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El Apunte de Camilo

Todo el mundo canta en Cúcuta

Por Camilo Egaña

Nota del editor: Camilo Egaña es el conductor de Camilo. Las opiniones expresadas en este artículo son exclusivas del autor.

(CNN Español) — El ministro de Información de Maduro, Jorge Rodríguez, anuncia que su gobierno organiza un “gran concierto” en la frontera con Colombia para paliar de alguna manera, la pobreza en la que viven los habitantes de la ciudad colombiana de Cúcuta. Rodríguez promete el envío de comida y la presencia de “pediatras, cirujanos, odontólogos”.

De tal modo el régimen chavista responde al concierto de artistas internacionales que se realizará el viernes desde el lado colombiano de la frontera para apoyar el ingreso de ayuda humanitaria a Venezuela.

La suerte está echada y es el campo propicio para la “batalla de los conciertos”.

La inevitable frivolización de un momento político horrible para los venezolanos ya está en marcha y no hay quien la pare.

Cuando a finales de los años 80, Cuba perdió el padrinazgo soviético, Fidel Castro en uno de sus discursos interminables, les recomendó a las mujeres que cuidaran sus vestidos porque durante algún tiempo no entrarían más telas al país. La isla había perdido el cheque en blanco que giraba Moscú. Ni telas, ni comida ni combustible, nada…

El propio Fidel bautizó aquello como el “periodo especial en tiempo de guerra”, pero en realidad era “la madre de todas las crisis”, la peor de todas en un país que ha vivido en crisis durante los últimos sesenta años.

La isla parecía haberse reducido, estrechado, adelgazado; la gente soportaba apagones de 16 horas diarias, muchas fábricas estaban paralizadas, el transporte público casi que desapareció – usted podía estar tres o cuatro horas esperando un autobús-, y algunos se atrevían a comer bistec de cáscara de toronjas o pizza de calabaza. O pan de boniato.

Como no había productos de aseo personal, reapareció la sarna en las casas más distinguidas y la isla tuvo que enfrentar sin recursos, una “enfermedad nueva”: la neuritis. La pérdida repentina de la visión central, la visión lateral o ambas debido a una disminución o interrupción del flujo sanguíneo hacia el nervio óptico. Según la Organización Mundial de la Salud (OMS), la neuritis en sus dos variantes había afectado en mayo de 1993 a más de 28.000 personas.

Y en medio de todo eso el gobierno organizaba un día sí y otro también, megaconciertos con los artistas nacionales más populares.

Donde quiera florecía una tarima y unos altavoces; panes con croquetas y refrescos que no había en ningún otro sitio, y consignas políticas.

El animador de turno solía gritar cosas como estas: “¡El que no salte, es yankee!”.

Y miles de cabezas saltaban como las bolitas del mercurio cuando se rompe un termómetro.

Nunca se supo cómo el gobierno garantizaba aquellos “actos de reafirmación revolucionaria” y era incapaz, sin embargo, de asegurar la comida del día a día.

Cuba nunca anunció de modo formal el fin del período especial. Uno de los organizadores de aquellos megaconciertos, que alguna vez fue percibido por la prensa extranjera como “un sujeto prometedor y entusiasta” es hoy un paria político que anda como un zombie por La Habana. Y ya nadie recuerda que quien no saltara…se llevaba el abucheo de los demás.