Por Tim Holbrook

(CNN) – Normalmente, cuando una celebridad sale del clóset, hay una celebración generalizada en la comunidad gay, lesbiana, bisexual y transgénero.

Lo hemos visto con Wentworth Miller, Anderson Cooper y Chas Bono. Incluso Caitlyn Jenner fue cálidamente recibida por la comunidad LGBT, aunque eventualmente ella se separó de muchas de ellas debido a su visión política.

Por supuesto, anhelamos el día en el que alguien famoso que salga del clóset ya no sea motivo de noticia. Mientras ese día llega, la comunidad LGBT se da cuenta de que una mayor visibilidad ayuda a avanzar nuestra posición en la sociedad.

Después está Kevin Spacey. ¿La respuesta de la comunidad GLBT a su salida del closet? Condena, y con razón.

La decisión de Spacey de reconocer su homosexualidad no fue resultado de una decisión real. Fue obligado por las declaraciones del actor Anthony Rapp de que Spacey lo había agredido sexualmente cuando tenía 14 años.

Spacey se disculpó. Más o menos. Se hubiese disculpado si decía “me comporté como lo describe Rapp”. Pero no lo dejó ahí. Se disculpó por “lo que hubiera sido el comportamiento profundamente inapropiado de un borracho”.

Como si estar borracho, o en el clóset pudiera excusar una agresión sexual. Muchas personas, si se les pregunta si alguna vez agredieron a alguien sexualmente, pueden responder simplemente, “No. Nunca”.

Y, de hecho, vincular su supuesto comportamiento a su orientación sexual, solamente alimenta una noción común y destructiva sobre las personas LGBT, como predadores.

¿Quieres un ejemplo de este mito? Solo mira los debates alrededor de los proyectos de ley sobre baños discriminatorios, que retratan a las personas transgénero como una amenaza para la seguridad pública, simplemente por utilizar el sanitario que corresponde con su identidad de género. (Por supuesto, no hay evidencia que sugiera que las personas transgénero presentan tal riesgo).

Spacey no dijo que la agresión nunca ocurrió, tampoco dijo que no podría haber ocurrido. En su lugar, reconoció que pudo haber sucedido.

Ciertamente no podría esperar que la comunidad LGBT lo abrazara. En cambio, sus declaraciones aparentan ser una táctica de distracción. Desviar la atención pública saliendo del clóset.

Por supuesto, para lo que sirvió fue para distraer la atención del importante mensaje que la denuncia de Rapp transmitió. Incluso aunque no lo hubiera planeado, el anuncio de Spacey demuestra la actitud del poderoso intentando silenciar al vulnerable. De hecho, trágicamente, hay un mayor foco a la salida del clóset de Spacey y su despreciable declaración, que en el valor demostrado por Rapp al salir a denunciarlo.

Cualquiera sea la verdad en esta situación, es el retrato de lo que la agresión sexual y el acoso se trata: el poderoso tomando ventaja del vulnerable.

En esta instancia, alguien en una posición de poder ataca a otra persona con menos poder, sabiendo que la víctima probablemente no hable, tal vez por miedo o por alguna forma de retribución. O tal vez la víctima se tope con un enfrentamiento verbal, en el que no le creen.

Rapp dijo que se sintió inspirado por la avalancha de mujeres que decidieron hablar sobre Harvey Weinstein, así como de la campaña #MeToo en las redes sociales. Él también debería ser felicitado por su coraje de hablar y recordarnos que las víctimas de agresión sexual no se limitan a un género en particular.

Al igual que Rapp, yo también quedé desconcertado, atónito por la cantidad de mensajes de #MeToo publicados, luego que las revelaciones sobre Harvey Weinstein salieran a la luz. Como las publicaciones de #MeToo se volvieron deprimentemente omnipresentes en mis redes sociales, me pregunté si debería publicar mi historia, después de haber sido víctima de agresión sexual. No quería entrometerme en el poder de mis amigas mujeres, así que decidí no hacerlo.

Pero Rapp tenía razón. Necesitamos identificar el acoso sexual y la agresión sexual en todos los contextos y reconocer y aceptar que cualquiera pueda ser una víctima, sin importar el género.

Los hombres también pueden ser víctimas y teniendo en cuenta las expectativas sociales hacia ellos, admitir que se ha sido víctima de agresión sexual, es un desafío.

En mi caso, una ahora e amiga me preguntó cómo pude ponerme en una posición para ser agredido, una forma de culpar a la víctima. Tristemente, esto es muy común.

Por lo tanto, hay poder en la voluntad de Rapp de revelar lo que dice que le sucedió.

Rapp debe ser celebrado por su valor. No deberíamos dejar que Spacey nos distraiga de ese hecho y silenciar a Rapp en el proceso.