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China

China culpa a EE.UU. de exagerar los temores de un reingreso sin control de su cohete Long March 5B

Por Nectar Gan, James Griffiths

Hong Kong (CNN) — Durante una semana, el cohete Long March 5B de China atrajo la atención mundial, mientras las agencias espaciales y los expertos seguían de cerca su trayectoria, especulando dónde caerían los restos del aparato tras su reingreso sin control a la atmósfera terrestre.

En China, sin embargo, la administración espacial del país permaneció en silencio durante días en medio de críticas de que permitir que una plataforma de cohete tan grande cayera libremente hacia la Tierra era irresponsable y representaba un riesgo de seguridad, aunque pequeño, para muchos países.

Finalmente, el domingo por la mañana, hora de Beijing, la Oficina de Ingeniería Espacial Tripulada de China rompió su silencio, confirmando que los restos del cohete se habían hundido en el Océano Índico cerca de las Maldivas, después de que la mayor parte se hubiera quemado en la atmósfera.

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Para muchos de los que han seguido el regreso del cohete, la noticia fue un gran alivio. En China, no solo fue visto como una reivindicación del diseño del cohete, sino que también fue utilizado por los medios estatales para argumentar que la intensa atención global era simplemente un esfuerzo occidental para desacreditar el programa espacial de China y frustrar su progreso.

Tras el regreso del cohete

«Su publicidad y difamación fueron en vano», dijo el domingo Global Times, un periódico estatal, en un editorial, acusando a los científicos estadounidenses y a la NASA de «actuar en contra de su conciencia» y ser «antiintelectuales».

«Estas personas están celosas del rápido progreso de China en la tecnología espacial», dice el periódico. «Algunos de (ellos) incluso intentan usar el alboroto que hicieron para obstruir e interferir con los futuros lanzamientos intensivos de China para la construcción de su estación espacial».

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Si bien Beijing ha acusado durante mucho tiempo a los países occidentales y a los medios de tratar a China con un estándar diferente, los funcionarios chinos también tienen una respuesta nacionalista a cualquier crítica, calificándola de intento mal intencionado de «difamar a China».

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Esta feroz actitud defensiva es particularmente evidente cuando se trata del programa espacial de China, un punto importante de orgullo nacional para el público chino y una fuente de prestigio para el gobernante Partido Comunista.

China en la carrera espacial

China llegó rezagado a la exploración espacial, lanzando su primer satélite apenas en 1970, 13 años después de la Unión Soviética y 12 años después de Estados Unidos. Pero en las últimas décadas, se ha convertido rápidamente en un puntero en la carrera espacial: fue el primer país en aterrizar en el lado opuesto de la Luna en 2019 y recuperó con éxito rocas lunares el año pasado.

La actitud defensiva ante las críticas de Occidente, especialmente de Estados Unidos, nace en parte de lo que Beijing percibe como la hostilidad de Washington para bloquear su progreso más allá de la atmósfera terrestre.

Desde 1999, Estados Unidos ha impuesto controles de exportación de tecnología satelital a China. Y en 2011, el Congreso aprobó una ley que impuso restricciones al compromiso de la NASA con China.

En consecuencia, los astronautas chinos están excluidos de la Estación Espacial Internacional (ISS), la única estación espacial en órbita y una colaboración entre EE.UU., Rusia, Europa, Japón y Canadá.

Como resultado, China está construyendo su propia estación espacial, el Tiangong (que significa palacio celestial en chino). El mes pasado, lanzó con éxito su primer módulo con el Long March B5, el cohete que atrajo el escrutinio del mundo.

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Sin embargo, al culpar a Occidente por su «campaña de difamación», los medios estatales chinos y los expertos espaciales omitieron explicar por qué el Long March B5 había causado ansiedad entre los científicos globales.

Qué pasa con estos cohetes

Las etapas de los cohetes a menudo se dejan caer antes de que alcancen la órbita a lo largo de trayectorias que se pueden predecir antes del lanzamiento. Y cuando están diseñados para alcanzar la órbita, generalmente vienen con dispositivos que permiten reingresos más controlados y apuntan al océano.

O se quedan en las llamadas órbitas de «cementerio» que los mantienen en el espacio durante décadas o siglos.

El cohete chino, que se estima que pesa más de 20 toneladas, es el objeto espacial más grande que regresa sin control a la Tierra en casi tres décadas, y una desviación importante de la práctica de otras agencias espaciales.

También existen precedentes preocupantes de lo que sucede en tales incidentes: la estación espacial Skylab de EE.UU. se desintegró sobre el Océano Índico y esparció sus restos por Australia Occidental cuando regresó a la Tierra en 1979. Más recientemente, un fragmento de escombros del ochete SpaceX Falcon 9 aterrizó en una granja en el estado de Washington, después de que la segunda etapa se rompiera en su reingreso.

Pero en medio de una creciente desconfianza política hacia Estados Unidos y la falta de intercambios tecnológicos, se están eludiendo intercambios científicos internacionales significativos con Beijing a favor de avivar las llamas de la ira nacionalista.