(CNN) - Un buzo británico que descubrió a los 12 niños y su entrenador atrapados en una cueva inundada en Chiang Rai, al norte de Tailandia, describió el momento en que los vio por primera vez y restó importancia a los comentarios que lo señalaban como héroe. 

El bombero retirado Rick Stanton y su compañero de buceo John Volanthen encontraron a los niños en las profundidades de la cueva nueve días después de su desaparición.

Stanton estaba hablando en una conferencia de prensa en el aeropuerto de Heathrow, en las afueras de Londres, este viernes. Lo acompañaban los buzos británicos Josh Bratchley, Chris Jewell y Connor Roe, el saltador irlandés Jim Warny y los rescatadores de cuevas Mike Clayton y Gary Mitchell.

Cuando se les preguntó cómo se sintieron cuando descubrieron vivo a todo el joven equipo de fútbol, Stanton respondió: "Emoción, alivio de que todavía estuvieran vivos. Mientras descendían por la ladera, los estábamos contando hasta que llegamos a 13. Increíble", dijo.

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"Les dimos un poco de luz adicional, todavía tenían luz, se veían en buen estado de salud. Luego, por supuesto, cuando nos fuimos, todo en lo que podíamos pensar era en cómo íbamos a sacarlos. Había alivio, mezclado con incertidumbre", agregó.

Se negó a precisar cómo su equipo rescató a los niños, diciendo que eran "demasiados detalles para este momento".

"Lo más importante era una máscara facial completa con presión positiva para que respiraran y se relajaran lo suficiente como para no sentir ansiedad durante el proceso", dijo.

Buzos de la misión de rescate de los niños atrapados en la cueva de Tailandia. De izquierda a derecha: Chris Jewell, Mike Clayton, Rick Stanton, Connor Rae, Josh Bratchley, Gary Mitchell y Jim Way, declaran a los medios tras arribar al aeropuerto Heathrow de Londres. (Créditos: Steve Parsons/PA Images via Getty Images)

"¿Somos héroes?", se preguntó. "No, solo usamos un conjunto de habilidades únicas, que normalmente usamos para nuestros propios intereses y, a veces, podemos usar eso y devolverle algo a la comunidad", respondió.

Jewell dijo que las condiciones de buceo "eran extremadamente desafiantes, había poca visibilidad y responsabilidad por la vida de otro ser humano".

El buzo británico ayudó a identificar la ubicación de los niños

El espeleólogo británico Vern Unsworth, de 63 años, que vive en Chiang Rai, jugó un papel decisivo para vincular a las autoridades tailandesas con los expertos británicos. "Estaba programado ir a la cueva el 24 de junio de todos modos", dijo Unsworth a CNN en una entrevista en Tailandia.

El papel de Unsworth en el rescate también fue fundamental debido a su conocimiento íntimo del sistema de cuevas de Tham Luang, que describe como su "segundo hogar" después de pasar los últimos seis años explorándolo.

Él había estado involucrado en operaciones de rescate en cuevas en el Reino Unido antes, pero "nada en esta escala".

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Fue Unsworth quien localmente identificó dónde creía que estaría esperando el equipo de Wild Boars. Fueron encontrados a 200 metros de ese punto, que era "probablemente el mejor lugar donde podrían haber estado", dijo.

La inundación de la cueva no pudo haber sido pronosticada, dijo, ya que la inundación había llegado entre tres y cuatro semanas antes que el año pasado.

"Estos niños fueron totalmente desafortunados. Lugar equivocado, momento equivocado", dijo. "Pasó muy rápido. No se puede culpar al entrenador, no se puede culpar a los niños", continuó.

Carrera contra el tiempo

En los primeros días de la operación de búsqueda, Unsworth dijo que rápidamente se dio cuenta de que se requería experiencia externa, y aconsejó a las autoridades tailandesas que contrataran buzos especialistas en cuevas que habían tratado con rescates similares en el pasado.

"Fue una carrera contra el tiempo", dijo. "Necesitaban buzos de clase mundial y eso es lo que obtuvimos", continuó.

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Unsworth describió cómo después de la euforia de encontrar al equipo, se enfrentaron con la realidad de la tarea aparentemente imposible por delante: sacarlos de la cueva.

"Llegas a un escenario en el que a solo 200 metros de la cueva golpeas lo que llamamos un sumidero donde el agua se encuentra con el techo", dice. "Entonces, de todos modos, eso dificultaba la entrada al sistema, sin importar si empezábamos desde el punto de buceo, que era la cámara tres".

Niños sedados

Las complejidades del buceo en cuevas y la ruta peligrosa que los buzos tenían que tomar con los niños, muchos de los cuales no nadan, los llevó a decidir sedar a los niños para que "dejaran de entrar en pánico" durante el rescate, dice Unsworth.

"Fue la única manera", dijo. Añadió que esto también reduciría el daño psicológico a largo plazo, pues no recordarán el rescate real.

El siguiente desafío, dijo Unsworth, fue la coordinación entre todos los diferentes grupos, incluidos buzos de la Marina tailandesa y voluntarios extranjeros.

"Nunca habían estado involucrados en algo como esto", dice. "Creo que era solo comunicación. A veces era difícil. A veces las cosas se malinterpretaban".

Unsworth dijo que esperaba una "alta tasa de desgaste" en términos de la supervivencia de los niños, pero agregó que las esperanzas aumentaron después del primer día del rescate.

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El empeoramiento del clima se sumó a las preocupaciones entre los equipos de rescate.

Mientras hablaba con CNN en un café al norte de Chiang Rai, Unsworth parecía exhausto física y emocionalmente, y todavía se tambalea por el resultado del rescate.

"Solo sacar a alguno de ellos vivos hubiera sido un milagro. Pero obtener 13 de 13 ... no volverá a suceder", dice. "(Es el) mayor milagro de todos los tiempos", finaliza.

Patrick Sarnsamak de CNN contribuyó a este informe. Rebeccae Wright informó de Chang Rai y Hilary Clarke escribió desde Londres.