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Donald Trump

Donald Trump

“No es una transición fácil”: así han sido los primeros meses de Trump tras la presidencia

Por Gabby Orr

Palm Beach, Florida (CNN) — La mayoría de los lunes y martes, el expresidente Donald Trump omite el golf para conversar con sus asistentes sobre la semana que está por venir.

Juntos deciden con qué candidatos republicanos se reunirá en su oficina —una suite nupcial adaptada sobre el salón de baile de 1.858 metros cuadrados del resort Mar-a-Lago— y si es que merecen su apoyo. A menudo, pedirá actualizaciones sobre su Comité de Acción Política (PAC, por sus siglas en inglés) y su operación política o bien, pasará horas charlando por teléfono con un grupo de viejos amigos.

Lejos de una jubilación convencional tras concluir su tiempo en la Casa Blanca, los primeros 100 días de Trump fuera del cargo muestran a un hombre que ha preferido trazar el próximo capítulo de su carrera política a planificar su biblioteca presidencial, reclutando a republicanos alineados políticamente con MAGA para escribir sus memorias pospresidenciales. Mientras sus predecesores se desvincularon de la política después de dejar el cargo, Trump ha convertido la misma guerra política que definió su presidencia en un pasatiempo de jubilación de tiempo completo, ya que considera regresar al centro de atención por medio de una posible candidatura presidencial en 2024.

“No cumplió las reglas como presidente y ciertamente no lo hará como expresidente”, dijo el CEO de Newsmax y amigo de Trump desde hace mucho tiempo, Chris Ruddy.

Más de una docena de asesores, confidentes y aliados de Trump que hablaron con CNN —muchos de los cuales hablaron bajo anonimato para discutir con franqueza su pospresidencia— dicen que el expresidente, quien sigue amargado por su derrota en las elecciones de 2020, ha disfrutado su estatus como hacedor de reyes republicanos disfrutando su capacidad para alterar carreras o elevar las figuras pro-Trump contra los disidentes dentro del partido. Otros señalaron que anhela regresar a la Casa Blanca y afirmaron que sus esfuerzos por construir una máquina política pospresidencial están dirigidos principalmente a apoyar ese objetivo.

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La mayoría de los días de la semana, Trump inicia a las 9:00 a.m. en su campo de golf, ubicado a 15 minutos de su casa. Por lo general juega 18 hoyos, pero a veces se queda durante los 27 hoyos del campo, seguido de un relajado almuerzo en su club con un elenco rotativo de amigos. Estos días, dicen sus amigos, evita el buffet.

Luego, Trump realiza entrevistas con los candidatos o reuniones con su personal en su resort frente al mar hasta las 7:30 p.m., antes de reunirse con su esposa Melania para cenar en la bulliciosa terraza de Mar-a-Lago.

En las últimas semanas, la pareja cenó con el expresidente de la Cámara de Representantes Newt Gingrich y su esposa, Callista, quien se desempeñó como embajadora de Estados Unidos ante la Santa Sede durante la administración de Trump, y la exconsejera de la Casa Blanca Kellyanne Conway, quien continúa siendo una amiga cercana.

“En este momento, está haciendo un muy buen trabajo manteniendo su movimiento, en caso decida postularse”, dijo Gingrich.

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“No es una transición fácil”

Trump tardó varias semanas en adaptarse a su vida posterior a la Casa Blanca.

Debido a que se había negado a aceptar su derrota ante el presidente Joe Biden, quien obtuvo la victoria de las elecciones en noviembre con 306 votos frente a los 232 de Trump en el Colegio Electoral, se había planeado muy poco para preparar su lujoso resort en el sur de Florida para su llegada.

Durante sus primeras semanas en el trabajo, un pequeño equipo de ayudantes pagados por la Administración de Servicios Generales (GSA, por sus siglas en inglés) supervisaron su transición desde una villa dentro del complejo sin teléfonos de oficina, computadoras o escritorios.

Formalmente, a Trump se le permitió seleccionar el modesto equipo cuyos salarios son pagados habitualmente por la GSA de acuerdo con la Ley de expresidentes.

Pero casi de inmediato, Trump invitó a una variedad de otros asesores para supervisar la construcción de su nueva operación política —una que esperaba protegería su rango como líder de facto del partido republicano y prestaría apoyo a los aliados en postulaciones locales, estatales y federales que podrían ayudar a avanzar su agenda. Entre ellos se encontraba el abogado de campaña de Trump Justin Clark y el abogado Alex Cannon, los exgerentes de campaña de Trump Bill Stepien y Brad Parscale, el asesor principal Jason Miller, el exdirector de redes sociales de la Casa Blanca Dan Scavino y sus aliados de mucho tiempo Corey Lewandowski y Dave Bossie.

Mientras que los parásitos de la campaña de reelección de Trump comenzaron a afinar su equipo post Casa Blanca —incluyendo a Save America, un PAC creado el año pasado que le ha permitido respaldar a candidatos para cargos públicos y un súper PAC separado dirigido por Lewandowski— el expresidente reanudó su acercamiento a otros dentro de su órbita.

Personas familiarizadas con estas interacciones dijeron que Trump ha llamado regularmente a Conway, la exfiscal general de Florida Pam Bondi, el exjefe de gabinete de la Casa Blanca Mark Meadows, al senador Lindsey Graham de Carolina del Sur y a Rand Paul de Kentucky, y al representante Jim Jordan de Ohio por mensajes y consejos políticos o para quejarse de Biden y los líderes demócratas. Y cuando los asesores externos le advirtieron en marzo que su operación pospresidencial —en particular sus métodos para examinar las aprobaciones de los candidatos— parecía desorganizada, Trump atrajo a otra aliada de mucho tiempo, la estratega republicana de Florida Susie Wiles con el fin de poner orden.

Una persona cercana a Trump, quien recibió múltiples llamadas sobre el descontento del expresidente en sus primeras semanas fuera del cargo, dijo que le tomó varias semanas superar el aislamiento que sintió después de que cientos de sus partidarios irrumpieron en el Capitolio de Estados Unidos el 6 de enero y lo empujaron al exilio político.

Después de llegar a Mar-a-Lago, tras despedirse discretamente en la Base Conjunta Andrews en la mañana de la toma de posesión de Biden, esta persona dijo que Trump habló sobre la formación de un tercer partido y se quejó de los republicanos, como del líder de la minoría de la Cámara de Representantes Kevin McCarthy de California, e indicó que no podía esperar para deshacerse de él —señaló que su enfoque estaba en el pasado, no en el futuro, lo que contribuyó al caos inicial en su operación pospresidencial.

“La mayoría de la gente saldría de la Casa Blanca aliviada de que se les quitara el peso del mundo de encima, pero para él era una realidad que le tomó mucho tiempo acostumbrarse. Esas primeras semanas, no es una transición fácil”, dijo la persona cercana a Trump.

Construyendo su imperio

A mediados de febrero, Trump —convencido por sus asesores y líderes del partido republicano de que su enfoque inmediato en el 2022 debería seguir siendo la venganza hacia los gobernadores republicanos que votaron para acusarlo o desestimar su farsa de fraude electoral— comenzó a discutir el apoyo a los candidatos con su equipo.

El expresidente ya tenía una larga lista de posibles rivales primarios para enfrentarse a sus enemigos dentro del partido, pero en privado estaba haciendo llamadas para reclutar a más.

En Georgia, animó al representante republicano Jody Hice para destituir al secretario de estado Brad Raffensperger, quien rechazó repetidamente las infundadas afirmaciones de Trump de fraude electoral en el estado, y actualmente está cooperando con los investigadores estatales mientras investigan una llamada telefónica realizada el 2 de enero en el que el entonces presidente Trump le pidió a Raffensberger encontrar los votos necesarios para ganar el estado.

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En Ohio —en donde Trump aún no ha otorgado su bendición a uno de los varios candidatos que se postulan para ocupar el cargo del senador republicano Rob Portman— el expresidente supuestamente entrevistó a cuatro de los contendientes en su club de golf de Palm Beach antes de una recaudación de fondos que ocurrió el mes pasado.

Los asesores dicen que Trump todavía está buscando a un candidato para la postulación a gobernador de Georgia para las elecciones intermedias de 2022, debido a su insatisfacción con el manejo de resultados de las elecciones de 2020 por parte del gobernador republicano Brian Kemp.

También señalan que está investigando a los rivales de la senadora Lisa Murkowski de Alaska, la única republicana del Senado que enfrentará la reelección el próximo otoño y quién votó para condenarlo después de su segundo juicio político que se llevó a cabo este año. Trump tiene planes de enfocarse en los 10 republicanos de la Cámara que votaron para acusarlo, quienes esperan conservar sus escaños en las próximas elecciones.

Ocasionalmente, Trump ha invitado a los candidatos a reunirse con él en Mar-a-Lago, a quienes no tiene la intención de respaldar. Un asistente de Trump dijo que disfruta de los elogios generosos y con frecuencia alardea a los invitados del club sobre el peso de su apoyo. De manera similar, ha recibido a republicanos que comparten sus falsas afirmaciones sobre la insurrección del 6 de enero, mismos que esperan recibir su apoyo.

La semana pasada, por ejemplo, Trump se reunió con la representante Claudia Tenney, una republicana de Nueva York que falsamente ha afirmado que muchos de los insurrectos que saquearon los pasillos del Congreso “probablemente nunca fueron gente de Trump”.

El próximo mes, estas proverbiales peregrinaciones a Mar-a-Lago terminarán cuando Trump abandone el caluroso verano de Florida para mudarse a su club de golf en Bedminster, Nueva Jersey. Esto ha frustrado a algunos aliados que ven a su resort en Florida como un punto de acceso ideal para los donantes republicanos adinerados del área —incluyendo al exsecretario de Comercio Wilbur Ross, a quien exasesores de Trump que comenzaron sus propios equipos políticos le han solicitado apoyo financiero— y quienes están cautelosos de los viejos amigos que Trump verá durante su estancia en el norte.

“Muchos de sus ayudantes y aliados pensaron que Florida iba a ser el centro de la Tierra durante los próximos dos años, y ahora está listo”, dijo un exfuncionario de alto rango de la administración. «Su club de Bedminster está mucho más unido, y nunca se sabe quién va a aparecer».

Personas familiarizadas con sus planes, dijeron que Trump continuará organizando reuniones de Bedminster, donde realizó muchas de sus entrevistas para puestos en el gabinete durante la transición presidencial de 2016 y donde las salas de conferencias y el espacio de oficinas son capaces de crear un entorno más propicio para su planeación pospresidencial. El lugar en Nueva Jersey también servirá como dar largas entrevistas en las que Trump es el tema, esto mientras continúa reuniéndose con periodistas que están escribiendo libros sobre su presidencia y que ya completaron su primera ronda en Mar-a-Lago.

“Nuestra expectativa es que los eventos de recaudación de fondos y las reuniones continúen sin interrupciones. Probablemente él querrá recibir gente en su sala de estar en la cabaña de Bedminster”, dijo una persona cercana a la operación de Trump.

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Decidir lo que le depara el futuro

Algunos aliados de Trump esperan que este verano brinde claridad sobre las ambiciones del expresidente para 2024 y sus planes para ayudar a los candidatos que ya haya respaldado, o a quienes planea respaldar, esto antes de las elecciones intermedias de noviembre de 2020.

Trump se ha mostrado tímido acerca de su deseo de buscar un segundo mandato —negándose a descartar una candidatura o comprometerse a postularse— al mismo tiempo que promete a los republicanos que son vistos como fuertes contendientes para la nominación del partido. En una aparición en «The Truth with Lisa Boothe» el 22 de marzo, Trump dijo que el partido republicano tiene “un banco bastante profundo” de posibles contendientes y llegó tan lejos como para verificar el hombre del gobernador de Florida Ron DeSantis, a la gobernadora de Dakota del Sur Kristi Noem y al senador Josh Hawley de Missouri.

Su postura evasiva ha frustrado a algunos aliados, a quienes les preocupa que esté desperdiciando la oportunidad de tomar control del partido republicano desde el principio y abriendo la puerta a otros aspirantes a la presidencia para forjar relaciones con sus partidarios.

“Es importante tener un ejercicio de limpieza de campo más temprano que tarde si se va a postular, de lo contrario, algunos de estos otros muchachos comenzarán a cobrar impulso”, dijo el exfuncionario de la administración.

De hecho, algunos supuestos contendientes de 2024 han estado sentando las bases para sus propias potenciales campañas con apariciones en estados que jugarán un papel crítico en las elecciones primarias presidenciales republicanas y en las elecciones generales: el exvicepresidente Mike Pence ofrecerá su primer discurso público, desde que dejó el cargo, esta semana en Carolina del Sur.

El mes pasado, el exsecretario de Estado Mike Pompeo, quien visitó Iowa en marzo, también apareció virtualmente en una recaudación de fondos para los republicanos de New Hampshire. Y tanto DeSantis como la exembajadora de Estados Unidos ante las Naciones Unidas, Nikki Haley, deberán presentarse en Pensilvania e Iowa, respectivamente, en los próximos dos meses. Rick Scott de Florida, Tom Cotton de Arkansas y Tim Scott de Carolina del Sur también han hecho paradas recientes en Iowa —o planean hacerlo en los próximos meses— alimentando especulaciones sobre sus ambiciones presidenciales.

Otros aliados de Trump lo han instado a afinar su mensaje pospresidencial, el cual ha presentado ataques despiadados contra líderes del partido republicano y titulares de cargos dentro del partido republicano, y solo recientemente ha derivado en críticas regulares hacia la administración de Biden. Dicen que es poco probable que la estrategia impulsada por venganza, la cual ha implementado hasta ahora, sea útil a largo plazo e ignora lo que ven como oportunidades para apuntar a Biden y a los líderes demócratas sobre temas como inmigración, impuestos y políticas de identidad.

“Creo que el radicalismo de los demócratas se recuperará enormemente en beneficio de Trump y sería mejor que se concentrara en los demócratas. Tiene suficientes amigos para perseguir a los republicanos desleales”, dijo Gingrich.

“Debería asumir una posición más alta y centrarse en problemas nacionales más importantes y crisis internacionales”, añadió Ruddy, director ejecutivo de Newsmax.

Si bien los asesores dicen que Trump recientemente ha prestado más atención a la agenda y a las decisiones políticas de Biden, la semana pasada emitió un comunicado criticando el cronograma de Biden para retirar a las tropas estadounidenses de Afganistán y le dijo a Sean Hannity de Fox News que el aumento de migrantes que cruzan la frontera entre Estados Unidos y México podría “destruir nuestro país” —el enfoque del expresidente sigue siendo principalmente el mismo.

“Odia estar fuera del bloque A”, dijo una persona cercana a Trump, usando un término que se refiere al segmento principal en un programa de noticias por cable. “Realmente está pensando en postularse de nuevo en 2024 solo para volver a eso”.

La persona cercana a la operación de Trump dijo que si bien su consumo de televisión ha disminuido desde que dejó el cargo —consecuencia de ya no estar rodeado por los televisores de la Oficina Oval o a bordo del Air Force One— todavía lee The New York Times, el Wall Street Journal y el New York Post cada mañana y regularmente comparte con sus ayudantes y asesores los artículos que hablan sobre sus logros o políticas.

Y cuando surge una historia poco halagadora, se apresura a levantar el teléfono para quejarse con sus amigos.

“Por lo general llama cuando hay algunas encuestas negativas que dicen algo sobre él o que siente que están fuera de control”, dijo el encuestador de Trump, John McLaughlin.

Recientemente, Trump ha iniciado discusiones sobre la reanudación de los mítines emblemáticos de MAGA que fortalecieron su naciente movimiento político en 2016 y que continuaron durante su presidencia. Si bien prometió viajar a Alaska para hacer campaña contra Murkowski y dice estar interesado en organizar eventos de campaña para algunos candidatos ya respaldados, los asistentes dijeron que la logística aún no está resuelta, pero que podría reanudar los mítines en mayo.

“Definitivamente será diferente en términos de montaje, pero nos volvimos muy buenos en la planificación de estos eventos en 2020 por lo que probablemente volveremos a utilizar muchos de esos mismos proveedores”, dijo la persona cercana a la operación pospresidencial de Trump.

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La vida después de Washington para el resto de la familia de Trump

Si bien la vida de Trump ha cambiado drásticamente desde que dejó Washington hace tres meses para seguir la siguiente fase de su carrera política, también lo ha hecho la de su familia.

La mayoría de sus hijos adultos, así como su yerno Jard Kushner, se han tomado un descanso de ser el centro de atención para brindar asesoramiento privado a su padre o concentrarse en sus propias familias. Varios asesores de Trump que han pasado los últimos meses viajando entre Washington y Mar-a-Lago dijeron que Ivanka Trump y Kushner, —quienes compraron un lote frente al mar de US$ 30 millones en Miami poco antes de salir de la Casa Blanca— son los más retraídos.

Ivanka Trump quien alguna vez una prolífica participante en redes sociales que con frecuencia publicaba videos de todo, desde el crédito fiscal por hijos hasta campañas de la fuerza laboral y cientos fotografías de sí misma, ha pasado los últimos 100 días en relativo silencio en línea, tal como su padre. Mientras tanto, Kushner ha entrado y salido de la órbita de su suegro mientras se dedica en gran medida a escribir un libro sobre su mandato dentro del ala oeste y la preservación de los tratados de paz en Medio Oriente, los cuales ayudó a negociar durante la presidencia de Trump.

“Quiere pasar todo el tiempo que pueda con su familia después de unos años muy ocupados”, dijo una persona familiarizada con la nueva vida de Ivanka en Miami, y agregó que la hija mayor de Trump sigue siendo una “mamá práctica”.

Lo mismo ocurre con la esposa y exprimera dama de Trump, Melania Trump, cuya vida fuera del ala este ha cambiado mucho o nada. Las personas familiarizadas con sus actividades dicen que continúa haciendo lo que quiere cuando quiere y no está sujeta a las normas de los deberes convencionales posteriores a la primera dama, de la misma manera que se conformó con las tradiciones mientras estuvo en el cargo.

Aunque estableció su propia oficina con al menos tres empleados, lo más que ha salido de ahí parece ser un logotipo estilizado parecido a un sello presidencial. No ha hecho apariciones oficiales desde que dejó Washington ni ha anunciado planes para un libro de memorias, una actividad popular para las exprimeras damas después de la Casa Blanca.

«Ella no tiene presencia en Mar-a-Lago en absoluto. No se mezcla con la gente y rara vez interactúa con el personal de su esposo», dijo una persona cercana a la pareja.

Lo que ha cambiado principalmente para ella, 100 días después de la Casa Blanca, es su entorno. Lejos del extenso complejo de la Casa Blanca, ella y Trump comparten una gran suite de habitaciones en la propiedad de Mar-a-Lago de casi 7 hectáreas, aunque ella mantiene su propia oficina personal. Ella frecuenta el spa —una persona le dijo a CNN que a veces va a recibir tratamientos dos veces al día— y pasa las tardes con el hijo de la pareja, Barron, quien ahora tiene 15 años.

Tres personas familiarizadas con las apariciones de Trump a la hora de la cena dicen que parece “feliz y relajada” cuando la han visto, y que sonríe y saluda mientras otros comensales se levantan de sus asientos para aplaudir su llegada al comedor. A ella le gusta el lenguado de Dover y una Coca-Cola Light sin hielo, y dos personas resaltan que a menudo se le unen sus padres, Viktor y Amalija Knavs, quienes pasan semanas en su propia suite dentro del club de golf en el sur de Florida, el cual funciona como su hogar estacional.

El único pariente de Trump cuya participación en la política aparentemente ha aumentado desde que el expresidente dejó el cargo, es el de su hijo mayor, Donald Trump Jr., quien recientemente compró una casa en Jupiter, Florida, con su novia Kimberly Guilfoyle, y se ha convertido en el asesor de confianza de su padre en estrategia política y respaldo de candidatos.

Trump Jr. y Guilfoyle compraron la casa de 1.000 metros cuadrados en Admiral’s Cove por US$ 9.700 millones y se espera que se muden pronto, según una fuente. La exesposa de Trump, Vanessa Trump, pasa una parte sustancial del año con los cinco hijos de la pareja en Júpiter, que está a 40 minutos en automóvil de Mar-a-Lago. No está claro si Trump Jr., quien recientemente regresó de un viaje de caza en Alaska se convertirá en una presencia regular en el club de golf Bedminster, una vez que el expresidente se mude para el verano. Hasta ahora, se ha mantenido en contacto con su padre principalmente por teléfono, con apariciones ocasionales en su resort en Palm Beach.

Kate Bennett de CNN contribuyó a esta historia.