(CNN) – Años después de desertar de Rusia y reubicarse en Estados Unidos, el exespía de la KGB Alexander Zaporozhsky fue tentado por regresar al país que había traicionado. La CIA le advirtió que no volviera.

Varios altos funcionarios de inteligencia trataron –sin éxito– de disuadir a Zaporozhsky, quien le entregó a EE.UU. información valiosa que en últimas llevó a la captura del agente del FBI y espía ruso Robert Hanssen, según le relataron a CNN antiguos funcionarios cercanos al caso.

Pero el agente ruso de inteligencia, que ya era una ficha estadounidense, insistió en regresar a Moscú en 2001. Fue detenido y encarcelado en Siberia por sus vínculos con Occidente.

Finalmente, Zaporozhsky fue liberado en 2010 y enviado de regreso a EE.UU., como parte de un intercambio de espías con Rusia que también incluyó a Sergei Skripal, un excoronel de la KGB condenado por espiar para Gran Bretaña luego de confesar el crimen. Por su lado, Estados Unidos liberó a 10 individuos acusados de manejar un anillo de espionaje ruso en el país para cumplir el acuerdo.

Zaporozhsky ha pasado inadvertido desde que recobró la libertad y su paradero sigue siendo un secreto, pero el nombre de Skripal reapareció públicamente en marzo pasado cuando fue envenenado con un químico neurotóxico en la ciudad británica de Salisbury. Un incidente que, según aseguran Reino Unido y Estados Unidos, fue trabajo del gobierno ruso. Aunque Moscú niega cualquier participación en los hechos.

“Las joyas de la corona de la inteligencia humana”

La recolección de inteligencia humana y el reclutamiento que hizo la CIA de espías extranjeros fueron cruciales para los esfuerzos de EE.UU. durante la Guerra Fría. De hecho, continúan desempeñando un papel protagónico en el mundo del espionaje global que todavía evoluciona.

Por un lado, cuerpos de inteligencia como la CIA trabajan constantemente en identificar y capturar a los agentes extranjeros que operan dentro de EE.UU. y representan rivales agresivos como Rusia, China e Irán. Una preocupación que fue destacada por el proceso penal contra Mariia Butina, de 29 años, quien es una supuesta agente rusa.

Butina se declaró inocente de los cargos de conspiración y de actuar como agente extranjero en EE.UU. Además, su abogado Robert Driscoll le dijo a CNN este miércoles que ella no aceptaría ningún trato por parte de los fiscales si eso significaba admitir que es una espía.

Pero la otra cara de la moneda es un mundo de sombras donde los desertores como Zaporozhsky y Skripal representan el máximo trofeo y se arriesgan por completo.

En EE.UU., la CIA cuenta con un programa que se enfoca en rescatar y reubicar secretamente a espías que, como ellos, están en peligro de ser capturados o asesinados por traicionar a su país al servicio de Washington.

Sin embargo, los riesgos no desaparecen cuando llegan a las costas de Estados Unidos, ya que sus antiguos jefes usualmente continúan persiguiéndolos, según le explicaron a CNN exfuncionarios de inteligencia. Y esos desafíos solo se han hecho más difíciles con el avance de las capacidades cibernéticas y la evolución de las redes sociales, pues la tarea de proteger a los desertores resulta muy compleja.

“Durante décadas, los desertores de alto nivel han sido la joya de la corona de la inteligencia humana”, señaló Joe Augustyn, un agente retirado de la CIA que dirigió el programa de desertores durante tres años.

“Dada la tecnología disponible para nuestros adversarios y la dificultad de ocultarse a plena vista, el desafío que tiene la CIA de proteger a los espías que están entre nosotros nunca ha sido mayor”, indicó Augustyn.

El general Michael Hayden, exdirector de la agencia, le explicó a CNN que los desertores no ayudan únicamente con inteligencia actual o pasada. “Hemos descubierto que los desertores son una fuente de información profunda y a largo plazo y que ellos aclaran cosas que tal vez nosotros ya hemos recopilado pero no entendemos, así como aquella información que podríamos tener en el futuro”, aseguró.

Aunque la CIA mantiene intencionalmente un alto nivel de secreto sobre las operaciones para proteger a los desertores, incidentes como el envenenamiento de Skripal recuerdan que lo que está en juego para quienes participan en operaciones clandestinas y para los controladores responsables de su bienestar nunca ha sido tan grande como ahora.

Escondiéndose a plena vista

El programa de desertores de la CIA existe desde 1949, cuando el Congreso de Estados Unidos aprobó una ley en la que le permitía a la agencia reubicar hasta 100 nacionales extranjeros en el país si resultaba “en el interés de la seguridad nacional o esencial para el fomento de la misión de inteligencia nacional”.

A pesar de que la CIA no utiliza la cuota total permitida en cada año, la realidad es que hay cientos de espías viviendo en EE.UU. con nuevas identidades y reasentados en comunidades de todo el país.

Las decenas de funcionarios de la agencia que trabajan para el programa tienen la responsabilidad de mantener un registro de dichos agentes y de asesorarlos en la mejor manera posible por el resto de sus vidas. Siempre sabiendo que los adversarios extranjeros continúan buscándolas agresivamente.

Las señales de que Rusia estuvo detrás del envenenamiento contra Skripal proporciona más evidencias de que Moscú permanece especialmente atento en su búsqueda para hallar a quienes traicionaron a su patria. Incluso, a veces demostrando la voluntad de esperar pacientemente por una oportunidad para tomar represalias.

No todos los espías califican para ser trasladados, pero Estados Unidos trabaja en rescatar a oficiales de alto rango, agentes de inteligencia, académicos, científicos y otros trabajadores con acceso a información delicada y quienes están en riesgo inminente de ser atrapados o arrestados.

Si se logra exitosamente sacar al desertor de su país de origen, muchas veces bajo la oscuridad de la noche, él y su familia recibirán nuevos nombres, clases de inglés, algo de dinero, una casa y consejos: no utilicen las redes sociales, no contacten a nadie en el lugar que dejaron atrás.

Incluso hay casos curiosos en los que la CIA ha colaborado. Una vez la agencia le ayudó a un hombre que quería entrar a la universidad con los registros falsos que necesitaba para aplicar y en otra ocasión los funcionarios facilitaron un divorcio secreto para un desertor cuya esposa aún vivía en el país del que él escapó.

También hay psiquiatras en el programa, que trabajan ayudando a las familias a adaptarse a su nuevo entorno.

Pero las reglas no siempre se siguen. Algunos de los hijos de los exespías no resistieron la tentación de las redes sociales, mientras que otros decidieron volver a sus países de origen después de no adaptarse a la vida en Estados Unidos.

Los desafíos de la nueva vida

Los desertores representan una gran cantidad de desafíos psicológicos y logísticos para los funcionarios de la CIA encargados de ellos, mientras atraviesan la compleja realidad del reasentamiento de por vida.

Algunos mantienen una “fuerte creencia antinatural de su propia invulnerabilidad” que puede manifestarse durante años en el programa, un rasgo que suele convertirlos en blancos de coacción y puede tener consecuencias potencialmente fatales, según Augustyn. Mientras que otros no pueden reconciliarse con el hecho de que no son más la persona que solían ser, agregó.

Y aunque la CIA entrega a los desertores nuevas identidades y profesiones, los empleos que reciben suelen ser de niveles dramáticamente inferiores a los altos rangos militares, políticos o de inteligencia que tenían en su país y los convirtieron en objetivos atractivos de reclutamiento en un principio. Un desertor de alto nivel incluso se convirtió en repartidor de pizzas tras su reubicación en Estados Unidos, comentó Augustyn.

Ese cambio de estilo de vida puede ser estremecedor para los desertores y sus familias, quienes se ven obligados a abandonar partes de su vida que durante mucho tiempo fueron base de su identidad.

Ahora, Rusia no es el único adversario extranjero interesado en rastrear a los desertores que viven en Estados Unidos. La CIA ha reubicado a personas de China, Irán y Corea del Norte, y esos países también quieren dar con su paradero.