(CNN) - Cuando Donald Trump obtuvo una sorprendente victoria electoral el pasado 8 de noviembre, gran parte del mundo tomó un profundo aliento, algo preocupado. Desde Berlín hasta Beijing, los líderes mundiales se mostraron claramente inquietos, inseguros de lo que se vendría por delante en los próximos cuatro años.

En Europa en particular, existía un temor generalizado en gran parte del continente de que la superpotencia dominante retrocediera en la escena mundial. A muchos les preocupaba que Estados Unidos estuviera ahora dirigido por un presidente que miraba hacia adentro, que creía que la OTAN era "obsoleta" y que Washington le haría lugar a las ambiciones rusas en Ucrania y Europa Oriental.

El señor Trump, según se creía, tenía poco tiempo para alianzas internacionales, con su mantra de "Estados Unidos primero" indicando una escasa preocupación por las opiniones y preocupaciones de los socios estadounidenses. De hecho, es difícil pensar en un presidente estadounidense que haya tenido una peor cobertura mediática en sus pocas semanas en el cargo que Donald Trump, con la posible excepción de Ronald Reagan.

En los primeros cien días de la presidencia de Trump, sin embargo, el hombre de negocios convertido en político ha logrado confundir a sus críticos más agudos en varios frentes. El presidente Trump nunca va a ganar un concurso mundial de popularidad, pero cada vez se gana más el respeto de los aliados de Estados Unidos.

E igualmente importante es que los adversarios estadounidenses y los competidores estratégicos están sentados y tomando nota. Pocos habrían pronosticado en noviembre que el hombre que se comprometió en la campaña electoral a sacar a Estados Unidos de los conflictos extranjeros estaría disparando misiles Tomahawk en contra del régimen del presidente sirio Bashar al Assad y enviando portaaviones en dirección a la Corea del Norte de Kim Jong-un.

Donald Trump habla durante un acto en el Capitolio el pasado martes. (Crédito: Olivier Douliery-Pool/Getty Images)

Juez agudo del carácter y astuto contratante de talento en el transcurso de muchas décadas, Trump se ha beneficiado claramente de la presencia de un respetado secretario de Defensa, el marino jubilado James Mattis; un excelente vicepresidente, Mike Pence; un profundamente experimentado negociador, Rex Tillerson como secretario de Estado, y un nuevo e imponente consejero de seguridad nacional, el teniente general del Ejército H.R. McMaster.

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Combinado con Mike Pompeo en la CIA y la nueva estrella en ascenso en Turtle Bay, la embajadora estadounidense en las Naciones Unidas Nikki Haley, un equipo muy poderoso representa a los Estados Unidos en el escenario mundial, significativamente más fuerte en muchos aspectos al que reunió el predecesor de Trump, Barack Obama.

Lo que está muy claro del equipo de liderazgo de Trump es que la era de "liderar desde atrás" está enfáticamente acabada. Irónicamente, fue el declaradamente internacionalista presidente Obama quien inició el proceso de desconexión de Estados Unidos de todo el mundo, desde el retiro inicial de las fuerzas estadounidenses de Irak hasta el cierre de las bases en Europa, un enfoque que el presuntamente aislacionista presidente Trump está revirtiendo.

También fue Obama quien degradó algunas de las alianzas más duraderas de Estados Unidos: la "relación especial" con Gran Bretaña, la amistad con Israel, la asociación estratégica con Egipto. También perdió la confianza de algunos amigos cercanos en Europa Oriental y Central, especialmente los polacos y los checos, lanzados cruelmente bajo el autobús cuando el gobierno de Obama abandonó sus planes de defensa de misiles de "tercer sitio" en deferencia hacia Moscú.

En sus primeros cien días, el presidente Trump ha trabajado en revitalizar las alianzas con Gran Bretaña, Israel, Japón, Egipto, Arabia Saudita y una serie de otros países que fueron francamente tomados por sentado durante los años de Obama. Hay una sensación en Londres y Jerusalén de una nueva era en las relaciones con el Estados Unidos post Obama.

En las capitales europeas de la OTAN que viven bajo la sombra del oso ruso, existe ahora poca duda de que el compromiso del presidente de EE.UU. con la OTAN y la asociación transatlántica es sólida. Y como el Departamento de Estado reiteró esta semana, no hay duda de que el país norteamericano levantará las sanciones contra Moscú mientras sus fuerzas sigan ocupando Crimea.

Lo que está emergiendo de los primeros cien días de la presidencia de Trump es un enfoque notablemente tradicional de la política exterior de Estados Unidos, basado en el fortalecimiento de alianzas de larga data, al tiempo que refuerza la presencia militar estadounidense en Asia, Europa y Oriente Medio.

Esto, unido a la voluntad de imponer efectivamente "líneas rojas" y poner a los enemigos de Estados Unidos en aviso (desde Damasco y Teherán hasta Pyongyang y Moscú) el gobierno de Trump está luciendo mucho más robusto que su predecesor. Y eso no es una proeza para un presidente que muchos críticos habían casualmente desechado como un showman que supuestamente carecía de la seriedad o la disciplina para liderar la superpotencia más grande del mundo.