Nota del editor: Camilo Egaña es el conductor de Camilo. Las opiniones expresadas en este artículo son exclusivas del autor.

(CNN Español) - "La única patria que tiene el hombre", decía el escritor austríaco Rainer María Rilke, "es la infancia".

Hubo una época en que eran los demás los que siempre se morían. Y uno pasaba de puntillas, pero sin sobresalto alguno, porque eso de morir nos parecía tan lejano, tan improbable, como acaso le pareció a Garrett Matthias.

Murió el 6 de julio en Iowa, Estados Unidos; tenía 5 años. Cáncer. Una forma rara y devastadora de cáncer.

Su imagen de niño calvo y demacrado pero sonriente, y el obituario que escribió con la ayuda de sus padres, desplazaron por un momento la petulancia universal.

El chico pedía que su funeral no fuera triste. Eso, para empezar. Y luego, que cuando ya no estuviera, le gustaría convertirse en "un gorila y arrojarle caca a papá".

El texto no es un obituario ni una carta de despedida; es la nota de un chiquillo que celebraba la vida incluso cuando lo sedaban con la “nariz de mono” (la máscara del hospital) antes de su ‘’catéter’’, entiéndase, la sesión de quimioterapia.

Garret le llama al cáncer, estúpido. ¿Y hay mejor manera de calificarlo?

"Quiero ser cremado (…) y convertirme en un árbol para poder vivir en él cuando sea un gorila".

Mas de 700 personas asistieron al funeral en un lago cercano a la casa de Garrett. Y como había pedido el niño, hubo castillos inflables, helados y un arquero que disparó una flecha con fuego a una barquita. Como en la mitología nórdica se hacían los rituales de la cremación. Los vikingos incineraban a sus muertos en barcos funerarios.

Garret era fan de Thor, un superhéroe de cómic que entre los nórdicos de la antigüedad era el dios del trueno.

Garret se ha ido como el dios más poderoso y entrañable.