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Estados Unidos

¿Está Estados Unidos listo para tener un presidente que no sea cristiano?

Por Sreedhar Potarazu

Nota del editor: Sreedhar Potarazu, un oftalmólogo y empresario, es el fundador de Enziime, una compañía de software enfocada en proveer aplicaciones de ciencia de datos para evaluar la entrega del cuidado de la salud. Él es el autor de ‘Get Off the Dime: The Secret of Changing Who Pays for Your Health Care’. Las opiniones expresadas en este comentario son exclusivamente las del autor.

(CNN)– En 2008, nuestra nación atravesó una barrera al elegir a un afroamericano como presidente de Estados Unidos.

En 2016, otra barrera bien podría ser atravesada. Todas las encuestas indican que ya sea una mujer o un latinoamericano, cada uno tiene una muy buena oportunidad de ser elegido para ser nuestro presidente número 45.

Pero aun existe otra barrera –una importante a la vista del mundo– que es casi seguro que no podremos atravesar. Excepto por una agitación política sin precedentes, el próximo presidente de Estados Unidos será un cristiano, al igual que prácticamente todos sus predecesores. Las únicas excepciones pueden haber sido Thomas Jefferson, quien abandonó el cristianismo ortodoxo, y Abraham Lincoln, quien a menudo hablaba de Dios y con frecuencia citaba la Biblia, pero que nunca fue miembro de una iglesia.

Hay más de 300 millones de personas en Estados Unidos, y 70,6 por ciento de ellas se autoidentifican como cristianos. Pero ese porcentaje se redujo dramáticamente –por 7,8 puntos porcentuales– a lo largo del transcurso de siete años, y ahora son aproximadamente 100 millones de personas no cristianas las que viven en Estados Unidos.

Este es otro símbolo del rostro cambiante de nuestro país, pero todavía debe reflejarse en el nivel superior de la política estadounidense. ¿Será que Estados Unidos elegirá a un presidente que no sea cristiano?

Pocos que no son cristianos se han postulado a la presidencia

Joe Lieberman, un demócrata judío, y Arlen Specter, un republicano judío, se han postulado a la presidencia, pero ninguno logró ganar la nominación de su partido. Lieberman, quien fue el compañero de fórmula de Al Gore en el 2000, fue el único judío que alguna vez se postuló para un cargo nacional. Bernie Sanders es candidato a la nominación demócrata para 2016, pero va a la zaga de Hillary Clinton en las encuestas.

En cuanto a todas las demás religiones que son parte del mosaico estadounidense, la cantidad total de candidatos presidenciales de los partidos importantes permanece atascada en cero.

Hay un hindú en el Congreso: el representante por Hawai, Tulsi Gabbard. Hay dos musulmanes: los representantes Keith Ellison por Minnesota y Andre Carson por Indiana. Hay dos budistas: el representante Hank Johnson por Georgia y el senador Mazie Hirono. Ninguno de ellos ha sido mencionado alguna vez como un posible presidente.

Soy hindú de nacimiento e indio por origen. También nací en Estados Unidos, y estoy orgulloso de ser estadounidense. En mis viajes a través de todo el mundo, he desarrollado un profundo respeto y aprecio por todas las religiones. Siento la misma energía en la Basílica de la Natividad en Belén que la que siento en el templo de Tirupati Balaji en India. La siento tanto en el Muro de las Lamentaciones como en la Cúpula de la Roca en Jerusalén.

Pero en tanto que esta energía me ha iluminado, también me ha dejado pensando acerca de la imagen de mi país. La estructura de Estados Unidos ha cambiado dramáticamente en los últimos cincuenta años, y estoy preocupado porque nuestra política no sigue el ritmo del cambio.

Otras naciones son más flexibles

Uno se preguntaría por qué Estados Unidos no ha evolucionado tan rápidamente como otras democracias. Indira Gandhi se convirtió en primer ministro de la India en 1966; Golda Meir se convirtió en primer ministro de Israel en 1969 y Margaret Thatcher se convirtió en primer ministro del Reino Unido en 1979. Sin embargo, Estados Unidos, un modelo supremo para las democracias en el mundo, nunca ha tenido una mujer como presidenta.

Uno se preguntaría por qué la India, una nación de casi 1.300 millones de personas, donde el 79,8 por ciento de las mismas son hindúes, ha tenido un primer ministro sij (Manmohan Singh) y un presidente musulmán (Abdul Kalam), y sin embargo, desde hace más de un siglo y medio, el jefe del poder ejecutivo de Estados Unidos siempre ha sido cristiano.

Y esto no es un asunto trivial. Estados Unidos, como ningún otro país en el mundo, ha abierto sus puertas a los inmigrantes. Durante casi un cuarto de milenio, esta verdaderamente ha sido la tierra de las oportunidades. Las personas de todas las culturas han venido aquí en busca de un refugio en donde sus esperanzas y sus sueños pueden hacerse realidad… o al menos la mayoría de ellos.

La sugerencia de Donald Trump de que Estados Unidos prohíba la entrada de todos los inmigrantes musulmanes causó un alboroto en todo el mundo, porque iba en contra de lo que Estados Unidos cree y lo que las personas en todo el mundo creen que Estados Unidos representa: la aceptación universal de todas las personas, independientemente de su fe o sus antecedentes culturales.

En tanto que nuestro país se hace más diverso, este necesita persuadir tanto a sus propios ciudadanos como a todos aquellos que esperan convertirse en ciudadanos de que esta siempre será una tierra de oportunidades ilimitadas para todos.

Nuestro mensaje siempre ha sido uno de aceptación. Es irónico que profesamos creer que todos somos creados iguales, pero al final del día, cuando las cosas se ponen feas, nuestro líder es, inevitablemente, un cristiano. Y esto no pasa desapercibido en muchas partes del mundo. ¿Cómo logras que el mundo crea lo que dices cuando tus acciones hablan más que las palabras?

Enviar un mensaje al mundo

La semana pasada, las personas en todo el mundo celebraron un evento glorioso, el nacimiento de Jesucristo. Incluso en la India que es predominantemente hindú, la Navidad es un feriado nacional. Quizás es el momento para que nuestras escuelas empiecen a suspender las clases para otros feriados a fin de crear más conciencia, como en la ciudad de Nueva York, donde las escuelas están cerradas para feriados como el Rosh Hashaná y el Eid al-Adha.

Las escuelas pueden empezar a suspender las clases para Diwali también, a fin de educar a nuestros hijos desde una edad temprana y enseñarles que todas las religiones son importantes, y que todas ellas deben ser respetadas y celebradas. Tal vez esto allanará el camino para que dentro de 20 años, Estados Unidos vea un presidente judío, hindú, budista o incluso musulmán.

La demografía de Estados Unidos ha cambiado dramáticamente, pero la religión sigue siendo el elefante en nuestra habitación. En una encuesta realizada hace tres años y medio, el 40% de los estadounidenses dijeron que no votarían por el candidato presidencial de su partido si fuera un musulmán. Si el nominado fuera un ateo, 43% no votaría por él.

Uno se debe preguntar cuáles serían esos porcentajes si la encuesta se realizara el día de hoy. ¿Por qué los estadounidenses están dispuestos a romper algunas barreras pero no todas? ¿Por qué la religión de un candidato es un asunto determinante para tantos ciudadanos de una nación que profesa que acepta el respeto y la equidad para todas las religiones?

Este ciclo electoral nos ha presentado nuestro grupo de candidatos más diverso en la historia: dos mujeres (Hillary Clinton y Carly Fiorina), un indio-estadounidense (Bobby Jindal) y un afroamericano (Ben Carson). Pero la diversidad se detiene en la puerta de la iglesia. Los cuatro, y todos los demás candidatos para el 2016, son cristianos, con excepción de Sanders, quien es judío.

En el 2008 despejamos un gran obstáculo. Podemos despejar otro en el 2016. Pero la religión puede ser el obstáculo más grande de todos, especialmente mientras libramos una guerra contra los extremistas religiosos que están empeñados en destruir la civilización occidental.

Sin embargo, la cuestión que habría que preguntarse sería: ¿Podemos, los ciudadanos de la mayor democracia en la tierra, elegir a un presidente que no es un cristiano? Y si lo hacemos, podemos luego evolucionar hasta el punto en que la religión del presidente no sea un problema… ¿vale la pena siquiera mencionarlo?

Si la respuesta es afirmativa, esto enviaría el mensaje al resto del mundo de que realmente somos la “una ciudad que brilla sobre un monte”, donde todos los padres pueden decirle a todos los niños que vivimos en un país que atraviesa todas las barreras, y que él o ella verdaderamente puede crecer hasta convertirse en el presidente de Estados Unidos.