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Sacerdote a bordo del vuelo 2431 siniestrado en Durango da el crédito a la tripulación por las vidas salvadas

“Voy a ser el padrecito biónico”, bromea el sacerdote Esequiel Sánchez, quien estaba a bordo del vuelo 2431 siniestrado en Durango, México, y que espera una cirugía en la que colocarán una pieza metálica a su brazo fracturado. El sacerdote, quien tiene su parroquia en Illinois, Estados Unidos, relata con detalle su experiencia al momento del accidente y al igual que otros testigos también recuerda que “caía lluvia fuerte con granizo” al momento del despegue fallido. Sánchez destaca que la tripulación fue “muy profesional” y que “nunca perdieron la calma”, les da el crédito por evitar que se perdieran vidas y agradece a Dios que el avión no se volteara y dice que “el milagro más grande es que nadie se murió”.