(Crédito: MIGUEL GUTIERREZ/AFP/Getty Images)

Nota del editor: Giovanna de Michele es analista internacional con estudios de Inteligencia y Contrainteligencia, así como de Imagen y Escenarios de Negociación. Trabajó como Analista de Seguridad y Defensa en el Estado Mayor Conjunto del Ministerio de la Defensa y en la Dirección de Inteligencia del Comando General del Ejército de Venezuela. Además, fue designada Negociadora para la Delimitación de Áreas Marinas y Submarinas con la República de Colombia y otros Temas desde octubre de 2001 hasta abril de 2009.

Normalmente en un proceso electoral en buena parte del mundo, el ganador se determina por la distribución de votos válidos entre las diversas opciones. Sin embargo, las elecciones parlamentarias en la República Bolivariana de Venezuela se han constituido en una de las excepciones a esta regla, con lo que se confirma el carácter cualitativo implícito en el voto del venezolano.
Ya en el año 2010, los resultados arrojaron una evidencia incontrovertible de la afirmación anterior. En aquella oportunidad, la Mesa de la Unidad Democrática obtuvo el 47,09% del voto popular, lo cual, sumado a lo alcanzado por las otras toldas de oposición existentes en el momento, daba un porcentaje de 51,88% de votos válidos para el sector opositor; frente a un 48,12% del oficialismo; lo que sin embargo, se tradujo en una representación parlamentaria del 59,39% para el sector oficialista.

Sin duda alguna fue un resultado inexplicable desde el punto de vista matemático, y muy cuestionable desde la óptica de la representación popular, que en principio rige al poder legislativo de todo Estado democrático.

En virtud de lo anterior, y considerando que las variables determinantes del proceso electoral de este año 2015 son básicamente las mismas que rigieron en la ocasión anterior, se hace necesario precisar a qué nos referimos al hablar de un eventual triunfo de la oposición; puesto que no necesariamente mayor cantidad de votos se traduciría en mayor cantidad de diputados ante la Asamblea Nacional.

Únicamente a manera de ejemplo y validación de lo anterior, me permito mencionar el siguiente caso: el estado Vargas tiene una población estimada para el 31 de diciembre de 2015 de 419.822 habitantes, según datos del Instituto Nacional de Estadísticas de Venezuela, recogidos por el Consejo Nacional Electoral y ofrecidos en su cuadro de Circunscripciones Electorales a la Asamblea Nacional 2015. Pues bien, en ese estado se escogerán en total 4 diputados, lo cual supone que cada diputado representaría aproximadamente a 104.955 personas; como contraste, el estado Miranda, con una población estimada de 2.989.795 habitantes, elegirá a un total de 12 diputados; por lo que cada uno de ellos representará a unas 249.149 personas. Una desproporción que se repite por toda la geografía nacional.

Para efectos de la representación popular, las demandas y necesidades de 104.955 varguenses equivalen a las de 249.149 mirandinos, lo que constituye un golpe para la necesaria igualdad ciudadana que debe regir en todo Estado democrático, la cual aparece, contenida por demás, en los principios fundamentales de la Constitución Nacional de la República Bolivariana de Venezuela.

Por otra parte, es importante destacar la diferenciación en el valor del voto de los venezolanos, lo que queda claramente evidenciado en circunstancias como la siguiente: en el estado Vargas, bastarían 66.477 votos para elegir un diputado a la Asamblea Nacional; mientras que en el estado Miranda, cualquier aspirante a diputado, deberá obtener alrededor de 170.000 votos válidos para lograr su elección.

Se trata de un proceso electoral que según la información suministrada por el Consejo Nacional Electoral, involucra a más de 19 millones de electorales, cuya voluntad se expresará en términos muy locales, en los resultados que arrojen las 40.601 mesas de votación, distribuidas en 87 circunscripciones electorales; en cada una de las cuales, los votos se contabilizarán de manera individual; por lo que, si hacemos un ejercicio meramente matemático, pudiéramos afirmar que un resultado a nivel nacional de 132.954 votos del oficialismo contra 170.000 de la oposición, pudiera representar 2 diputados oficialistas por el estado Vargas y 1 opositor por el estado Miranda.

En conclusión, tratar de adelantar la composición de la futura Asamblea Nacional venezolana, partiendo exclusivamente de los datos globales ofrecidos por las diversas encuestadoras nacionales y extranjeras, pudiera generar escenarios disímiles a lo que en definitiva arrojen los resultados electorales.

En consecuencia, es indispensable esperar con paciencia y objetividad el desarrollo de estos comicios, que adicionalmente han logrado captar la atención internacional ante el escenario socio económico que rodea el proceso, así como la crispación política reinante en todos los sectores de la vida nacional.

Finalmente, hay que recordar que la legitimidad de origen de los poderes públicos electos por votación popular es un asunto que trasciende la barrera de lo cuantitativo, y se consolida o desvirtúa en función de las consideraciones cualitativas, acerca del desarrollo del proceso electoral, antes, durante y después del acto de votación.

No necesariamente mayor cantidad de votos se traduciría en mayor cantidad de diputados ante la Asamblea Nacional

Giovanna de Michele