Nota del editor: Jonathan Russell es jefe de política en Quilliam, una organización contra el extremismo con sede en Londres. Las opiniones expresadas en este artículo son de su propia responsabilidad.

(CNN) - Esta semana, hemos visto informes de que un expresidiario británico de Guantánamo, Jamal Udeen Al Harith, llevó a cabo un ataque suicida de ISIS en Iraq.

Algunos, indudablemente, usarán esta noticia para argumentar que Guantánamo debería permanecer abierta, que debería ser cada vez más utilizada para albergar al actual grupo de terroristas yihadistas y que no se debería liberar a más reclusos.

Imagen del 2013 de la entrada al Campo VI de la cárcel en la Base Militar de Guantánamo. (Crédito: Joe Raedle/Getty Images)

Imagen del 2013 de la entrada al Campo VI de la cárcel en la Base Militar de Guantánamo. (Crédito: Joe Raedle/Getty Images)

De hecho, el presidente Donald Trump ha expresado algunos de estos argumentos, y los republicanos lo han presionado para que amplíe la prisión en Cuba.

Nadie está más indignado que yo, un especialista en contra extremismo, por los informes según los cuales un exprisionero de Guantánamo se unió a ISIS y llevó a cabo este ataque. Pero mantener la prisión y ampliarla no sería lo más conveniente para la seguridad estadounidense o europea.

Aunque las prisiones militares fueron diseñadas para prevenir muertes en la guerra y para acelerar el fin del conflicto, es más claro ahora que nunca que estas no sirven para atacar adecuadamente la insurgencia yihadista mundial que hemos enfrentado en los últimos quince años.

Después de que se sospechara de que Harith tenía vínculos con al Qaeda y los talibanes en el 2002, fue llevado a la custodia militar estadounidense y enviado a Guantánamo sin juicio.

Estos métodos extrajudiciales se produjeron a expensas del estado de derecho y del sistema de justicia penal tradicional para procesar a Harith por delitos relacionados con el terrorismo. Significa que nunca se demostró que haya sido un terrorista. También significa que socavamos de inmediato un aspecto clave de nuestra democracia: una narrativa alternativa y basada en valores, en contra del extremismo.

La concepción de la cárcel de la Bahía de Guantánamo está totalmente pensada y diseñada para castigar a los reclusos y reunir información de inteligencia. Eso ha implicado notoriamente el uso de la tortura, incluyendo el ahogamiento simulado, descargas eléctricas, humillación sexual y privación del sueño.

Trump se ha expresado a favor de mantener abierta la prisión de Guantánamo. (Crédito: Olivier Douliery - Pool/Getty Images)

Trump se ha expresado a favor de mantener abierta la prisión de Guantánamo. (Crédito: Olivier Douliery – Pool/Getty Images)

Si bien algunos afirman que esta estrategia ha impedido ataques terroristas (de hecho, es otra controvertida acepción de contraterrorismo que el presidente Trump parece estar considerando mucho), también es claro que ha conducido a falsos testimonios y ha desperdiciado considerables recursos militares y de seguridad, sin mencionar la ilegalidad y la inmoralidad de la tortura de la guerra contra el terrorismo.

Por otra parte, y específicamente en lo que se refiere a Harith, parece que fue uno de los muchos que recibieron millones de libras en compensación por parte del gobierno británico en el 2010 debido a la presunta complicidad británica en la tortura.

Debido al fracaso colectivo británico para equilibrar la seguridad nacional con las libertades civiles, una cantidad significativa de dinero inevitablemente ha terminado en manos de nuestros enemigos.

Esta tortura también puede haber alimentado la cosmovisión de Harith de que fue víctima de una guerra global contra el Islam y exacerbó su radicalización.

Sea cual sea la forma en que se lo mire, la tortura es un error caro y que no debiera repetirse en cualquier situación. Es una pequeña misericordia el que Trump le haya remitido este asunto al secretario de Defensa, James Mattis, pero debemos asegurarnos que Guantánamo no nos lleve de vuelta a esta era oscura.

Tal vez el mayor problema con Guantánamo es que no se dedica tiempo a la desradicalización de los reclusos. Esto significa que el apoyo ideológico de Harith al yihadismo salafista se dejó sin control. Dado que la ideología que sustenta tanto a al Qaeda como a ISIS es el yihadismo salafista, es de esperar que los que anteriormente militaron en al Qaeda puedan encontrar un renovado vigor en sus creencias una vez que ISIS declaró su autodenominado califato y se sienten ideológicamente obligados a unirse como combatientes extranjeros.

No es tanto que Harith estuviera esperando una década; más bien que sin refutación ideológica y rehabilitación personal, ISIS fue el siguiente paso lógico para él.

Los sistemas penitenciarios de todo el mundo están empezando a adaptarse a su papel en el contra extremismo y en este momento están evaluando el compromiso ideológico y desradicalizando a los reclusos como parte de un enfoque de rehabilitación más amplio. Esto mantendrá nuestras sociedades más seguras a largo plazo, reduciendo las tasas de reincidencia entre los terroristas. Una vuelta a las políticas de la Bahía de Guantánamo sin desradicalización pondrá todo esto en peligro.

Extender el uso de la Bahía de Guantánamo y torturar a sospechosos de terrorismo podría parecer un discurso duro contra ese problema. Pero sea cual sea la forma en que se le mire, es una decisión estúpida con consecuencias nefastas.

El asesinato de civiles iraquíes y personal militar podría haberse evitado si nos hubiéramos dado cuenta de esto antes. Por el contrario, Occidente debe proseguir en un enfoque antiterrorista que mantenga el alto nivel moral al ser coherente con las normas de derechos humanos y aplicar la astucia en contra de la ideología yihadista salafista y el discurso islamista.