(Expansión) - En San Gregorio, Xochimilco, ha terminado el rescate de personas tras el segundo terremoto que México sufre en el mismo mes, mientras diversas familias duermen en sus autos ante la destrucción de sus viviendas.

La gente va de un lado al otro para apoyar en labores de rescate. Eso es lo que se ve por las calles de San Gregorio Atlapulco, uno de los pueblos originarios de Xochimilco, en Ciudad de México, que más daños sufrieron tras el terremoto de este 19 de septiembre, de magnitud 7,1.

Se percibe un desorden.

Por las calles de Xochimilco, barrio ubicado en el sureste de la capital mexicana, se ve el andar de voluntarios con víveres y agua. (Foto: Expansión).

El acceso a “las tierras del fango” es complicado, pues no hay entrada a vehículos y estos se tienen que quedar en Santa Cruz, el pueblo cercano en donde queda varada la ayuda de alimentos y material para rescatistas.

Al llegar al barrio se observan decenas de casas destruidas o a punto de caer; la gran mayoría, si no todas, son de autoconstrucción.

“Teníamos miedo de entrar por el temor de que se cayera la casa”, dijo Sergio Gutiérrez, quien ahora duerme junto con su familia en su automóvil. “Tras el sismo cuando entramos a la casa vimos muebles volteados, roperos y la televisión caídos”.

Los voluntarios que logran llegar al lugar apoyan en el retiro de los escombros y en el rescate de bienes de los habitantes.

Esa ayuda conmociona a afectados como Víctor Manuel, quien se sentía abandonado, pero al ver a los voluntarios se sintió apoyado, aunque su casa está por derrumbarse.

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Los vecinos de Xochimilco dispusieron de contactos para que afectados y voluntarios cargaran sus celulares. (Foto: Expansión).

La incertidumbre y tristeza de las víctimas del terremoto fue mayor cuando miembros del Ejército y la Policía Federal señalaron que se suspenderían las labores de rescate de personas, al no tener más desaparecidos.

Voluntarios discutían con los elementos de seguridad para acceder a la zona con la intención de ayudar, ante la desorganización que privaba en las zonas de difícil acceso.

Pero aun así, diversos voluntarios en motocicletas y bicicletas con botellones de agua y comida lograban llevar ayuda a las zonas de difícil acceso.

Rumbo a Santa Cruz, el otro barrio afectado, las familias todavía esperan ayuda fuera de sus casas, donde el acceso es solo a pie.