero los Barrett están convencidos de que esta fue la mejor decisión.

Decisiones, decisiones

Los Barretts habían visitado Como, pero no era adecuado para sus necesidades. (Crédito: Vittorio Zunino Celotto/Getty Images)

Primero lo primero. Michael y Aida Barrett viven en Wisconsin, pero no por ello son novatos sobre Italia.

Aida es de Calabria. La pareja se conoció cuando ella vino de vacaciones a Chicago hace 35 años y desde que se casaron han hecho visitas periódicas al otro lado del charco. Ella vuelve a casa cada año durante un par de meses; él se le une durante dos o tres semanas, cada dos años.

Pasan la mitad del tiempo en la villa de la familia de ella en Calabria, y la otra mitad explorando el resto de Italia.

Así es como Michael Barrett se enamoró del país. Aida «me abrió las fronteras», dice. Se enamoró profundamente de Italia, pero de la Italia real, no con la que suelen fantasear los extranjeros.

Decidieron que cuando se jubilaran, tenían que estar allí.

«Puede que desarraigarnos me entusiasme más que a mi esposa», dijo. «Ella conoce todos los detalles de la cultura italiana: es de Amantea [Calabria] y tiene un título en historia y literatura italiana. Pero yo era el que decía cada un par de semanas: ‘Vamos a Italia’. Me encanta cada detalle del lugar, de verdad. Llevo soñando con mudarme desde siempre».

Los Barrett acordaron que disfrutarían de su jubilación en Italia, pero también sabían que las cosas en este país llevan su tiempo.

«Hay que tener mucha paciencia para hacer cualquier cosa en Italia, y no queríamos estar en una casa de huéspedes durante dos años mientras renovaban nuestra casa», dice Michael Barrett.

«Estábamos contentos de mudarnos, pero no sin establecer nuevas raíces. Ser nómadas no es la mejor opción a nuestra edad».

Decisión uno: tomada. Querían comprar unos años antes de jubilarse, para tener la casa de sus sueños lista para mudarse el primer día. En ese momento era finales de 2019 y decidieron que 2020 sería el momento de comprar.

Segunda decisión: dónde comprar. Esa fue un poco más difícil.

Las legendarias casas de un dólar del sur de Italia no eran para los Barrett. Por un lado, requerirían demasiado tiempo y remodelaciones. Por otro lado, habían pasado mucho tiempo en Amantea, y se dieron cuenta de que el sur de Italia estaba demasiado alejado de las grandes ciudades para ellos.

Así que compilaron una lista de requisitos, una muy específica.

«Tenía que estar a menos de dos horas de una de las grandes ciudades con atención médica avanzada y un gran aeropuerto internacional», dice Barrett, quien afirma que buscaban algo «barato y alegre» en lugar de las propiedades suntuosas que los inmigrantes estadounidenses suelen buscar en Europa.

«Queríamos vivir cerca del agua, a una distancia que se pudiera recorrer a pie. También queríamos estar cerca de una estación de tren y de un mercado para tener la opción de no tener que usar el automóvil».

«La propiedad tenía que ser habitable, nada de ofertas de un euro en ruinas. Tres dormitorios y dos o más baños».

¡Ah! Y no querían estar cerca de otros estadounidenses.

«Cuando veo a un montón de turistas estadounidenses, me dan ganas de ir a otro lugar», dice Barrett. «Me siento como si estuviera en Disneylandia».

«Siempre que estoy en Italia, quiero ser lo más italiano posible. Recoger naranjas del árbol, ir en bicicleta por el campo, preparar comidas en la cocina, hablar con gente desconocida en mi terrible italiano. Me gusta transportarme a una cultura completamente diferente», cuenta.

Encontrar la ubicación correcta

Los Barretts visitan regularmente Italia. En la foto (izquierda) están en la Fontana di Trevi en 1987, y en la derecha en Amantea en 2019.
(Cortesía de Michael Barrett)

Así que, una vez descartados los lugares con mayor presencia de expatriados, como la Toscana, en enero de 2020 empezaron a navegar por internet en busca de lugares que pudieran satisfacer sus necesidades y en los que pudieran encontrar algo dentro de su rango de precios, entre € 75.000 y € 200.000 (entre US$ 88.000 y US$ 236.000).

Empezaron a hacer planes para volar a Italia en abril o mayo de 2020, con la esperanza de que para entonces tendrían una lista de propiedades para ver.

Sin embargo, como su hija estaba en Bruselas trabajando para Pfizer, fue más evidente para ellos que para muchos otros que ese viaje podía no suceder.

«Nuestros planes de compra de vivienda estaban en peligro, pero yo disfrutaba de mis actividades de búsqueda en internet», dice Barrett.

Así que la pareja siguió buscando.

«Encontramos un par de propiedades que podrían haber funcionado en los alrededores de los lagos de la frontera entre el Lacio y la Toscana, pero como no habíamos estado allí, no podíamos visualizarnos felices», dice.

En cambio, empezaron a buscar en la región de los lagos del norte de Italia, a poca distancia de Milán y sus dos aeropuertos internacionales.

Y aunque Como y los lugares clásicos quedaban fuera de su presupuesto, no pudieron evitar ver que la parte sur del lago Maggiore (conocido en español como lago Mayor), ubicado al oeste de Como, en la frontera con Suiza, tenía propiedades que cumplían los requisitos.

Estaba a poco más de una hora en coche de Milán, a media hora del aeropuerto de Malpensa —que podía llevarlos por toda Europa, así como de vuelta a casa— y tenían los Alpes a la vuelta de la esquina.

De hecho, le recordaba a su casa actual, en el lago de Ginebra (Wisconsin), a poca distancia de Chicago y del aeropuerto de O’ Hare, pero con una vida relajada a orillas del lago, donde podían mantener su barco en el agua.

Además, mientras que Como tiene un «paseo marítimo congestionado» y colinas pronunciadas a sus espaldas, Barrett afirma que Maggiore tiene menos pendiente, lo que significa más espacio para construir.

«Nos centramos rápidamente en Maggiore. Seguimos mirando otros listados, pero volvíamos a Maggiore semana tras semana porque se ajustaba a nuestras necesidades».

Solo había un problema: aunque ya habían visitado la región de los lagos y habían estado en Como, ni Michael ni Aida habían estado nunca en Maggiore.

Comprar una casa en Italia… por internet

La pareja quería estar a poca distancia de una gran ciudad, y elegieron Milán. (Crédito: Piero Cruciatti/AFP/Getty Images)

¿Cómo se compra una casa en un lugar en el que nunca se ha estado, durante un confinamiento mundial?

Para los Barrett fue sencillo: bastaba con involucrar a un tercero.

Cuando sus peticiones a los agentes inmobiliarios sobre el terreno no obtuvieron respuesta, se pusieron en contacto con el corredor de bienes raíces Sean Carlos, que trabaja entre Milán y la Toscana.

Le contaron su plan: elaborarían una lista de propiedades y él iría a visitarlas y los llevaría a recorrerlas virtualmente. Para las que les interesaran, encargarían un informe a un arquitecto. Y si querían comprar, Carlos sería la pieza clave.

¿Dónde lo encontraron? En un grupo de Facebook. Puede que esto te resulte extraño, pero los Barrett son muy prácticos al respecto.

«Cuando hablé con él me di cuenta de que no solo era yo quien lo entrevistaba, sino que él me estaba entrevistando a mí, y eso me hizo sentir más cómodo», dice Michael Barrett. “Hablamos de nuestra historia familiar: que mi mujer se había graduado en la universidad de Roma, mi hija en la de Milán. Me examinó en la misma medida en que yo le examiné a él, y creo que, si hubiera parecido un novato, habría dicho que no».

Carlos lo confirma.

«Tengo que ser cuidadoso con la gente con la que trabajo, así que hago muchas preguntas al principio para ver en qué punto del proceso de pensamiento se encuentran, y si solo están echando un vistazo», dice.

«El hecho de que la esposa de Michael fuera italiana y de que él hubiera pasado mucho tiempo en este país significaba que su nivel de conocimientos era mucho mayor al de muchos extranjeros que tal vez hayan vacacionado aquí un par de veces», explica.

Así que aceptó tomarlos como sus primeros compradores a distancia.

Por supuesto, en ese entonces no se dieron cuenta de lo remoto que sería: los Barrett pensaron que su hija podría volar desde Bélgica para firmar. Pero no fue así.

‘Como hacer una reserva de Airbnb’

La pareja también buscó en Lesa, pero rápidamente supieron que no era para ellos. (Crédito: Shutterstock)

De marzo a mayo del año pasado, Michael y Aida buscaron posibles casas en Internet.

«Decidir la ubicación era casi el mismo proceso que habíamos utilizado durante nuestras vacaciones en Italia: comprobábamos los servicios locales y mirábamos el transporte y el clima, y veíamos cómo sería la vida local, incluyendo las oportunidades para hacer compras», dice Barrett.

Establecieron una cadena: encontraban listados de casas potenciales y se los pasaban a Carlos, que hacía su propia investigación.

«Si la propiedad valía la pena, se ponía en contacto con el agente local del vendedor y obtenía información adicional», explica Barrett.

«Sean era muy bueno llenando los espacios en blanco en términos de tener un proceso virtual completo. La compra de casas transatlántica se convirtió en un proceso similar al de hacer una reserva en Airbnb, solo que lo que estaba en juego era mucho más importante», dice.

Barrett, gerente de producto que realiza ventas internacionales en su trabajo diario, se tomó el proceso con calma.

Finalmente, encontraron un lugar que les pareció adecuado. Estaba en Lesa, en la parte occidental del Piamonte del lago Maggiore, e incluso tenía vistas al lago desde el último piso. Pero en una visita en video con Carlos, quedó claro que estaba en mucho peor estado de lo que sugerían las fotos (viejas). «A mitad de la visita por video decidí que no era buena», dice Barrett.

La casa en Meina. (Cortesía de Emanuele Monti)

Así que pasaron a la siguiente. A ocho kilómetros al sur de Lesa estaba Meina, otro pueblo junto al lago. Aquí, un bonito arco de piedra rematado por arbustos conducía a un camino con casas pintadas de color limón a ambos lados, una de las cuales estaba en venta.

Era una casa de tres plantas de principios del siglo XX con tres dormitorios y tres baños. Se abría a un patio compartido con las casas cercanas, que ofrecía privacidad y espacio para estacionar.

No tardaron en encargar el informe de un arquitecto. Estaba en buen estado, escribió, y había sido habitada hasta hace poco por una pareja de ancianos. Solo necesitaba un retoque, ya que había sido renovada por última vez en la década de 1990. Una visita virtual lo confirmó: puede que estén a casi 8.000 kilómetros de distancia, pero les gustó. Hicieron una oferta: € 75.000 (US$ 88.000). Los propietarios hicieron una contraoferta: € 85.000 (US$ 100.000). Aceptaron.

«Compramos basándonos totalmente en la información del reporte del arquitecto», admite Barrett.

«Esto puede ser menos romántico que enamorarse de una propiedad durante las vacaciones. Sin embargo, hace posible que un profesional local altamente calificado detalle la propiedad desde un punto de vista técnico. No solo evalúa los detalles que la mayoría de los compradores de viviendas pasan por alto, sino que planifica las futuras renovaciones. Casi me dio ansiedad, fue muy fácil», explica.

Firmar sobre la línea punteada

Así que habían encontrado a la elegida. Lo siguiente: cómo completar la venta. Era julio, y todavía no había forma de que los Barrett pudieran volar desde Estados Unidos.

Acordaron que su hija conduciría desde Bruselas, inspeccionaría la casa para sus padres y luego firmaría las escrituras, utilizando un poder notarial. Pero para cuando lograron sortear las largas vacaciones de verano en Italia y la falta de respuesta de un notario, era finales de octubre y la segunda ola de la pandemia estaba cobrando fuerza en Italia. Programaron el viaje para principios de noviembre y luego lo cancelaron. Los Barrett no querían poner en riesgo a su hija.

La casa necesita algunas renovaciones, pero tiene buenos cimientos. (Cortesía de Emanuele Monti)

Pero no podían comprar la casa sin que un apoderado firmara las escrituras por ellos.

Y entonces entró en escena el caballero de la armadura brillante, y mucha más confianza.

Encuentro clave

A la pareja le gustó especialmente un árbol que crece encima de un arco. (Cortesía de Emanuele Monti)

¿Alguna vez has conocido a alguien en las redes sociales y se ha convertido en un gran amigo sin haberse conocido en persona?

Nos ha pasado a muchos durante la pandemia, y el caso de Michael Barrett no es diferente.

Barret, aficionado al ciclismo, es miembro de varios grupos de ese tema en Facebook, y allá por el verano de 2020 se fijó en unas fotos de un paseo en bici por el lago Como, publicadas por un tal Doug Ritter.

«Me pregunté qué hacía un estadounidense en Italia en este momento. Sentí curiosidad y frustración —me encanta dar largos paseos en bicicleta durante las vacaciones— y le envié un mensaje privado diciendo: ‘Me gustó mucho tu publicación, debes ser residente'», cuenta.

Los ciclistas, considera, se entienden. «Hay que confiar en ellos: si giran o se detienen rápidamente, todos chocan con el asfalto a 30 km/h».

Y así, tras unos meses charlando sobre Italia (Ritter vive en Milán) y el ciclismo, se le ocurrió una idea. ¿Y si Doug actuaba como su representante?

No se lo tomaron a la ligera. Aunque estaban comprando la propiedad en efectivo, ese efectivo era, según Barrett, «una gran fracción de nuestros ahorros para la jubilación: la pérdida del dinero o cualquier fraude inmobiliario habrían sido catastróficos».

Pero por su experiencia hasta el momento, confiaba en Carlos. Y su intuición de ciclista le hacía confiar también en Ritter.

Además, señala, no estaba transfiriendo el dinero a ninguno de ellos. Iba directamente a los propietarios a través del notario.

¿Otro punto a favor? Ritter había comprado dos propiedades en el norte de Italia en los últimos tres años. Sabía qué buscar… y en qué fijarse.

Y así fue como los Barrett acabaron pidiendo a un hombre al que no conocían que firmara las escrituras de una casa que no habían visto nunca, que les había enseñado prácticamente otro completo desconocido, en un proceso supervisado por el notario al que tampoco conocían.

El momento de la verdad

Michael y Aida Barrett en Como, en 2014. (Cortesía de Michael Barrett)

El 2 de diciembre, fecha fijada para la entrega, hubo una tormenta sobre el lago Maggiore. Ritter llegó y se encontró con que la casa había sido azotada por la lluvia y la nieve. Eso, dice Barrett, resultó ser un punto a favor: significaba que, si hubiera habido algún problema de filtraciones, habría aparecido.

«Le pedí que recorriera el lugar una hora antes y le dije que, si creía que era un desastre, no tenía que dar explicaciones, simplemente se iba», dice Barrett.

«Dijeron que era un buen punto de partida, que era una casa encantadora, que necesitaba trabajo, pero que era impermeable y resistente a la intemperie. Y dijeron que el pueblo era fabuloso», cuenta.

Ellos —o, mejor dicho, Ritter— firmaron sobre la línea de puntos.

El inmueble necesita reparaciones. Los Barrett están trabajando con el arquitecto Emanuele Monti, quien elaboró el informe inicial, para eliminar uno de los tres baños y mejorar toda la casa, añadiendo aislamiento y recableado, y posteriormente redecorando.

Pero gracias al plan de «superbonificación», que reactiva la economía italiana, pueden solicitar exenciones fiscales por las obras, de modo que acabarán gastando € 22.000 (US$ 26.000 dólares) por una obra de € 97.000 (US$ 114.000).

«Ahora nos sentimos inteligentes», dice Barrett.

Creen que las obras tardarán un tiempo en completarse, pero esperan poder hacer habitable rápidamente uno de los tres niveles para poder quedarse allí dentro de poco.

El peor escenario

Uno de los dormitorios que necesita una revisión. (Cortesía de Emanuele Monti)

Han pasado casi cuatro meses desde que Michael y Aida Barrett compraron la casa en la que piensan pasar su jubilación. Y todavía no la han visto. Esperan llegar allí cuando se hayan vacunado y se hayan relajado las restricciones para viajar.

¿Y qué pasa si, cuando llegan, no les gusta?

Resulta que ya lo han discutido.

«El peor escenario es que no nos guste», dice Michael Barrett.

«Entonces, ¿qué haríamos? Bueno, tendríamos un lugar donde vivir mientras buscamos una alternativa, lo cual está bien. Y luego lo alquilaríamos… creo que se alquilaría con bastante facilidad, así que hay un plan B si no nos gusta», explica.

Por supuesto, esperan que el plan A —vivir en ella para siempre— prevalezca.

«Estamos seguros al 90% de que es el indicado, solo porque nuestras expectativas son bastante modestas», dice.

«En este rango de precios normalmente se encuentra algo con uno o dos dormitorios, o con una arquitectura de concreto, así que nuestra elección fue algo más nuevo, pero mucho más austero. Sabíamos que esa era la alternativa: algo que no fuera bonito y que no fuera realmente italiano. Esto es mejor, al mismo precio. Nos gusta la idea del patio, el arco con el árbol que sale de él», explica.

«Podríamos equivocarnos, pero creemos que lo logramos».

Barrett, con el respaldo de Sean Carlos, el corredor de bienes raíces, dice que lo que hicieron no es para todos. Si quieres saber cómo cae la luz a cierta hora del día, o quieres sentir la casa, no vas a comprar a distancia. «No creo que lo que hicimos sustituya la compra en persona», dice. Además, los Barrett consultaron a un amigo milanés durante todo el proceso, y por supuesto que Aida y su hija hablan italiano con fluidez.

Aun así, dice que recomendaría a todo el mundo un híbrido de lo que ellos hicieron.

«Diría que el 70% del trabajo es la búsqueda en internet, y recomendaría contactar a un arquitecto local: tener un segundo par de ojos, alguien que sea de la zona que lo vea», explica.

«Realiza tu investigación por adelantado, y si encuentras algo que realmente te gusta, puedes tomar un avión… para calmar los nervios. Pero hazlo después de haber buscado en internet, de que el arquitecto haya hecho un informe y de que sepas cómo es el clima y la población», dice.

Y aunque lo que hicieron es ciertamente aséptico, cree que es un enfoque mejor que la situación estándar de «enamorarse en vacaciones y comprar en el lugar».

«De hecho, creo que es un desastre que un estadounidense de vacaciones compre una propiedad», dice.

«No sabes lo que estás viendo: te enamoras y lo compras, y esa es una decisión mucho más superficial que la que tomamos nosotros», afirma.