¿Qué hacer cuando tu hijo cuestiona la existencia de Santa Claus?
12 diciembre 2011
02:09 PM ET

¿Qué hacer cuando tu hijo cuestiona la existencia de Santa Claus?

(CNN) — En el patio de recreo surgió un gran alboroto porque el pequeño Tommy dijo a todos sus compañeros de clase que no existía Santa Claus.

Es una situación incómoda que tanto el Ratón de los Dientes como el Conejo de Pascua conocen muy bien, y tiene el potencial para dejar a los padres aturdidos como renos mirando los faros.

Por lo general involucra a niños angustiados acorralando a sus padres después de la escuela con los ojos como platos, y estallando impulsivamente: “¡Tommy me dijo que no existe Santa Claus!” (o San Nicolás, Papá Noel, Kris Kringle o Babbo Natale).

Heather Barranco conoce el incómodo asunto muy bien: su propia hija dijo recientemente a varios de los niños en el jardín de niños que Santa Claus no existía. Por razones espirituales, la familia Barranco ha renunciado a la tradición de Santa Claus.

“Una de las madres, de quien yo era amiga, me dijo que ya no le permitiría a su hija jugar con mi hija”, dice Barranco. “Ella cuestionó mis habilidades como padre y dijo en voz muy enojada: 'Yo no sé qué están enseñando a sus hijos en su casa. Sin embargo, nosotros creemos en Santa Claus y en las hadas. Tu hija le quitó algo muy especial a mi familia”.

Barranco, profesora de una escuela católica, aconseja desde entonces a sus hijos que no “expongan” al hombre alegre de barba; que dejen que los demás crean en él si están inclinados a ello.

“Ten en cuenta que el niño no está tratando de ser malo, sino que simplemente se adelantó a los demás en el desarrollo de este concepto”, dice Tina Feigal, asesora de padres, expsicóloga escolar y autora de The Pocket Coach for Parents.

“Los niños hablan de lo que está pasando en su interior, lo cual es natural para ellos”, dijo Feigal. “No hay que culparlos”.

Cuando surge la situación, corresponde a cada padre decidir la mejor manera de responder a la pregunta, dice Fran Walfish, psicoterapeuta infantil y familiar, y autora de The Self-Aware Parent (Padres conscientes de sí mismos).

Aunque las edades de las creencias varían considerablemente de un individuo a otro, Walfish dice que los niños menores de 7 años de edad —como lo demuestra la clase de jardín de niños de Barranco— son propensos a creer lo que sus padres les dicen.

Entre el segundo y cuarto grado de primaria se alcanza el punto máximo de lo que Walfish nombra como fase de latencia del desarrollo del niño, y es también el periodo durante el cual los padres pueden esperar la pregunta. (Virginia O'Hanlon, de ocho años, quien escribió la famosa carta al editor del New York Sun en 1891, estaba en tiempo).

“El objetivo de la adolescencia es resolver la separación de los padres y emerger adoptando sus propias ideas, opiniones y creencias”, dice Walfish.

Durante esta fase, los padres pueden esperar ver un aumento en la duda: ya sea que el niño insiste en ir a la oficina de correos para entregar su carta al Polo Norte, quedarse hasta tarde para vigilar la chimenea, comparar las etiquetas de regalo con la letra de papá, e incluso cuestionar la logística de los viajes en trineo.

Para este último punto, el exprofesor de matemáticas Benjamin John Coleman instó a sus estudiantes a pensar en las cuatro dimensiones: longitud, área, volumen y tiempo.

“Somos capaces de manipular fácilmente la longitud, área y volumen. Para la longitud, piensa en cortar un trozo de cuerda; para el área, hay que cortar un cuadrado de un pedazo de papel; y para el volumen, llenar un globo de agua. El problema es que los humanos no pueden manipular el tiempo como podemos hacer con la longitud, área y volumen”.

“¿Pero, y si Santa Claus pudiera?”, se pregunta. “Podría hacer que la víspera de Navidad dure 10, 100, 1,000, o incluso un millón de horas, justo como nosotros podemos cortar un pedazo de cuerda de cualquier longitud. Tendría mucho tiempo para entregar todos los regalos”.

Los niños desconfiados pueden seguir el viaje de Santa Claus en todo el mundo por satélite en la víspera de Navidad, gracias al Comando de Defensa Aeroespacial de América del Norte (NORAD, por sus siglas en inglés).

NORAD, como Coleman, también sugiere que “la única conclusión lógica es que Santa de alguna manera funciona dentro de su propio espacio-tiempo continuo”.

En última instancia, cualquier curiosidad por el folclor es una oportunidad para enseñar a los niños la importancia de encontrar su propia voz y verdades en el mundo, dice Paul Hokemeyer, terapeuta matrimonial y familiar.

“Explíquales que el mundo es un lugar diverso y amplio donde las personas tienen opiniones diferentes sobre el mismo tema”, dice. “También explica lo importante que es creer en lo que se siente verdadero en un momento determinado en el tiempo y aferrarse a eso mientras se sienta honesto y verdadero”.

Feigal también aboga por dejar a su hijo llegar a sus propias conclusiones, y que cuestionar las cosas es una buena señal de madurez.

“Los adultos deben tomar más una 'actitud curiosa' en vez de 'fijar una posición' sobre este tema. Haz preguntas, y no te apresures a 'corregirlo todo' para tu hijo”, recomienda Feigal.

Y tan confuso como puede ser para un niño que aún cree, también es confuso para los niños que deciden no creer, como los hermanos mayores, dice Walfish.

Que se les pida no decir a un hermano o hermana menor lo que piensan, puede ser una carga para el hermano mayor que guarda el secreto, por lo que Walfish recomienda asesorarlos para que reflexionen. “Dile: 'A medida que creces, tus ideas y creencias pueden cambiar. Para los más pequeños es más divertido creer”.

“Las mamás y los papás necesitan relajarse y darse libertad”, dice. “No estás alterando la verdad para un beneficio personal. Santa es parte de nuestro folclore de Navidad. Estás transmitiendo el folclore, manteniendo la tradición y permitiendo que tu hijo disfrute plenamente de la magia”.

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