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Medio Oriente

El mundo musulmán está destrozado

Por Haroon Moghul

Nota de editor: Haroon Moghul es miembro del Institute for Social Policy and Understanding (Instituto para la política y el entendimiento social).  Es un autor, ensayista y conferencista público.   Síguelo @hsmoghul. Las opiniones expresadas en este comentario son exclusivamente del autor.  

(CNN) –  Te vimos, Aylan.

Al menos, lo que quedaba de ti después de que tu alma continuara adelante. Tu cuerpo fue arrastrado por las olas, boca abajo en la arena, antes de ser acunado en las manos de un oficial de policía de Turquía.

Tu hermano, Galip, y tu madre, Rehen, fueron encontrados cerca. Tu familia se ahogó tratando de huir, según los informes, con la esperanza de hacer otro intento por llegar a Canadá, donde les habían negado su solicitud para asilo.

Incluso a medida que tus pulmones se llenaban de agua, millones de musulmanes estaban rogando al Todopoderoso por la elevación de la ummah, por la seguridad y la prosperidad de nuestra comunidad global.

He estado furioso durante demasiados días como este, viendo inútilmente, desde lejos. A medida que los sirios se abren camino hacia Europa, huyendo al norte a través de los Balcanes, ellos cruzan tierras en donde los musulmanes murieron hace no más de dos décadas.

Ahora hay más refugiados que lo que alguna vez hubo, más que durante la Segunda Guerra Mundial.   Pero no hay una guerra mundial.

Casi 1 de cada 4 personas hoy son musulmanas; se estima que para el 2050, será 1 de cada 3. Así que, ¿por qué sentimos que mientras más somos, peor estamos?

Nos parecemos a la espuma del mar, sujetos a corrientes que no solo no controlamos, sino que tal pareciera que tampoco podemos predecir. Y, sin duda, no ayudamos.  

Así que es a Europa a donde tantos refugiados se dirigen, una Europa que ya tiene problemas para aceptar a las crecientes comunidades musulmanas. Podemos esperar que las cantidades de refugiados en aumento fortalezcan a los partidos de derecha que ya están en aumento a través de Europa: Eslovaquia, por decir uno, consideró aceptar a “200 refugiados” con la condición de que fueran cristianos. 

Pero los sirios no tienen a donde ir.  

Sí, el Líbano ha recibido a una gran cantidad, y Turquía recibe más refugiados que cualquier otro país (superando a Paquistán, que anteriormente tenía el récord). Sin embargo, los países musulmanes más ricos del mundo, los estados árabes del Golfo, no han ofrecido ningún refugio.

Israel, quien al igual que Arabia Saudita y los estados del Golfo Pérsico, gasta una gran cantidad de energía advirtiéndonos de la amenaza iraní, de la misma forma se niega a dar asilo a las víctimas del aliado de Irán, Bachar al Asad.

Es en momentos como este cuando el contraste entre Israel y las democracias occidentales es más obvio. Israel no solo rechaza a los refugiados musulmanes, ha rechazado a cualquier refugiado sirio.

Aún así, encuentro mucho más difícil de entender por qué los musulmanes más adinerados ignoran a sus hermanos musulmanes, la mayoría de los cuales son árabes sunitas al igual que ellos.  

Pero la interrogante no es solo “¿por qué los países del Golfo de Arabia no aceptan a los Aylans o a los Galips?”  Ni siquiera es: “¿por qué los países musulmanes no ofrecen las ventajas a los Aylans y Galips que los países europeos podrían ofrecerles?”,  sino: “¿por qué los Aylans y Galips, pequeños niños, inocentes de cualquier crimen, deben huir en absoluto?”  

La lección de la Primavera Árabe debería ser clara: la opresión conduce al extremismo y a la rebelión.   Para detener el extremismo y la rebelión, debes terminar con la opresión.

Haz el difícil trabajo de construir sociedades incluyentes. Sin embargo, la lección que los autócratas asumieron fue: no fuimos los suficientemente dictatoriales.

El rebote, cuando viene –y créeme que vendrá–, será mucho peor la próxima vez. Tan terrible como esto es, Siria podría ser simplemente un preludio de conflictos mucho más devastadores.

Así que el mundo musulmán parece estar destrozado, incapaz de cuidar de sí mismo, incapaz de resolver sus propios conflictos, incapaz, parece, de ser conmovido hacia el cuidado.

Arabia Saudita no solamente rehúsa ayudar a las víctimas de la guerra de Siria, está creando una crisis humanitaria en Yemen, a la cual hasta el momento le hemos prestado poca atención.  

En días como estos, muchos musulmanes se sienten impotentes, disgustados, avergonzados. ¿Qué está mal en nosotros?

A menudo recurrimos al colonialismo, al imperialismo, para la ocupación. Pero esto yerra el blanco.   Muchas otras partes del mundo sufrieron de intervención extranjera también. Y luego ya no.

China y Corea del Sur, por ejemplo, o India y Brasil. Ahora tienen muchísimo más control sobre sus destinos. Ellos les proveen mucho más a su gente. Se habla de ellos como poderes que van en aumento.   En algún punto, algo cambió. Algo que hizo que ellos no fueran víctimas del mundo sino actores en el mundo.

Esto es algo que el islam moderno parece incapaz de encontrar.  

Somos destruidos por al Asads y al-Baghdadis, el-Sisis y al-Zawahiris. Los más vulnerables de los nuestros fueron arrastrados por las olas, cuando huían por sus vidas, se encogían bajo el bombardeo de misiles desde el cielo o de carros bomba en los alrededores.

Pero si existe alguna esperanza tenue, está en esto: nuestros problemas no son desastres naturales o tragedias imprevistas. Son el producto del error humano, de la vileza humana.  

Los países musulmanes no son pobres; están pobremente gobernados. Ellos no están retrasados; están contenidos. Y aunque posiblemente ellos estén hoy de esta forma, esto no significa que tenga que ser así siempre.