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Cuba

OPINIÓN | Biden deberá dejar de seguir siendo Trump en su política hacia Cuba

Por Jorge Dávila Miguel

Nota del editor: Jorge Dávila Miguel es licenciado en Periodismo desde 1973 y ha mantenido una carrera continuada en su profesión hasta la fecha. Tiene posgrados en Ciencias de la Información Social y Medios de Comunicación Sociales, así como estudios superiores posuniversitarios en Relaciones Internacionales, Economía Política e Historia Latinoamericana. Actualmente, Dávila Miguel es columnista de El Nuevo Herald, en la cadena McClatchy y analista político y columnista en CNN en Español. Los comentarios expresados en esta columna pertenecen exclusivamente al autor. Mira más en cnne.com/opinion

(CNN Español) — Estados Unidos recibirá una derrota diplomática en Naciones Unidas el 23 de junio. Así ha sucedido desde 1992[i] cuando La Habana presentó por primera vez el Proyecto de Resolución contra el bloqueo de Estados Unidos a Cuba que dura ya 29 años en los que solo dos países han votado regularmente en contra: Estados Unidos e Israel. En 2016, bajo la política de compromiso con Cuba del presidente Barack Obama, Estados Unidos incluso se abstuvo de votar en contra junto a Israel. Ese año Cuba tuvo su más flamante victoria, con 191 países condenando el embargo estadounidense.

Pero en 2017 Donald Trump ya era presidente y se convirtió en el más agresivo contra la isla, con la excepción de John F. Kennedy que envió en 1961 a Cuba la fracasada invasión de Bahía de Cochinos. Trump patrocinó 240 medidas contra Cuba, según un reporte de la Oxfam, coronándolas en su última semana cuando volvió a incluirla en la lista de estados patrocinadores del terrorismo. Desde 2017 fue cuesta abajo para Cuba, en su crucial relación con Washington.

Biden ganó las elecciones de 2020 habiendo prometido varias veces en su campaña que retornaría a la política de compromiso de Barack Obama con La Habana. Dijo que «trataría de revertir las políticas fallidas de Trump que infligieron daño a los cubanos y sus familias …». Apenas asumió la presidencia, Biden desactivó, casi como en exorcismo, decenas de políticas de Trump. Pero para Cuba, Trump sigue gobernando. Biden es un perfecto continuador de las políticas de Trump hacia la isla, y la pregunta es ¿por qué?

Se ha dicho que, porque tenía que ocuparse antes de Estados Unidos, ya que es el presidente de este país y no del otro; que no quiere confrontar a la camarilla republicana cubanoestadounidense en el Congreso, y sobre todo a Bob Menéndez, cierto también, ya que el senador demócrata Menéndez, llamado el “último halcón” demócrata es un cerrado partidario del anticastrismo republicano más visceral que sueña con un nuevo primero de enero[ii] ––al revés–– en Cuba.

Sin embargo, Biden tarde o temprano tendrá que dejar de ser Trump en su política hacia la isla. Y tal vez tenga a su disposición los pasos para no solo cambiar su relación con Cuba, sino también la correlación de fuerzas políticas en “la república cubana de Miami”, algo nada despreciable para quien perdió la Florida en 2020.

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En febrero, el gobierno cubano amplió a más de 2.000 las actividades permitidas a los “cuentapropistas”, dejando 124 para el desempeño exclusivo de la empresa estatal y hace poco más de una semana el Consejo de Ministros cubano dio a conocer que “perfeccionaría”, es decir, que legislaría sobre las micro, pequeñas y medianas empresas (Mpymes) y el trabajo por cuenta propia. Por otra parte, y esto cobra sentido, en marzo, el gobierno cubano invitó a los cubanos residentes en el extranjero para que inviertan en la isla. Al conocer esa noticia me dije, qué gracioso, al menos los que viven en Estados Unidos están limitados de hacerlo por la ley del embargo. Aunque también es cierto que gran parte de las inversiones de los “cuentapropistas” en Cuba son de familiares residentes en Estados Unidos, a contrapelo de la ley. La sangre es más gruesa que el agua, como dice el conocido proverbio.

La eliminación del embargo comercial es una tarea políticamente compleja. Para derogarlo debe tener apoyo bicameral, que creo actualmente existe. Si no fuera por la acusación constante de los republicanos trumpistas de que Biden “nos conduce al socialismo” y el estado de radical división que reina en el país, ya tal vez el presidente habría cumplido su promesa de retomar la política de compromiso de Obama con la isla y normalizado las relaciones. Pero tal vez no haga falta eliminar el embargo para tener una política innovadora e inteligente con Cuba. Obama no lo eliminó, sino que su política fue la emisión de licencias especiales. Si el gobierno de Biden emite licencias especiales para que los ciudadanos de origen cubano ––por razones familiares, por ejemplo–– puedan invertir en Cuba, resuelve tres problemas: favorece el empoderamiento empresarial privado en la isla; entrega el espinoso asunto a los cubanos de ambas orillas; y en la Florida, la oportunidad de participar legalmente en el mercado cubano, tanto el debate político sobre Cuba como su compleja situación, cambia de epicentro. Quién podrá oponerse a la decisión de invertir, ya legal, de un cubanoestadounidense.

Habrá que esperar cómo serán las leyes cubanas de “perfeccionamiento” que permitirían esas asociaciones comerciales. Habrá que ver cómo el Estado cubano se decide a ser, también, un socialismo de derecho.

[i] Con la excepción de 2020 cuando Cuba pospuso su resolución para este año, debido a la pandemia.

[ii] El primero de enero de 1959 fue el triunfo de la Revolución cubana