Pescado mal etiquetado, un fraude que abarrota los mercados de EE.UU.
De las 1.215 muestras que eventualmente fueron examinadas, se determinó que 401 estaban mal etiquetadas.
22 febrero 2013
07:26 PM ET

Pescado mal etiquetado, un fraude que abarrota los mercados de EE.UU.

Por Kat Kinsman

(CNN) — El pescado mal etiquetado está inundado el mercado estadounidense y al parecer los habitantes de ese país no lo saben, de acuerdo con un nuevo estudio de un grupo ambiental activista.

Una revisión a las ventas de mariscos en todo el país por parte del grupo de conservación de océanos, Oceana, encontró que aproximadamente una tercera parte de los mariscos vendidos en las tiendas de Estados Unidos, mercados de mariscos, restaurantes y lugares de sushi son cambiados por especies más baratas, sobreexplotadas o que son riesgosas para la salud.

Beth Lowell, directora de campaña para Oceana, dijo a CNN que el estudio fue realizado durante dos años y abarcó los puntos de venta en áreas metropolitanas grandes en 21 estados.

El equipo y los partidarios de la organización compraron 1,247 piezas de pescado y enviaron las muestras a un laboratorio para examinar su ADN y determinar si las especies coincidían con el menú dentro de la tienda o con la etiqueta según las pautas de marca de la Dirección de Alimentos y Medicamentos de Estados Unidos (FDA, por sus siglas en inglés).

De las 1.215 muestras que eventualmente fueron examinadas, se determinó que 401 estaban mal etiquetadas.

La FDA, que es la principal responsable de la seguridad de los productos del mar en Estados Unidos, utiliza un recurso basado en la web conocido como la Enciclopedia Regulatoria de Pescado para ayudar en la identificación de especies de pescado comercialmente importantes.

La agencia trabajó con varias organizaciones, incluido el Instituto de Biodiversidad de la Universidad de Guelph en Ontario, Canadá, donde se realizaron las pruebas del estudio de Oceana, para desarrollar el programa de Código de Barras de Iniciativa de Vida del Pescado (FISH-BOL), que presentó un sistema definitivo y universal para identificar los pescados

El fraude de marcas es de interés particular para la FDA no sólo porque la falta de una convención de etiquetado estándar prevendría la identificación correcta de especies e inhibiría el conocimiento de los procesadores y consumidores sobre los peligros potenciales de seguridad y alergias, sino debido a que puede permitir el fraude económico debido a que el pescado de gran valor es cambiado por especies de menor valor.

La lista de mariscos de la FDA identifica nombres científicos, comunes, vulgares y comerciales aceptables y especifica cuáles pueden usarse indistintamente para evitar cualquier ambigüedad en el mercado. La agencia ve con buenos ojos el uso de nombres comunes, que usualmente se presentan a nivel regional.

Los dos pescados con una mayor etiquetación errónea, según Oceana, fueron el huachinango, el cual se sustituyó con 33 especies diferentes de pescado incluidos perca, besugo y tilapia.

También el atún, que en su mayoría fue reemplazado con escolar, un pescado largo a menudo prohibido ya que puede causar molestias gástricas leves a graves a aquellos que lo consumen.

En muchos casos, el bacalao del Atlántico, que a menudo es sobreexplotado, fue etiquetado erróneamente como bacalao del Pacífico (y viceversa).

Lo mismo sucede con el pescado mero que a menudo fue reemplazado con especies en peligro incluido el mero del Golfo y mero moteado, o en un caso, por caballa, un pez con alto contenido de mercurio que el gobierno federal estadounidense advierte que ciertos grupos sensibles no deben comerlo, como las mujeres embarazadas.

El mayor fraude se da en el sushi

El lugar más frecuente donde el pescado fue etiquetado erróneamente fueron los restaurantes de sushi. De 118 restaurantes visitados, el 95% del pescado vendido variaba de la identificación de su menú, incluido los anteriormente mencionados huachinango y atún, así como el pescado de cola amarilla/hamachi, que fue etiquetado erróneamente en todos los casos.

Los comensales que no fueron a restaurantes de sushi recibieron ingredientes considerablemente más honestos, según Oceana; más de la mitad de los 148 restaurantes visitados por la organización vendieron pescado etiquetado incorrectamente (el huachinango y el bacalao fueron los más comunes en ser confundidos).

Y a los compradores de supermercados fue a los que les fue mejor, con sólo 27% de las 408 tiendas con venta de mariscos que no estaban a la altura de lo que decía su etiqueta.

Aunque este fue uno de los mayores estudios hasta la fecha, los resultados hicieron eco de estudios previos realizados por el Boston Globe, que reportó 48% de los productos etiquetados erróneamente en 183 muestras locales en 2011, con pocas mejorías en un seguimiento de 2012.

Consumer Reports identificó un 20 a 25% mal etiquetados y la Oficina de Rendición de Cuentas del Gobierno de Estados Unidos, utilizó sus resultados de 2009 para pedir al gobierno federal recursos de inspección adicionales.

Los autores del fraude

¿Pero quién es responsable de este extenso fraude y por qué ocurre?

Allí es donde las cosas se complican, a pesar de los esfuerzos en la industria de los mariscos. Los pescadores estadounidenses proporcionan la mayoría de esta información en el muelle, pero protegen el producto de los participantes en programas voluntarios como Trace Register o Trace and Trust, por lo que es extremadamente difícil para los vendedores y consumidores rastrear esta información desde el barco hasta la mesa.

El asunto se ve enturbiado por el hecho de que el 91% de los mariscos consumidos en Estados Unidos es importado de otros países, el 54% de ese es procesado en el mar, y aproximadamente el 2% es inspeccionado gubernamentalmente para detectar fraude.

Mientras más lejos llegue un pescado desde sus orígenes y sea vendido en partes en lugar de en su totalidad, más difícil es rastrear su destino eventual, lo que deja a la cadena de suministro abierta al error humano y al engaño deliberado.

Según la Oficina de Rendición de Cuentas de Estados Unidos, las agencias federales juegan papeles clave en la detección y prevención del fraude de mariscos: la Protección de Fronteras y Aduanas del Departamento de Seguridad Nacional de Estados Unidos, que revisa información de importaciones para detectar fraudes.

Así como el Servicio de Pesca Marina Nacional del Departamento de Comercio de Estados Unidos, que ofrece un programa de inspección voluntario basado en cuotas, y la FDA, que se enfoca en recursos específicos de mariscos principalmente en cuestiones de salud por medio del programa de administración Análisis de Peligro y Puntos de Control Críticos.

La separación de responsabilidad y la falta de colaboración, como se encontró en el análisis de la Oficina de Rendición de Cuentas, dejó al sistema especialmente vulnerable al fraude.

Aunque las agencias podrían no estar alineadas en su metodología, éstas y organizaciones como Oceana, Food and Water Watch y el Grupo Blue Ocean, concuerdan en que cada nivel de la cadena de mariscos sufre como resultado del fraude.

Desde el impacto económico en la pesca que es socavado por los vendedores que dan la vuelta a las reglas, las especies de pescado en peligro por una cuenta enturbiada de su existencia, los vendedores y chefs cuyas reputaciones están en riesgo, y los comensales que se arriesgan a ingerir toxinas de pescados mal etiquetados, hay un costo para los mariscos identificados erróneamente.

En 2009, la FDA sancionó al vendedor de mariscos Peter Xuong Lam, presidente de la Corporación Virginia Star Seafood, después de que fuera condenado por conspiración para importar pez gato, etiquetado falsamente como lenguado, mero, platija, channidae, channa y otras especies de pescado, desde Vietnam para venderse fraudulentamente.

Fue sentenciado a cinco años en prisión y se volvió el primer importador de comida en ser excluido (durante 20 años) por la agencia. La agencia continúa con las citas y busca perseguir a criminales que intentan socavar el sistema, pero señala que la responsabilidad de regular las tiendas minoristas de comida y los restaurantes depende principalmente de las agencias estatales y locales.

¿Cómo prevenirlo?

En 2012, los congresistas estadounidenses Edward Markey y Barney Frank, ambos demócratas de Massachusetts, presentaron la Ley de Seguridad y Control de Fraude para Mariscos que necesitaría un trazado completo para todos los mariscos vendidos en Estados Unidos. El proyecto de ley murió en el Congreso, pero los miembros de la industria y civiles asumen el cargo.

Los miembros del Instituto Nacional de Pesca de Estados Unidos pueden firmar un compromiso para acabar con el fraude económico en la industria de los mariscos, y su Consejo de Mejores Mariscos ofrece un mecanismo para que los miembros de la industria de los mariscos reporten si han visto esto y que proporcionen documentos sobre las cuestiones que surjan.

Más cercano a la mesa, en octubre de 2012, 500 chefs, incluido Mario Batali, Thomas Keller y Rick Bayless, firmaron un compromiso en el que pedían al gobierno estadounidense que los mariscos fueran rastreables para prevenir el fraude de mariscos y mantener al pescado ilegal fuera del mercado estadounidense.

Pero los comensales necesitan que no se les deje colgados. Lowell recomienda que los consumidores se empoderen al comprar el pescado completo, que es más fácil identificar, y que no confíen en precios que parecen ser demasiado buenos para ser ver verdad.

También alienta a que pregunten a los vendedores de pescados cosas como qué tipo de pescado es, el pescado es silvestre o de un criadero y dónde estaba, cuándo y cómo fue capturado el pescado. Incluso preguntar alertará al equipo de ventas que los consumidores están interesados en saber de dónde viene su comida, y que no se conformarán con cualquier cosa.


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