(CNNSport) - Desde que tiene memoria, Kayla Harrison soñaba con ser la mejor del mundo en algo.

Bajo las brillantes luces del Carioca Arena de Río de Janeiro, en 2016, se consagró a los 26 años como doble campeona olímpica.

La chica de Middletown, Ohio, EE.UU., llegó hasta donde ningún otro estadounidense había llegado antes en su carrera, dominando la división de medio peso de judo durante casi una década.

Pero su viaje fue cualquier cosa menos sencillo. Para llegar a lo más alto del podio, Harrison tuvo que escalar desde lo más bajo.

"El judo salvó mi vida", Harrison escribió en una columna exclusiva en CNN el año pasado. "El deporte me dio un objetivo y algo por lo que levantarme".

"Si no hubiera tenido deporte cuando era adolescente, quizá no estaría aquí".

El deporte como salvación

Abusada sexualmente por su primer entrenador cuando era adolescente, Harrison a menudo consideró abandonar sus ambiciones, e incluso contempló el suicidio.

Ella pensó sobre huir a lugares lejanos, hacerse camarera en Nueva York, "donde nadie me conocería ni me miraría".

El deporte fue para ella la luz al final del túnel.

Kayla Harrison celebra su oro en los Juegos Olímpicos de Río de Janeiro 2016

Kayla Harrison celebra su oro en los Juegos Olímpicos de Río de Janeiro 2016

Harrison se mudó con 16 años a Boston buscando un nuevo comienzo después de su dura experiencia. Comenzó a entrenar con el entrenador de los Olímpicos de Estados Unidos y excampeón mundial Jimmy Pedro.

Le llevó tiempo borrar sus demonios y, al menos al principio, la última cosa que quería era entrenar o estudiar.

"Había días en que mis compañeros de equipo me sacaban de la cama y me llevaban a la escuela, y esperaban a que entrara por la puerta", contó Harrison.

"No quería levantar pesas, no quería ir a la escuela o ir a terapia, pero no tenía otra opción. Si quería estar en la casa de judo, tenía que seguir las reglas".

La judoka en ciernes estaba trabajando 50 horas por semana en una ferretería para pagar el alquiler, junto con sus lecciones en el aula y en el tatami.

Pero poco a poco se inculcó la autodisciplina del judo y su espíritu de lucha brilló.

Los resultados pronto llegaron, con Harrison coronado dos veces el campeonato nacional sénior de Estados Unidos antes de cumplir 18 años.

En lo más alto del mundo

Mientras la adolescentes estaba construyendo su nombre por sí misma como una de las estadounidenses más talentosas jamás vistas, era otra cosa completamente diferente hacerlo en el escenario mundial.

Harrison solo estaba comenzando. Una medalla de oro en el Campeonato Mundial Juvenil 2008, en Bangkok, demostró que tenía lo que se necesitaba para vencer a las naciones más establecidas.

Una emocionada Kayla Harrison celebra su medalla de oro en los Juegos Olímpicos de Londres 2012.

Una emocionada Kayla Harrison celebra su medalla de oro en los Juegos Olímpicos de Londres 2012.

Y así lo demostró, con Harrison subiéndose a lo más alto del podio en la Competición Mundial dos años después en la casa del judo, Japón.

Una serie de títulos de Grand Prix y Grand Slam le siguieron en su división de peso semipesado, antes de los Juegos Olímpicos de Londres 2012, donde Harrison estaba entre las favoritas.

Justo unos meses antes de los Juegos, una rotura parcial de su ligamento colateral medial dejó su rodilla del tamaño de un globo, pero no iba a dejar que eso la detuviera.

En su lugar, derrotó a su rival Mayra Aguiar y a la favorita local. Gemma Gibbons, para terminar con una espera de 48 años, convirtiéndose en la primera estrella estadounidense, masculina o femenina, en ganar el oro olímpico.

Harrison había cumplido su ambición de cuando era una niña e, indiscutiblemente, era la mejor del mundo en la división de menos de 78 kilos.

Ella también trascendió a su deporte, usó valientemente su plataforma recién descubierta para hablar sobre los horrores que ella había soportado y creó la Fundación Fearless para ayudar a otros en posiciones similares.

Retirada en la cresta

Cuatro años más tarde, los Juegos Olímpicos de Río 2016 la colocaron entre los glorificados.

Allí Harrison se retiró del deporte en el escenario más grandioso de todos, con Aguiar y la estrella francesa Audrey Tcheumeo debajo de ella en el podio y una segunda medalla de oro alrededor de su cuello.

Kayla Harrison celebra después de derrotar a Audrey Tcheumeo en Rio 2016.

Kayla Harrison celebra después de derrotar a Audrey Tcheumeo en Río 2016.

Ningún otro judoka estadounidense ha estado cerca de emularla desde entonces, pero Harrison está ansiosa por señalar que no podría haberlo hecho sola.

"No soy la única que ha hecho sacrificios", dijo. "Mis entrenadores, mi familia, todos los doctores que me han sujetado la rodilla con cinta adhesiva o me han ayudado a recuperarme de una lesión, cualquiera que se haya enamorado de mí o haya luchado conmigo, me ayudó a tener éxito".

"Es un estilo de vida difícil. Pasé la mitad de mi vida viviendo de una maleta, yendo a Japón, Alemania, Reino Unido... Pero no cambiaría ni un segundo porque dieron una oportunidad de ver el mundo a una niña de un pueblo de enmedio de la nada de Ohio".