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Colombia

Los tatuadores venezolanos de la frontera

Por Melissa Velásquez Loaiza

(CNN Español) — En el paso fronterizo con Colombia y Venezuela hay un puesto improvisado de tatuajes que manejan dos venezolanos. Uno de ellos decidió migrar a Colombia, y el otro, viaja todos los días casi dos horas desde una población fronteriza hasta el lado colombiano.

“Nosotros llegamos aquí a través de la situación de Venezuela. Nos ubicamos aquí, nos prestan la planta de apoyo y ahí a través de esos fue que montamos el negocio de los tatuajes”, dice José Luis Cotúa, uno de los tatuadores, quien aprendió hace unos años a hacer tatuajes y dejó su empleo en el sector público para dedicarse a esto. Pero la crisis lo obligó a salir de su país.

Con él trabaja José Guerrero, que es el que viaja desde la población de Rubio, hasta San Antonio, y de allí cruza al lado colombiano, para trabajar y llevar el sustento a casa.

José Guerrero es otro de los tatuadores del puesto de La Parada en Villa del Rosario. (Crédito: CNNEE).

“Acá hay demasiada gente que viene acá a trabajar, a vender sus cositas, para poder subsistir con cualquier 10 (mil) pesitos que se lleve para la casa al menos con eso”, dice Guerrero, que cobra hace tatuajes desde 3 dólares.

“Un tatuaje acá normal está a partir de 10.000 pesos porque el higiene, entones la persona tampoco tiene la economía para pagar un tatuaje como se debe cobrar aquí”, agrega Cotúa.

Este puesto de tatuajes está ubicado en una acera, en medio de miles de vendedores que en su mayoría son venezolanos. El puesto es muy sencillo: una mesa, dos sillas de plástico, una planta de energía para el funcionamiento de las agujas de tatuar, y un aviso que se mueve con el viento y un plástico negro que hace las veces de techo.

Al fondo, una fotografía adorna el local: “Ella es mi mamá, a ella no la dejo”, dice Cotúa, que vive con ella en Colombia.

Cotúa haciendo tatuajes en su puesto en La Parada, Villa del Rosario, Norte de Santander, Colombia.

Cotúa reconoce que las condiciones de salubridad no son las que se deberían para un trabajo de estos, pues está en medio de un mercado callejero que según las autoridades es ilegal por ocupar el espacio público.

“¿Qué pasa? Que no es higiénico, no es nada de lo normal de un tatuador pero normalmente tenemos que tatuar porque ese es el arte que nos favorece a nosotros”, dice. “Nosotros estamos buscando un local, una cuestión aquí, pero como todo inmigrante hay que primero permanecer de raíz, de poco a poco”.

Cotúa espera irse a Perú, pues dice, allá tiene una oferta laboral, “pero como soy inmigrante sabe que todo se me hace forzoso y ahorita no tenemos la suficiente plata para irnos, ya que cobramos los tatuajes muy económicos”.

Y mientras consigue un local comercial al cual mudarse y ordenar más su negocio y ofrecer mejores condiciones a sus clientes, espera dejar atrás las dificultades que lo obligaron a salir de su país.