(CNN) - Estoy en un restaurante iluminado con luz de velas en Londres, sentado frente a un desconocido en una tarde de día de trabajo, y los dos estamos completamente desnudos.

Extrañamente, está bien.

Casi todo se siente bien.

El restaurante es Bunyadi, un lugar recientemente inaugurado en una zona tranquila del centro de Londres que anima a los clientes a desnudarse mientras disfrutan de una experiencia culinaria "natural".

Bunyadi ha sido noticia en las últimas semanas por atraer a 46.000 personas a su lista de espera de tres meses.

Yo estaba allí para la presentación a la prensa, junto a cerca de 25 periodistas enviados para informar desde la primera línea.

Entonces, ¿qué se siente?

Desde el exterior, el restaurante no deja ver mucho, lo que es probablemente la idea.

Está situado discretamente en un bar con cristales tintados a unas pocas calles tranquilas lejos del rascacielos más alto de Londres, The Shard.

La puerta de entrada conduce a una pequeña zona de bar, que se ve bastante estándar hasta que la gente empieza a salir de los vestuarios vistiendo batas como las de los hoteles.

Cuando las mesas están listas y los huéspedes han tenido el número requerido de cocteles para los nervios, son guiados hacia el comedor principal.

Al principio desorienta un poco.

Es imposible no mirar dos veces a la mesera que va con los pechos descubiertos y guía el camino por el laberinto iluminado con velas con separaciones de bamboo que previenen que la gente mire demasiado de una mesa a otra.

Hora de desnudarse

Una vez que los ojos se acostumbran a la piel desnuda de los meseros y meseras, las cosas se ponen (relativamente) más normal.

Hasta que es hora de quitarse la ropa.

Antes de que eso sucediera, hablamos con algunos de los empleados sobre cómo llegaron a este trabajo, y lo que se siente al trabajar allí.

"Quería estar rodeado de gente que compartiera mis mismos pensamientos", dice Eloise Knight, una estudiante de 20 años que dijo que se acercó al restaurante buscando trabajo después de que leyó historias sobre su inauguración.

Knight y sus compañeros de trabajo sólo usan calzones pequeños adornados con hojas falsas.

Dice que se siente más segura en el Bunyadi que en cualquier restaurante pues a los clientes que actúen inapropiadamente serán expulsados inmediatamente.

El restaurante tiene una política estricta de no cámaras ni celulares, en parte para proteger la privacidad de los clientes, pero también en su línea de "natural".

"Se trata de sentirse cómodo con la desnudez", añade. "Es bueno poder ayudar a que la gente se sienta así. No es algo sexual".

Aparentemente funciona.

El diseñador y administrador de Bunyadi, Ignacio Jimenez Blanco, dice que el 80% de los comensales se desnudaron en las pruebas (es opcional quitarse la ropa).

El bar desnudo

Mientras los empleados se sienten más cómodos, así mismo se sienten los clientes, añade. Hay planes para un bar desnudo para aquellos que se sienten lo suficientemente confiados para compartir con todos sin una prenda de ropa.

"Creo que las personas necesitan liberarse", dice. "Lo veo como una terapia, ha sido liberador. La gente lo quiere y sólo necesita un lugar para hacerlo".

Blanco ha creado un restaurante que se parece más a un spa que a un lugar para comer. Tiene una iluminación tenue y está aromatizado con velas y ambientado con música suave.

Así que parece apropiado que todos llevemos batas, por el momento.

Estoy sentado frente a otro periodista, un hombre que jamás he visto en mi vida pero que está en mi misma situación: piensa ansiosamente si debe o no quietarse la bata.

La comida, principalmente fresca y cruda, es servida en recipientes de arcilla y con cubiertos que se pueden comer.

Es deliciosa. Hay una sopa de jardín, manzana encurtida y pepino salado como entrada, y luego un salmón con ensalada de alga marina.

El menú de cinco platos cuesta 100 dólares sin bebidas, pero incluye una bata y zapatillas.

Cuando el filete tartare con bayas y cilantro llega, mi compañero de cena y yo nos tomamos una copa de un Malbec argentino y decidimos desnudarnos.

Eso resulta ser curiosamente liberador.

Principalmente es un alivio. Es tibio en Bunyadi y la bata se vuelve incómoda después de un tipo.

La oscuridad del lugar, las divisiones de bamboo y los muebles estratégicamente diseñados ayudan a mantener determinada dignidad.

Un experimento social

Lo que debía ser un momento incómodo –desvestirse con un completo extraño– en realidad todo lo contrario.

Sin poder ver nuestros teléfonos, hablamos sin reservas del trabajo, la familia y sobre si las periodistas mujeres en la otra mesa se desvistieron o no.

Seb Lyall, el empresario responsable de Bunyadi, lo describe como un experimento social, y así es como se siente.

Ciertamente es una nueva forma de experimentar comida excelente.

Lyall dice que espera que esto ayude a derribar la objetivización y quizá pueda inspirar a otros lugares a eliminar distracciones modernas como los celulares.

Con eso en mente, cuando la mesera desnuda se aproxima, nos concentramos intensamente en hacer contacto visual y hablar de la comida.

Es emocionante.

Se trata de una nueva experiencia para mí. No soy alguien que haya considerado desnudarse en público, después de todo soy inglés.

De repente siento que me han concedido la entrada a un mundo secreto y emocionante.

Mi compañero anuncia que debe irse temprano.

Ahora soy sólo un hombre desnudo comiendo el postre a la luz de la vela.

Tiempo de vestirse.