(CNN) – Ni siquiera había pasado una semana desde el mortal tiroteo en una escuela de Parkland (Florida), en la que 17 personas fueron asesinadas, cuando empezaron a surgir teorías de la conspiración acerca de los estudiantes que sobrevivieron a la masacre.

David Hogg, un estudiante que documentó el tiroteo mientras ocurría, es supuestamente un “actor de crisis”, alguien que ni siquiera asiste a la escuela secundaria Marjory Stoneman Douglas. Él y varios otros “estudiantes” que hablaron sobre la necesidad de tomar acciones legislativas contra las armas fueron “infiltrados” por quienes defienden un mayor control de estos artefactos. En pocas palabras, agitadores profesionales con el objetivo de sacar ventaja política de una tragedia.

“Los dos jóvenes en la imagen no son estudiantes aquí sino actores que viajan a diversas crisis cuando ocurren”, le dijo un asistente del representante estatal Shawn Harrison este martes a Alex Leary del diario Tampa Bay Times. (El asistente fue despedido posteriormente).

También dicen las teorías que los estudiantes fueron infiltrados por el FBI, porque el padre de Hogg es un agente retirado de la entidad.

“¿Por qué se usaría el hijo de un agente del FBI como un peón para la retórica en contra de Trump o la legislación antiarmas?”, preguntó el blog conservador Gateway Pundit. “Porque el FBI solo busca restringir TUS derechos constitucionales y AUMENTAR su poder. Hemos vistos movimientos similares por parte de ellos muchas veces. Este es sólo un ejemplo repugnante de eso”, completaba.

Y las teorías no paran ahí. También señalan que Hogg y sus compañeros simplemente son usados por grupos liberales a nivel nacional, para avanzar en el objetivo a largo plazo de limitar los derechos de quienes poseen armas.

“¿Realmente creemos –y lo digo sinceramente– realmente creemos que jóvenes de 17 años van a planear por su cuenta un mitin nacional?”, preguntó el republicano y exrepresentante a la Cámara por Georgia Jack Kingston, durante una entrevista en el programa “New Day” de CNN.

Pero ninguna de estas teorías es cierta. Hogg –como lo confirmó el superintendente de las Escuelas Públicas del condado de Broward, Robert Runcie– es un estudiante de la escuela secundaria de Marjory Stoneman Douglas. El hecho de que su padre sea un agente retirado del FBI es un hecho interesante pero en gran medida irrelevante. Y, además, simplemente no hay evidencia de que George Soros –según sugirió Kingston– u otro importante activista o donante liberal haya participado en organizar el viaje que los estudiantes hicieron en la noche de martes hasta Tallahassee o en la marcha nacional por el control de armas que se planea para el próximo mes.

Aún así, la falta de hechos verificables en estas teorías conspirativas no ha impedido que se difundan. Como lo destaca Michael Grynbaum en una excelente pieza del diario The New York Times:

“En publicaciones escritas y videos de YouTube –uno de los cuales tenía más de 100.000 vistas hasta la noche de este martes– Gateway Pundit ha argumentado que el señor Hogg fue entrenado acerca de qué decir durante sus entrevistas. La noción de que el señor Hogg simplemente está protegiendo su el padre se adapta a un tropo de derecha más amplio: que las fuerzas liberales en el FBI están tratando de debilitar al presidente Trump y a sus partidarios a favor de la Segunda Enmienda”.

Para estar claros: los teóricos de la conspiración siempre han existido. En realidad nunca aterrizamos en la luna. Los ataques terroristas del 11 de septiembre de 2001 fueron una orden interna. Los asesinatos de los niños en la escuela primaria de Sandy Hook no sucedieron.

Y la llegada de internet ha permitido que estos teóricos de la conspiración logren conectarse entre ellos, creando así una retroalimentación de infinita repetición en la que afirman sus locuras.

Pero hay otro factor avivando el fuego de las teorías conspirativas como las que salieron sobre el caso de la Florida esta semana: la elección de Donald Trump como presidente de Estados Unidos.

Recuerda que el origen de la relevancia política de Trump puede remontarse directamente a una teoría de conspiración: la idea desmentida, promovida implacablemente por él mismo a principios de esta década, de que el entonces presidente Barack Obama no nació en Estados Unidos.

La paliza de Trump con esa falacia hizo que ganara credibilidad entre algunos segmentos del movimiento conservador dispuesto a creer lo peor de Obama y a apoyar a cualquiera con la voluntad de decirlo.

La candidatura presidencial de Trump en 2016 estuvo repleta de teorías de la conspiración. Los musulmanes celebraron en los tejados de Nueva Jersey el 11 de septiembre. El exasistente de Clinton Vince Foster en realidad no se suicidó. El padre de Ted Cruz pudo haber estado involucrado en el asesinato de John F. Kennedy. El difunto juez de la Corte Suprema, Antonin Scalia, murió en circunstancias sospechosas. La infame cinta de la revista Access Hollywood podría ser falsa. Varios millones de votos fueron contados ilegalmente, lo que le costó a Trump no ganar el voto popular.

Entiendes la idea. Trump es alguien que ha llevado las teorías de la conspiración del borde hasta el centro de la conversación nacional. Él ha incorporado no solo conspiraciones específicas, sino también el pensamiento conspirativo.

En la raíz del ethos político entero de Trump está la idea de que “ellos” no te están contando toda la historia. Que las élites se protegen a sí mismas ocultándole hechos inconvenientes a las personas. Ellos siempre lo han hecho. Y nunca se detendrán.

El abrazo de Trump a las teorías de la conspiración proporciona una gran cantidad de cobertura para aquellos que venden esta basura. Incluso, así él no le haya dado voz específicamente a la idea de que los asesinatos de Parkland fueron una especie de operación falsa diseñada para engendrar un sentimiento contra las armas, ya ha cultivado el tipo de pensamiento conspirativo que da lugar a estas ideas como parte integrante de nuestro diálogo diario.

Si los liberales pueden encontrar una manera de emitir millones de votos ilegales, ¿por qué entonces no podrían también hallar el modo de explotar y diseñar la reacción a un tiroteo masivo en una escuela?

Este es el impacto más amplio –y menos cubierto– de la reconstrucción fundamental que ha hecho Trump sobre lo que un presidente puede y debe significar para Estados Unidos y el mundo. Independientemente de si Trump está de acuerdo o no con alguna de las teorías de conspiración sobre Parkland que abundan en internet y en la radio conservadora, él les ha permitido, por sus palabras y acciones pasadas, obtener una audiencia mucho más amplia de lo que merecen. Y eso es una maldita vergüenza.