(Crédito: Paramount Pictures/Getty Images)

Nota del Editor: Jorge Gómez Barata es columnista, periodista y exfuncionario del Departamento Ideológico del Comité Central del Partido Comunista de Cuba y exvicepresidente de la Agencia de noticias Prensa Latina. Las opiniones expresadas en este texto corresponden exclusivamente al autor.

Sin argumentos válidos, el Partido Comunista Ruso (PCR) se opone a que el actor estadounidense Leonardo DiCaprio interprete a Vladimir Lenin. Según los albaceas del legado ideológico soviético, haber representado a muchos villanos lo descalifica para encarnar al líder bolchevique.

Un argumento, entre infantil e insólito, es que el artista nunca haya estado en los lugares frecuentados por Lenin. Para asumir ese papel, añadieron, debería vivir al menos medio año como desterrado en Shúshenskoye.

Tales afirmaciones, según la agencia rusa RIA Novosti, fueron realizadas por Serguéi Malinkovich, miembro del Comité Central del PCR, luego de que DiCaprio manifestara en una entrevista a The Guardian su interés por representar en escena al presidente de Rusia, Vladimir Putin, a Rasputín e incluso a Lenin; y Valeri Kárpov, de los estudios Lenfilm, admitiera a una radio rusa que les gustaría filmar con el actor estadounidense.

DiCaprio, que además de probablemente no haber estado nunca en Shúshenskoye, una remota aldea siberiana convertida en gulag por el zar, y a donde Lenin fue deportado en 1897, no estaba a bordo del Titanic cuando zozobró, y seguramente tampoco en los bosques de Missouri donde se desarrollaron los hechos que inspiraron la novela de Michael Punke, que dio lugar a The Revenant, el filme en el cual interpreta a Hugh Glass, y por cuyo papel ha sido nominado para el Oscar.

Hugh Glass, un cazador y explorador estadounidense forma parte de la historia y de los mitos asociados con la conquista del oeste. Según cuentan, en 1823 se enroló en una expedición para remontar el río Missouri, aventura en la cual, en defensa de sus crías, una osa le produjo heridas tan graves, que sus amigos las consideraron mortales. Dos de ellos permanecieron con él para acompañarlo hasta la muerte y enterrarlo, cosa impedida por un ataque de indios que los hizo huir. Glass fue dado por muerto.

Con heroicos esfuerzos e intensos dolores, a rastras, cojeando o en una rudimentaria balsa, el intrépido explorador recorrió más de 321 km por los bosques de Missouri y, con ayuda de amistosos nativos, unos dos meses después del ataque consiguió llegar al fuerte Kiowa, donde se restableció. En 1833 murió durante un ataque indio en las márgenes del río Yellowstone.

DiCaprio, actor y productor californiano de 41 años, con más de 30 filmes en su haber, ha obtenido practicante todos los éxitos y galardones a los que puede aspirarse en Hollywood, menos el Oscar. Militante ambientalista, la ascendencia rusa de su madre pudiera estar actuando como un “llamado atávico” en sus deseos de interpretar a Lenin, Rasputín o Putin.

En 1997 su actuación en Titanic, de James Cameron, que recaudó más de 2.000 millones de dólares en las taquillas de todo el mundo, desató una especie de “DiCapriomanía” mundial, que puede influir en el interés de los estudios fílmicos rusos por asignarle el papel de Lenin.

El hecho de que los custodios de la memoria bolchevique consideren a un norteamericano indigno de encarnarlo recuerda la intolerancia cultural y muestra otra evidencia de que la Guerra Fría no ha terminado del todo.

El hecho de que los custodios de la memoria bolchevique consideren a un norteamericano indigno de encarnarlo recuerda la intolerancia cultural y muestra otra evidencia de que la Guerra Fría no ha terminado del todo.

Jorge Gómez Barata