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China

Tiananmén, Orwell y Trump

Por John Avlon

Nota del editor: John Avlon es analista político sénior y presentador para CNN. Las opiniones expresadas en este comentario son propias del autor.

(CNN) — Para alguien que ha estado muerto desde hace casi 70 años, George Orwell nunca ha estado tan de moda.

Las ventas de su novela distópica «1984» se dispararon a la cima de ventas de Amazon después de la toma de posesión del presidente Donald Trump.

Y cada vez que el gobierno apela a «hechos alternativos», o afirma que la «verdad no es la verdad», o intenta describir los hechos incómodos como «noticias falsas», Orwell surge nuevamente de la misma manera que en esta frase de «1984»: «el partido te dijo que rechazaras la evidencia de tus ojos y oídos. Fue su orden más esencial e inapelable.»

No ayuda que Trump, de manera instintiva —pero no intencional– haya repetido esa frase de un evento llevado a cabo en julio. «Lo que están viendo y lo que están leyendo no es lo que está ocurriendo.»

Sí, Orwell parece ser ahora un hombre de todos los tiempos.

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Mientras enfrentamos un aumento de nacionalismo en el país y en el exterior, con suerte Orwell nos recuerda que «no se debe confundir nacionalismo con patriotismo.»

Al señalar la superposición entre extremos, Orwell advirtió que «un comunista y un fascista están en cierto modo más cerca uno del otro que cada uno de ellos de un demócrata.»

Y la insistencia de parte de periodistas de un debate basado en hechos es completamente coherente con la advertencia de Orwell de que «la libertad es la libertad de decir que dos más dos es cuatro», mientras que el líder insiste en lo contrario.

Pero para toda la guerra contra los hechos y la simplificación del debate que vemos en occidente ahora mismo, deberíamos reconocer que nuestras preocupaciones son casi pintorescas comparadas con gran parte del mundo.

Hoy es el 4 de junio. Y esta columna será censurada casi con seguridad en China.

Eso se debe a que es el trigésimo aniversario de la masacre de la Plaza de Tiananmén cuando cientos – quizás miles – de estudiantes fueron asesinados por el gobierno chino en un evento prodemocrático.

Las cámaras y reporteros de CNN estaban ahí enviando un mensaje importante acerca del poder de la prensa para evitar que los países asesinen impunemente a sus ciudadanos.

Las imágenes de la persona a que solo se la conoce como «el hombre del tanque» se convirtió en un símbolo internacional inmediato de los desamparados. Su foto cuelga aquí en los pasillos de CNN y también en mi propia oficina.

En una entrevista con Playboy en 1990, Trump habló del trato de China hacia los manifestantes:

«Cuando los estudiantes se virtieron a la Plaza de Tiananmén, el gobierno chino casi lo hizo estallar. Entonces fueron despiadados, fueron horribles, pero lo reprimieron con fortaleza. Eso te muestra el poder de la fortaleza».

Cuando le preguntaron sobre sus comentarios durante la primaria de 2016, Trump dijo que sus comentarios no significaban que estaba «apoyando» lo que hizo China, y se refirió erróneamente a la protesta estudiantil como un «disturbio.» «Yo dije que ese era un gobierno fuerte y poderoso. Reprimieron el disturbio, fue algo horrible».

En los 30 años transcurridos el gobierno chino ha hecho desaparecer efectivamente al hombre del tanque y a la Plaza de Tiananmén de la memoria nacional.

El gobierno censura internet, lo que le permite quitar cualquier video de la masacre. Los libros también son censurados. Y una mención de ello en las redes sociales es considerada subversiva.

Cuando un equipo de la BBC fue recientemente a China y le mostró video del hombre del tanque a la gente, según sus cálculos cerca de un 80% dijo que nunca había visto la imagen.

No hay mejor ejemplo de la advertencia de Orwell de «1984» que «quien controla el pasado controla el futuro. Quien controla el presente controla el pasado».

Y esto está ocurriendo en nuestros tiempos, justificado a veces por empresas que ven una ganancia ante la promesa de riqueza, pero sin tener en cuenta la libertad.

Hay activistas valientes que intentan mantener viva la memoria de sus hijos e hijas asesinadas, y en particular, las 127 madres de Tiananmén que cada vez más alzan la voz con un gran costo personal para honrar a sus seres queridos.

No podemos acobardarnos antes los hechos de la historia. Y todos deberíamos

ser firmes al objetar medidas severas contra libertades civiles y abusos a derechos humanos.

Considere las «calificaciones crediticias sociales» que están utilizando tecnología de vigilancia para monitorear cada aspecto de las vidas de los chinos y aplicar castigos a aquellos que entren en conflicto con el estado.

Dado que estamos bajo la mirada de la historia, no podemos ignorar lo que un funcionario del pentágono describió como «campamentos de concentración» repletos con al menos 800.000, y quizás más de 2 millones de personas de la minoría uigur musulmana en las provincias occidentales remotas, que una columna del New York Times de Nicholas Kristof describió como parte de la «guerra orwelliana con la religión«. China dice que los campamentos son centros de capacitación vocacional voluntaria.»

El enemigo más grande de Orwell era el totalitarismo, y sus servidoras de ignorancia e intolerancia. Todo esto se corresponde con su advertencia de que el estado totalitario «crea una ideología para usted, intenta controlar su vida emocional además de establecer un código de conducta. En la medida de lo posible te aísla del mundo externo, te encierra en un universo artificial en el que usted no tiene estándares de comparación».

Este es el peligro expresado por los tres eslóganes del Ministerio de Verdad inventado de Orwell: «La guerra es paz. La libertad es esclavitud. La ignorancia es fortaleza».

Depende de nosotros que nos consideramos libres mantener la ficción de George Orwell en el siglo XXI.