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Sociedad

OPINIÓN | El asesinato de Sarah Halimi: un caso de impunidad en Francia

Por David Bittan

Nota del editor: David Bittan Obadia es abogado, escritor, analista de temas políticos e internacionales, columnista del diario El Universal de Venezuela y colaborador en otros medios de comunicación. Como conferencista, participó en el Congreso Judío Mundial y fue presidente de la comunidad judía de Venezuela. Su cuenta de Twitter es @davidbittano. Las opiniones expresadas en esta columna son exclusivas del autor. Puedes leer más artículos como este en cnne.com/opinión.

(CNN Español) — El 4 de abril de 2017, Sarah Halimi –una doctora y profesora francesa jubilada, de religión judía– fue brutalmente asaltada, torturada, asesinada y lanzada posteriormente desde el balcón de su residencia, ubicada en un tercer piso en París.

El asesino fue Kobili Traoré es un inmigrante musulmán de Malí. Según varios testigos, el agresor la llamó demonio y gritó «Allahu Akbar”, (esto significa, Alá es grande, en árabe). Tras lanzarla por la ventana gritó: “Una mujer se ha caído por la ventana”, intentó escapar y fue arrestado. Posteriormente, luego de intentar ocultar el crimen, confesó su autoría.

En días pasados la Corte de Casación de Francia dictaminó que había sido un crimen antisemita pero declaró inimputable penalmente al encausado al considerar que su “discernimiento estaba abolido por el consumo de drogas”.

Esa decisión es preocupante porque abre la puerta a que alguien consuma estupefacientes para cometer un crimen y quedar libre. Consumir drogas para cometer un crimen, en cualquier lugar del mundo, es un acto de conciencia pura en su preparación, como un asesinato.

Hay una gran preocupación en la sociedad francesa por el precedente que puede sentar y que alguien se escude en el consumo de drogas para cometer delitos. Inclusive el presidente Emmanuel Macron ha solicitado públicamente una reforma de la ley de irresponsabilidad penal.

Este evento ha desatado una gran indignación y varias protestas pacíficas en varias ciudades del mundo, donde las comunidades judías y la sociedad civil claman por justicia, para evitar que el crimen quede impune y, sobre todo, que un criminal como este pueda disfrutar de esa impunidad.

Ante tan dantesco evento la Justicia quedará muy cuestionada y no puedo dejar de pensar ¿qué habría ocurrido si la asesinada perteneciere a otro grupo religioso o minoría?.

Considero que en este caso no se ha visto una notable protesta de las organizaciones feministas, que luchan por el derecho de las mujeres a una vida libre de violencia y que se solidarizan con mayor vehemencia con eventos similares.

Como abogado litigante que he sido por más de 30 años, entiendo que la sentencia queda definitivamente cuestionada, pues el peritaje forense ha estado dividido en distintas opiniones, según se desprende de lo que la prensa ha revelado del expediente, así como del señalamiento del abogado de la hermana de la víctima, quien expresó en entrevista con Franceinfo: “Algunos consideraron que el discernimiento de Kobili Traoré no fue abolido porque había tomado drogas deliberadamente. Además, no era la primera vez que tenía arrebatos delirantes».

Este ha sido un crimen descarado de odio y una clara muestra del más puro antisemitismo. Hay que reconocer que el máximo tribunal sí reconoció ese carácter, pero al haber inimputabilidad del responsable, no fue castigado. La mayoría musulmana en Francia es la que está llamada a repudiar esta muerte de forma masiva, a colaborar e involucrarse en la lucha contra el antisemitismo y el terrorismo. De lo contrario, según lo veo yo, la islamofobia podría seguir aumentando.

Hoy Sarah Halimi somos todos; no alzar la voz por ella y por su memoria nos convierte en cómplices de la impunidad.

“Lo contrario del amor no es odio, es la indiferencia» – Elie Wiesel