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Análisis

ANÁLISIS | Beirut nunca volverá a ser la misma

Por Tamara Qiblawi

(CNN) — Beirut ha sido durante mucho tiempo sinónimo de la palabra explosión. La ciudad fue el principal punto crítico de la guerra civil de 15 años de Líbano, una de las más largas del mundo. Y solo en los últimos 15 años, ha sido testigo de una serie de asesinatos, un conflicto civil de días, una guerra internacional de un mes y años de agitación económica y política.

A lo largo de estas décadas, los residentes de Beirut trataron de mostrarle al mundo que eran más que la suma de sus crisis. Que para millones de libaneses y cientos de miles de refugiados que viven allí, su hogar alardeaba de las vistas de verdes colinas contra un fondo azul marino costero. Allí se crearon profundos lazos comunitarios y la empresa y el arte proliferaron en las calles llenas de ansiedad. Que la ciudad era esencialmente humana debido a su capacidad para conquistar el diluvio de problemas que surgieron de una de las fallas geopolíticas más tensas del mundo.

Pero cuando una enorme explosión en el puerto principal del país arrasó Beirut y sus alrededores el martes, su gente finalmente se vio impotente.

The aftermath of Tuesday's blast is seen at the port in Beirut.

La explosión, que causó daños a unos 10 kilómetros de distancia, fue el peor evento violento que la ciudad haya visto. Barrios enteros yacen en ruinas. Cientos de miles de residentes de la ciudad fueron desplazados. Las calles estaban cubiertas de fragmentos de vidrio. La gente se sentó en las aceras fuera de sus casas destruidas, con las caras empapadas en lágrimas. A los gritos, los beirutíes buscaron frenéticamente a sus seres queridos bajo los escombros. Los gritos de bebés ensangrentados resonaron en las salas de hospital llenas de heridos. Algunos de los médicos operaron a los sobrevivientes bajo las luces de los teléfonos celulares debido a los frecuentes y largos apagones de la ciudad.

En una ciudad que durante mucho tiempo fue una mezcolanza de diferencias políticas, religiosas y económicas, el daño no evadió a nadie. Al menos 135 personas están muertas, con docenas más desaparecidas, según el ministro de Salud. Más de 4.000 personas han resultado heridas.

Beirut busca responsables de la gigantesca explosión 2:17

El puerto de Beirut, el principal salvavidas del Líbano hacia el mundo exterior, fue destruido y la gran mayoría de los residentes de la ciudad se vieron atrapados en una secuencia aparentemente interminable de escenas desesperadas y apocalípticas. El silencio cayó sobre los habitantes experimentados en conflicto. El misterioso evento provocó especulaciones, pero la tristeza parecía haber eclipsado la ira.

Respondiendo a las condolencias de un representante de la ONU, la profesora asociada de la Universidad Estadounidense de Beirut Carmen Geha tuiteó: «Gracias, las únicas condolencias que actualmente aceptamos son aquellas con el compromiso de la comunidad internacional con la justicia y la ayuda».

«Todavía estamos contando nuestros muertos y sacando cuerpos de debajo de los escombros», agregó.

Beirut nunca volverá a ser la misma, dijeron residentes y analistas de la ciudad.

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«Es un momento psicológico enorme», dijo Karim Makdisi, otro profesor asociado de la Universidad Estadounidense de Beirut. «No creo que Beirut sea la misma después de esto. Su línea de contacto con el mundo ha sido literal y metafóricamente destruida».

«Como un momento individual, la explosión fue increíble en su violencia y simbolismo puros».

En un país que sufre una de las peores crisis económicas de su historia, el puerto de Beirut seguía siendo uno de los pocos centros de actividad comercial activa. Incluso cuando la moneda se hundió y la pobreza se disparó, los envíos de bienes continuaron llegando.

El Líbano depende en gran medida de las importaciones para satisfacer sus necesidades básicas. El principal silo de granos del país fue destruido en la explosión, lo que aumentó los temores de una gran escasez de trigo en las próximas semanas.

Las autoridades están tratando de desviar los envíos al puerto mucho más pequeño de la ciudad norteña de Trípoli, pero existe la preocupación de que su puerto no tenga la capacidad de recibir grandes barcos.

«Una vez que el dolor y la conmoción disminuyen, la ira y el dolor se derraman en protestas renovadas y exigen que estos políticos durante las últimas dos o tres décadas rindan cuentas de alguna manera», dijo Makdisi. «La otra posibilidad es la sumisión a los poderes fácticos y una reducción de las agrupaciones políticas».

Beirutis on Wednesday, a day after the explosion.

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Las teorías más prominentes sobre la explosión cataclísmica apuntan a la negligencia de las autoridades.

El primer ministro, Hassan Diab, quien se ha calificado a sí mismo como un reformador frente al poder establecido, ha prometido responsabilizar a los culpables, tras indicar que el almacén que explotó ha estado en condiciones «peligrosas» durante seis años. El jefe de aduanas libanesas, Badri Daher, dijo que envió seis memorandos al poder judicial advirtiendo sobre sustancias peligrosas que se mantenían en el puerto.

Las fuerzas armadas han declarado un estado de emergencia de dos semanas, lo que se suma a la profunda sensación de aprensión a medida que los residentes de la ciudad intentan la reconstrucción.

La explosión se produjo solo unas horas después de que los funcionarios de salud hicieron sonar las alarmas sobre la respuesta del Líbano a un reciente aumento en los casos de covid-19. El martes por la mañana, el jefe del principal hospital público del país que trata a pacientes con coronavirus anunció que sus instalaciones se estaban acercando a su capacidad máxima.

Fue una declaración que parecía predecir el peor de los casos para el sistema de salud del Líbano, que ya se doblaba bajo el peso de la catástrofe económica. Horas después del anuncio, la explosión envió a miles de personas a los hospitales de Beirut.

A damaged facade.

Una mujer a la que bañaron los vidrios rotos fue transferida de un centro de salud a otro y fue rechazada repetidamente. Finalmente fue ingresada en un hospital en un pueblo de montaña, donde recibió 40 puntos de sutura.

Un ciudadano estadounidense en Beirut le dijo a CNN que visitó el Hospital St. George en Beirut, uno de los dos hospitales dañados por la explosión, donde ofreció donar sangre. El guardia de seguridad lo rechazó. «No necesitamos sangre, porque no hay hospital. Estamos en cero», dijo el guardia.

El Ministerio de Salud del Líbano ha dicho que establecerá hospitales de campaña para atender a miles de personas heridas, pero no está claro cómo planea abordar sus crecientes casos de covid-19 en medio de la devastación.

«Buena suerte tratando de cerrar la puerta cuando la mayoría de las personas están reconstruyendo sus hogares y dos hospitales han sido destruidos. ¿Quién va a hacer la PCR?» dijo Makdisi, refiriéndose a las pruebas de covid-19.

«Es como si el coronavirus hubiera desaparecido, pero no ha desaparecido. Es como si la crisis financiera hubiera desaparecido, pero no ha desaparecido», dijo Makdisi. «¿Cómo pones estas crisis una encima de la otra y tratas de protestar?»

«La gente tiene una sensación de pérdida e impotencia y todos quieren irse y salir del país. Han renunciado a eso».

Una mujer interpreta un popular tema escocés, en medio del dolor en Beirut 0:44

Aún así, algunos manifestantes son desafiantes, creyendo que las nuevas protestas podrían trazar una vez más un nuevo futuro político.

Y muchos ya están furiosos.

«Hoy lloramos y ayudamos. Mañana enterramos a nuestros muertos», escribió el activista y comediante Shaden Fakih en su página de Facebook el martes. «Más tarde, levantaremos la horca».