Nota del editor: María Elena Meneses es profesora e investigadora de temas de medios, internet y cultura digital del Tecnológico de Monterrey. Síguela en su cuenta de Twitter: @marmenes. Las opiniones expresadas en este artículo corresponden exclusivamente a su autora.

No importa de quién se trate, ni la hora, ni siquiera que haya un tema más relevante en la agenda; si a Donald Trump algo le molesta, lo dirá en Twitter. Mientras se niega a responder preguntas por parte de periodistas en conferencia de prensa, el presidente habla de cualquier tema en esta red social: negocia con empresas automotrices, se queja de la prensa que le critica, amenaza a naciones, ofende a políticos opositores y hace tambalear el tipo de cambio en naciones como México.

Su incontinencia verbal en la red le ha valido ya una recomendación del director saliente de la CIA, John Brennan, para cuidar lo que dice, una fuerte crítica de la prensa gubernamental china y una respuesta políticamente correcta, pero contundente, de la canciller alemana Angela Merkel cuya política para refugiados fue criticada por Trump en un tuit. El destino de Europa lo deciden los europeos, le respondió Merkel.

Con un lenguaje limitado, emocional y ofensivo —según muestra un análisis de discurso realizado por The New York Times en el que se muestra que las palabras más usadas por Trump son “indecente” y “malo”—, el presidente está lejos de moderar su discurso en esta red social, además de que no todo lo que publica es cierto. Así lo ha demostrado el verificador de tuits implementado por The Washington Post, que en los últimos meses ha concluido que no es del todo verdadera la información que publica.

Trump es proclive a usar bots en su cuenta. El profesor Philip Howard de la Universidad de Oxford develó en un estudio que un tercio de los tuits a su favor durante la campaña fueron producidos por bots, si bien no es el único político en campaña que simula popularidad a través de estos mecanismos, es una forma de engaño y simulación de popularidad.

Con un estilo más cercano al de un troll que al de un estadista, Trump usa la comunicación a través de esta plataforma digital para evadir a la prensa, una institución de la democracia estadounidense que elude y confronta cuando le es adversa. Su impulso por eludir la mediación de los periodistas no es menor, ya que en una democracia como la de Estados Unidos representan la vigilancia del poder y la rendición de cuentas.

Basta leer a los padres fundadores de su nación para saber que la prensa es una institución eje de la vida democráctica. Privilegiar una plataforma similar a un balcón al cual sale a gritar amenazas y estados de ánimo, es una afrenta a las instituciones de su país y una amenaza difícil de descifrar para la comunidad internacional.

Hace más de ocho años los especialistas en comunicación política se sorprendían del uso que daba el entonces candidato, Barack Obama, a las redes sociales. Sus cuentas de Twitter y Facebook no sólo eran de las más seguidas, sino que daban espacio a la interacción. Casi una década después, el escenario no podría ser más distinto.

Trump poco interactúa en Twitter, tiene más de 21 millones de seguidores y sigue a 41 personas de las que destacan sus hijos, sus empresas y quien será su vicepresidente, Mike Pence.

Quién iba a pensar que la red social que se hizo famosa por servir de resistencia ante la opresión en Egipto y en otros contextos esta vez está siendo usada para socavar el diálogo, el consenso y otras virtudes de la democracia. Si la red social atravesaba el año pasado por una crisis, Trump, paradójicamente, ha sido su salvación.

Twitter pasará a la historia por el uso que le ha dado el empresario-político de talante autoritario cuyo estilo fue construido nada menos que en su propio reality show. Formas, que debemos de admitir, cautivaron junto con sus promesas de campaña a muchos estadounidenses que le favorecieron con su voto. No debemos olvidar que además gobernará con un Congreso a su favor.

Por ahora la política como diálogo y entendimiento va perdiendo terreno ante la univocidad, el prejuicio racial y la amenaza. Ya veremos cómo enfrentan las instituciones democráticas estadounidenses a su inefable presidente y como el mundo reacciona ante él.

Twitter pasará a la historia por el uso que le ha dado el empresario-político de talante autoritario cuyo estilo fue construido nada menos que en su propio reality show.

María Elena Meneses