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Ucrania

OPINIÓN | Por qué no se enfrentarán militares estadounidenses y rusos en Ucrania

Por Jorge Dávila Miguel

Nota del editor: Jorge Dávila Miguel es licenciado en Periodismo desde 1973 y ha mantenido una carrera continuada en su profesión hasta la fecha. Tiene posgrados en Ciencias de la Información Social y Medios de Comunicación Social, así como estudios posuniversitarios en Relaciones Internacionales, Economía Política e Historia Latinoamericana. Dávila Miguel es columnista de El Nuevo Herald en la cadena McClatchy, y analista político y columnista en CNN en Español. Los comentarios expresados en esta columna pertenecen exclusivamente al autor. Mira más en cnne.com/opinion

(CNN Español) -- Rusia y Estados Unidos, aliados en las dos guerras mundiales europeas, acérrimos rivales en la Guerra Fría, pero solo una vez frente a frente en el campo de batalla, entre 1918 y 1919, en el norte de Rusia frente a tropas bolcheviques, —y contra las específicas reglas de combate emitidas por el presidente Harold Wilson, que lo prohibían—. Los estadounidenses terminaron derrotados. Tal vez Ucrania sería la oportunidad que los lleve a una lucha directa mucho más significativa. Sangrienta. Que muestren allá quién es más poderoso, en armamento y valiente en el combate. Pero no sucederá.

Y la razón por la cual la OTAN nunca entrará en guerra con Rusia, aunque esta última invada a Ucrania, es porque Ucrania no pertenece al Tratado del Atlántico Norte y no existe la obligación de defenderla.

Dentro de Europa, a pesar de los mensajes públicos de unidad, hay división. Alemania se niega a mandar armas a Ucrania y convenció a Estonia de que hiciera lo mismo. Francia busca una solución europea, separada de Estados Unidos y de la OTAN. El 7 de febrero el presidente Emmanuel Macron viajó a Moscú para reunirse con su homólogo Vladimir Putin, que lo recibió en una larguísima mesa, tal vez simbólica, expresando distancia y frialdad. Putin dijo que el líder francés le había presentado varias ideas que merecían estudio. Macron salió entusiasmado hacia Kyiv, donde le contó al presidente Volodymyr Zelensky que Putin le había dicho que habría que acordar medidas concretas y específicas para desescalar tensiones. Sin embargo, las conversaciones entre Macron y Putin han despertado sospechas en Europa. Estas divisiones no son nuevas. En 2008, Francia, Alemania, Italia y Hungría, junto a los tres países del Benelux se opusieron a la inclusión de Ucrania en la OTAN porque consideraban que era un insulto innecesario a Moscú.

Es difícil que algún país europeo, por muy ofendido que esté con Putin, mande a sus jóvenes a combatir a Ucrania.

Por eso, la OTAN y Europa ayudarán a Ucrania con armamento, pero situarán sus fuerzas fuera de sus fronteras. ¿Con qué objetivo? Parar al oso ruso a las puertas de Europa. Aunque se sabe que el oso, si invade Ucrania, seguramente se detendrá ante dichas puertas. ¿Para qué seguir? Serían solo gestos de solidaridad atlántica.

Las armas financieras de Occidente

El código SWIFT es el principal medio de comunicación financiera para pagos que Estados Unidos posee, junto con otros 24 miembros de su junta directiva. No lo domina, pero es previsible que dichos países estén de acuerdo con Washington en eliminar a Rusia. Y si no, Estados Unidos tiene la capacidad de “torcer brazos”, como lo hizo en el caso de Irán en 2012. Para eso, Washington tiene la propiedad sobre el dólar, moneda internacional por antonomasia, entre otros mecanismos. Pero empezar a torcer brazos entre socios, esa pugna interna, tal vez sería beneficiosa para Moscú.

Occidente asegura que ese será su camino. Pero en 2014, cuando su anexión de Crimea, se mencionó también con sacarla del SWIFT. Entonces Rusia no solo fortaleció sus Fuerzas Armadas, sino que desarrolló, para protegerse de dicha amenaza, una plataforma propia de comunicaciones financieras, el SPFS, aunque sin el mismo alcance.

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La respuesta rusa a su posible salida del código SWIFT podría ser la de suspender la entrega de combustible a Europa, todavía en invierno, a través de los múltiples oleoductos que posee. “Si no me pueden pagar, no vendo”, diría Moscú, e invitaría a los países interesados a integrarse a su método SPFS. En 2015, Beijing también lanzó su CIPS (sistema de pagos interbancario internacional) con el objetivo de “ayudar a internacionalizar la moneda china: el yuan”. China y Rusia no buscan simplemente competir con Estados Unidos en el campo de los mensajes bancarios, sino limitar la enorme capacidad de Washington para imponer sanciones financieras al resto del mundo.

Según Brian O’Toole, ex asesor principal del Departamento del Tesoro estadounidense y en la actualidad asociado con el Consejo Atlántico en Washington, Estados Unidos puede infligir a Rusia un mayor daño con otras medidas. Por ejemplo, yendo en contra de dos instituciones estatales vinculadas a las elites rusas. Al VEB (institución estatal de desarrollo económico) o al Fondo Ruso de Inversión Directa. Eso sería peor que cortar el acceso al SWIFT.

Occidente, en su necesidad de oponerse firmemente a Moscú en esta batalla, adoptaría esas dos medidas más todas las que conciban. Esto traería de la mano una nueva Guerra Fría entre Rusia y Occidente.

Este primer conflicto europeo del siglo XXI tal vez sea el primero por romper la hegemonía planetaria de Estados Unidos, su percibido unilateralismo, que rechazan Rusia y China. Y se saldará dependiendo de si el peligro de un cerco de la OTAN es verdaderamente inaceptable para Rusia y de si para la OTAN es inaceptable considerar su política de Puertas Abiertas en el marco de la geopolítica mundial.

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Ambas partes han fijado firme y públicamente su posición. China apoya a Rusia y observa con atención lo que harán Estados Unidos y Europa ante Ucrania. Porque el caso de Taiwán, cuya soberanía es disputada entre Taipei y Beijing, viene después. Se ha dicho que China no pondrá en juego su economía por ayudar a Moscú. ¿Pero cuál es la alternativa de Beijing? Si se suma a las sanciones de Occidente, ayudaría a fortalecer el poder financiero de Washington y aparecería débil ante el mundo. Esto puede conducir a que China no considere conveniente otra opción que oponerse a los poderes extraterritoriales de Estados Unidos. De esa manera, la alianza ruso-china se manifestaría y Occidente se encontraría entre dos frentes.

Dudo que dos perros viejos como Xi Jinping y Putin no hayan analizado dichas alternativas hasta el final. Y lo importante en la lucha por un mundo multipolar es que el principal adversario de ambos no es Kyiv, sino Washington. ¿Hasta dónde querrían Rusia y China llevar el conflicto ucraniano?