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Fútbol

Cómo la Superliga Europea unió al fútbol contra los adinerados propietarios del juego

Por George Ramsay

(CNN) — Mientras la multitud se reunía en el exterior del estadio del Chelsea, en Stamford Bridge, hubo un momento, casi como cuando se pulsa un interruptor, en el que los abucheos furiosos se convirtieron en ovaciones.

Los aficionados, que actualmente no pueden ver los partidos de la Liga Premier debido a las restricciones impuestas a causa del covid-19, se habían reunido el martes para protestar por la participación del Chelsea en la Superliga Europea, antes de que el equipo empatara a cero con el Brighton.

Al tiempo que se producían las protestas, se anunció la noticia de que el club se retiraría de la liga independiente, la cual ha sido recibida con una feroz reprobación en todo el fútbol y fuera de él.

Pronto, los seis participantes ingleses de la Superliga siguieron su ejemplo y se retiraron de la competición. Apenas 48 horas después de su anuncio, el proyecto se desmoronaba.

El Arsenal fue el que más reconoció el papel crucial que habían desempeñado los aficionados para presionar al club a retirarse.

«Los últimos días nos han demostrado una vez más la profundidad del sentimiento de nuestros seguidores en todo el mundo por este gran club y el juego que amamos», comenzaba una carta abierta de la directiva del Arsenal. «No necesitábamos que nos lo recordaran, pero la respuesta de los seguidores en los últimos días nos ha dado tiempo para reflexionar y pensar profundamente».

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Al tratar de hacer más lucrativo el fútbol europeo a expensas del drama competitivo, ya que 15 clubes serían inmunes al descenso en la Superliga, el concepto llevó al fútbol a un lugar al que la comunidad deportiva en general no quería que fuera.

protestas Superliga

Los aficionados protestan contra la Superliga Europea frente a Stamford Bridge.

Los aficionados, los jugadores, los expertos y los políticos, sin olvidar a los clubes rivales y a los órganos de gobierno del fútbol, reaccionaron de forma contundente ante la Superliga.

Mientras los hinchas salían a la calle con pancartas fuera de los estadios, los jugadores –dentro de los recintos– organizaban sus propias protestas con camisetas y entrevistas después de los partidos.

El martes, los jugadores del Liverpool, uno de los 12 clubes que se inscribieron inicialmente en la exclusiva competición, acudieron a las redes sociales: «No nos gusta y no queremos que ocurra», fue el mensaje colectivo, aunque no mencionaron explícitamente la Superliga.

Su entrenador, Jürgen Klopp, había compartido sus propias reservas el día anterior, mientras que Pep Guardiola, el homólogo de Klopp en el Manchester City, arremetió contra la forma en que «cada uno piensa en sí mismo» en la cima del juego.

Las cadenas de televisión, como Amazon y BT, se distanciaron de la Superliga, al igual que algunas de las principales figuras de la televisión:

«Si realmente sucede, nunca trabajaré en esta Superliga Europea», tuiteó el presentador de la BBC y BT Gary Lineker.

Respuesta de los políticos

Ante la desaprobación prácticamente unánime de la comunidad futbolística, los políticos se pronunciaron al respecto.

El Primer Ministro de Gran Bretaña, Boris Johnson, dijo que las autoridades deportivas tendrían el «pleno respaldo» de su gobierno para tomar medidas contra los planes de la Superliga, mientras que el líder de la oposición, Keir Starmer, calificó la retirada de los clubes como un «momento decisivo» para el fútbol.

El fiasco de la Superliga no solo ha demostrado el poder que ejercen los ricos propietarios de los principales clubes europeos, sino también que los aficionados al fútbol y las partes interesadas pueden recuperar parte de ese poder.

También ha habido resistencia por parte de algunos propietarios de clubes. El presidente y director general del París Saint-Germain, Nasser Al-Khelaifi, instó al fútbol a no olvidar a sus aficionados cuando prometió lealtad a las competiciones europeas de la UEFA, y el Bayern de Múnich, que derrotó al PSG en la final de la Liga de Campeones del año pasado, también rechazó la Superliga.

El Bayern y otros clubes de Alemania se rigen por la norma de propiedad 50+1, lo que significa que los socios y los aficionados tienen la mayoría de las participaciones en la propiedad, en lugar de los socios comerciales.

Pero lo que se ha puesto de manifiesto es cómo el juego equilibra las intenciones de los propietarios de los clubes con los deseos de los aficionados, una cuestión permanente y existencial para el fútbol.

El lunes, el Gobierno británico anunció una revisión del deporte liderada por los aficionados tras el lanzamiento de la Superliga, que califica de «examen de raíz del fútbol en este país».

«El fútbol tiene que tomarse a sus aficionados increíblemente en serio y si actúan en contra de ellos es por su cuenta y riesgo. Creo que es una lección aprendida que ayudará a mejorar la situación en el futuro», dijo el ministro de Deportes del Reino Unido, Nigel Huddleston, a Christina Macfarlane,  de CNN Sport.

Huddleston añadió que la revisión «presentará toda una serie de recomendaciones sobre la gobernanza del fútbol y también sobre el flujo de dinero en el fútbol. Veremos cuáles son esas recomendaciones y esperamos que también nos ayuden a tener una base más sólida».
Entre los posibles resultados de la revisión podría estar la introducción de un regulador independiente del fútbol profesional en el Reino Unido.

«Se ha hablado de ello durante algunos años, no lo descartamos», añadió Huddleston.

«Definitivamente hay problemas con ello en términos de alcance de las responsabilidades. Sospecho que la idea de un regulador no sería bien recibida por algunas de las autoridades futbolísticas, que creen que probablemente deberían hacerlo ellas mismas».

«Pero hemos visto demasiados fallos y demasiados problemas en el fútbol inglés en los últimos años».

Movilización ¿por dinero sí, por racismo no?

La Superliga y la cuestión de la propiedad en la cúpula del fútbol han unido y movilizado a la comunidad futbolística en general de una manera única, a diferencia de otros asuntos que afligen al juego.

Cuando se le pidió su opinión sobre la Superliga a principios de esta semana, el delantero del Leeds, Patrick Bamford, se preguntó por qué los responsables del fútbol están dispuestos a tomar medidas drásticas cuando las finanzas del fútbol están en juego, pero no contra el racismo.

El West Ham, uno de los clubes que podría haber perdido la oportunidad de enfrentarse a los mejores equipos de Europa con la introducción de la Superliga, tuiteó el martes que es hora de «volver a centrarse en lo que es importante y permanecer juntos para demostrar que no hay lugar para el racismo».

El anuncio de la Superliga también ha provocado insultos racistas hacia los propietarios de los clubes en las redes sociales, según la organización Campaign Against Antisemitism (Campaña contra el antisemitismo), que ha identificado tuits «que apelan a los tropos clásicos de la avaricia, el parasitismo y el control judío, así como referencias al Holocausto.»

«Ninguna controversia, por muy grandes que sean las pasiones que despierte, puede justificar el horrendo abuso antisemita proferido por algunos usuarios de Twitter hacia los clubes de fútbol y sus propietarios», dijo un portavoz de Campaign Against Antisemitism.

Cuando CNN se puso en contacto con un portavoz de Twitter para informarle sobre los mensajes antisemitas, este dijo: «Mantener la seguridad de la gente en Twitter es una prioridad para nosotros. Tenemos políticas claras, que se aplican a todo el mundo, en todas partes, que abordan las amenazas de violencia, el abuso y el acoso y la conducta de odio, y tomamos medidas cuando identificamos cuentas que violan estas normas».

Twitter también dijo que se han tomado medidas contra los tuits a los que se hace referencia en el informe por violar la política de conducta de odio de la compañía.

El poder no es el único problema

El equilibrio de poder entre los «grandes clubes» de Europa y los órganos de gobierno del deporte es un problema que no va a desaparecer pronto, pero no es ni mucho menos el único problema que aqueja al deporte.

Hay muchos otros que persisten desde hace años, como el nivel de inversión en el fútbol femenino y la forma en que se toman las decisiones para organizar los principales torneos, como la Copa del Mundo.

El mes pasado, por ejemplo, los equipos internacionales aprovecharon la oportunidad para poner de manifiesto el trato que reciben los trabajadores inmigrantes en Qatar durante los partidos de clasificación para el Mundial de 2022.

A finales de 2019, Nasser Al-Khater, director ejecutivo del Comité Organizador de la Copa del Mundo de 2022 de Qatar, dijo a CNN que la nación había sido «juzgada por el tribunal de la percepción muy pronto.»

«¿Se trató a Qatar injustamente? Sí, en mi opinión, mucho», dijo Al Khater.

Sin embargo, a poco más de un año de la celebración del torneo, es poco probable que los partidos de clasificación del mes pasado sean la última vez que el historial de derechos humanos de Qatar se ponga bajo el microscopio. Si los acontecimientos que rodean a la Superliga nos han enseñado algo, es que los mayores catalizadores del cambio en el fútbol pueden encontrarse dentro del propio juego.