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África

¿Cómo habría tratado Nelson Mandela a Donald Trump?

Por Robyn Curnow

Nota del editor: Robyn Curnow es presentadora de CNN y de “International Desk with Robyn Curnow”. Las opiniones en este artículo pertenecen a la autora.

(CNN) — Nelson Mandela celebraría su cumpleaños número 100 este miércoles.

Cuando estaba vivo, los sudafricanos lo celebraban. Esta tradición sigue hasta hoy, pese a que ya no está con nosotros.

El “Día de Mandela”, como se conoce el 18 de julio, se supone que debes canalizar tu Mandela interior: dale tiempo a los demás. Escucha. Comparte con los menos afortunados. Sé amable con los demás.

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Siempre está el peligro de un falso júbilo y una falsa piedad con las conmemoraciones anuales, de que detenerse a meditar y compartir en el Día de Mandela sea como ir a la iglesia una vez al año, en Navidad.

También existe el peligro de que el legado de Mandela se vuelva vacío, se simplifique y se convierta en una falsa deidad de rectitud. Después de todo, no hay escasez de personas con baratijas Mandela, camisetas o libros de citas.

No obstante, los sudafricanos se toman el día en serio. El centenario del nacimiento del hombre que definió la fuerza, el perdón y la reconciliación se ve con más solemnidad que antes.

Con la política mundial patas arriba y Sudáfrica, específicamente, devastada por la corrupción de los años de Zuma, hay mucho para reflexionar.

La pregunta es, si él estuviera ahora: “¿Qué haría Mandela?”.

Él fue magistral en el trato con amigos y enemigos.

No dudo de que hubiera desatado un ataque de encanto en Trump.

Mandela no tuvo problemas con halagar a la gente. Atraía a los grandes empresarios y los ricos y luego, con una sonrisa en la cara, los desplumaba por dinero para escuelas rurales u otra inversión social. Mandela era igual de encantador para aquellos en los que no confiaba ni le gustaban. Todo era un movimiento estratégico, así que nunca se debilitó ni se ensució por su interacción con los peores delincuentes del apartheid.

Mandela conquistó, sedujo y ganó con éxito a sus carceleros del apartheid, a los ideólogos afrikaans en Pretoria y a una ciudadanía temerosa. Logró comprometerse sin comprometer sus principios. En la cárcel aprendió afrikaan y estudió la historia afrikaan para poder entender a sus opresores. Más tarde usaría ese conocimiento para inducirlos a compromisos de los que no sabían que eran capaces.

Si la política es un juego, Mandela fue ingenioso al jugarla.

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Sin duda, habría tratado de hablar y pasar tiempo con Trump para poder entender sus motivaciones y vanidades.

Mandela era alto. Se mantuvo erguido y, por cuestiones de principios, no se doblaría.

Sin embargo, cuando se trataba de tácticas, era pragmático. Pensé en Mandela cuando Emmanuel Macron, presidente de Francia, ofreció una fabulosa cena en la Torre Eiffel, un desfile militar y lo mejor de París para Trump. Te preguntarás si Mandela también le habría dado una palmadita en la espalda a Trump y lo hubiese llamado “mi amigo Donald”. Tal vez sí.

Mandela tuvo cuidado de nunca humillar a otros líderes mundiales o adversarios políticos. Eso no quiere decir que nunca se enojara.

Mandela era inflexible cuando se trataba de abusos de poder. Había sufrido bajo un régimen autocrático y racista dirigido por hombres fuertes dogmáticos. Al retirarse después tras una sola legislatura, mostró que los líderes tienen una fecha de caducidad y que el poder es transitorio.

Sabemos que el presidente Trump admiraba a Nelson Mandela, lo dijo en un tuit cuando murió.

Trump y muchos otros alrededor del mundo admiraban a Mandela debido a su liderazgo. Mandela demostró que un líder puede ser fuerte y afectuoso, intransigente pero flexible. Mandela hizo hincapié en las similitudes sobre las diferencias. Él prometió paz en lugar de tribalismo. Y no pondría en peligro los derechos humanos por la seguridad nacional.

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Lo que está claro es que los líderes como Mandela y sus valores parecen anticuados ahora: el diálogo, el compromiso y la reconciliación son como malas palabras en el Estados Unidos de Trump. A nivel internacional, la perturbación causada por Trump ha aumentado la gran competencia de poder con un énfasis en una política cínica y transaccional.

¿Qué tan relevante es el legado de Mandela en este mundo?

Y si Mandela estuviera todavía aquí, en su mejor momento, ¿qué haría?

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