Rescatistas trasladan en una improvisada camilla a un perro afectado por el terremoto de 7,8 en Ecuador. (Crédito: Policía Nacional de Ecuador).

Esta historia hace parte de una recopilación de testimonios de vida y ayuda en medio de la tragedia en Ecuador. Lee las demás historias de solidaridad y heroísmo en Ecuador tras el terremoto en este link

(CNN Español) – Cuando Blanco fue rescatado por policías en el malecón de Pedernales, una de las zonas afectadas por el terremoto de magnitud 7,8 del 16 de abril pasado, no se podía ni mover.

Tenía síntomas de deshidratación severa. Los rescatistas lo subieron a una tabla habilitada como una especie de camilla y lo llevaron a un refugio de mascotas en Manabí.

Pero cuando los veterinarios lo comenzaron a tratar, se dieron cuenta de que además del golpe de calor, también tenía golpes, informó la organización Defensa de la Vida Animal, una de las organizaciones que han rescatado a mascotas tras el violento sismo.

Blanco “estuvo varias horas con terapia de líquidos, y empezó a mostrar mejorías, pero convulsionó. Pudimos controlar la situación, y va mejorando de a poco con las manos, el cariño y los cuidados de todos los que estamos aquí haciendo la diferencia”, dijo la agrupación a través de su cuenta de Facebook.

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El caso de Blanco se ha repetido más de 200 veces, dijo Jordán Cruz, integrante de Defensa de la Vida Animal, en entrevista con CNN en Español.

Para rescatar a “más de 200 perros” tras el sismo, más de 40 voluntarios se unieron a la tarea de revisar entre los escombros, donde las mascotas dormían tras el sismo, esperando a los suyos.

A pesar de que el gobierno ecuatoriano solo apoya con la logística, las organizaciones a favor de la vida animal han logrado enviar siete toneladas de alimento balanceado a las zonas afectadas.

“Ahora lo que se necesita son medicinas”, dijo Cruz.

La tarea no es sencilla, explicó Cruz. Luego de sacar a los perros de la zona de emergencia, ellos deben de ser rehabilitados física, psicológica y socialmente, un trabajo que lleva como mínimo seis meses.

Luego, si los perritos están en situación de adopción, se les busca un hogar, según Cruz. Otros permanecerán en refugios como el de Defensa de la Vida Animal, a las afueras de Quito, donde hay 120 canes.