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Estados Unidos

OPINIÓN: ¿Por qué “Ocupar”? Es algo personal

Por Juan Andrés Muñoz

Por María Cardona

Nota del editor: María Cardona es estratega demócrata, directora del Dewey Square Group, ex asesora de Hillary Clinton y ex directora de comunicación del Comité Nacional Demócrata.
Nota: También puede leer el artículo original en inglés.

Participé en dos programas de CNN esta semana en los que el tema eran las manifestaciones de “Ocupa Wall Street”. Una de las preguntas que se plantearon fue si se trataba de algo político. El portavoz del Partido Republicano/Tea Party dijo que sí, argumentando que los sindicatos estaban detrás de todo (de hecho, los sindicatos apenas se sumaron esta semana). Yo dije que era una cuestión económica, pero política en el sentido de que hay un partido político, el republicano, alineado con los ricos y con Wall Street que no hace nada para proteger a la clase media de Estados Unidos. Pero me equivoqué. No es un tema económico. Ni político. Es algo personal.

Los sueldos de los ejecutivos son hoy cinco veces mayores que en 1980, ajustando la inflación. El salario promedio de un trabajador común, por el contrario, es más o menos el mismo que en 1980. ¿En serio? ¿Existe solo el “excepcionalismo estadounidense” para el 1% de nuestra fuerza laboral? ¿Son nuestros ejecutivos cinco veces mejores que en 1980 y nuestros trabajadores igual de mediocres? No lo creo. Ni tampoco el resto de Estados Unidos. Cuando existe una disparidad semejante, y los estos mismos CEOs pagan una tasa impositiva menor que sus secretarias, sus recepcionistas y las personas que limpian sus oficinas, entonces es algo personal

Siendo presidente del Comité Nacional Demócrata, mi ex jefe, el ex secretario de Comercio Ronald H. Brown, solía decir que vivimos en una era en la que “los ricos se hacen más ricos, los pobres más pobres y la clase media queda aplastada”. Esto en 1992. Pero hoy no podría ser más cierto. Aunque el presidente Obama no ha hecho todo perfecto, ha inyectado algo de justicia y equilibrio a la economía para alentar el crecimiento y la creación de empleo. Se necesita más, pero sus intentos se han visto en su mayoría bloqueados por un Partido Republicano que no quiere otra cosa que verle fracasar.

Mientras tanto, las compañías logran beneficios récord, pero pagan menos impuestos que antes. Algunas no pagan si quiera. Esta semana, algunos bancos han empezado a cobrar tarifas adicionales, que, en contra de lo que argumentan, aumentarían sus beneficios un 13% más de los que obtenían antes de que entrara en vigor la Reforma de Wall Street Dodd-Frank y la Ley de Protección del Consumidor. Al mismo tiempo, los presidentes de las compañías, que ya ganaban cantidades récord (el ingreso promedio de un CEO es de 11 millones de dólares al año, frente al promedio de un trabajador de 40.000 dólares), han despedido a millones de estadounidenses y han llevado esos empleos al extranjero. Estos trabajadores no son estadounidenses sin nombre, o sin rostro. Son nuestros vecinos, nuestros amigos e incluso familiares. Es personal.

Los republicanos siguen protegiendo este sistema retorcido. Y por si fuera poco, legisladores republicanos y candidatos presidenciales republicanos quieren eliminar las protecciones a la clase media que se lograron con la Reforma de Wall Street y la Ley de Protección al Consumidor aprobadas por los demócratas y firmadas por Obama.

¿Les suena algo el crash de 2008? ¿Anteponen los republicanos la avaricia de Wall Street a las necesidades del pueblo estadounidense? Sí, y esta es la razón: en el ciclo electoral de 2010, las corporaciones gastaron más de 275 millones de dólares en que ciertos políticos salieran elegidos y cerca de 3.000 millones de dólares en hacer lobby. Aunque algunas de estas donaciones fueron para políticos demócratas, la mayoría fueron para republicanos. Con razón los republicanos quieren menos responsabilidad del gobierno y más incentivos fiscales para los multimillonarios y las grandes empresas: es lo que les exigen las corporaciones que les dan dinero. Yo, por eso, me lo tomo personal.

Y también Obama. La segunda pregunta que me hicieron esta semana es si los manifestantes tenían un “candidato” para las elecciones. Sí lo tienen. El presidente Obama. El reconoce que los estadounidenses están enojados. Sabe que corren tiempos duros y difíciles y sigue luchando para restablecer las necesarias protecciones para esa gente que se manifiesta en Wall Street. El y los demócratas quieren más equilibrio en el sistema. Una forma de lograrlo es la Regla Buffett, la propuesta de Obama, bautizada así en nombre del multimillonario Warren Buffett y que aría que los que ganan más de un millón de dólares paguen un mayor porcentaje de sus ingresos en impuestos.

Los críticos hablan de “guerra de clases” y denuncian los ataques contra los “creadores de empleo” y gritan “socialismo” mientras siguen manteniendo este sistema injusto que ha creado lo que podría ser un poderoso y estable movimiento.

Estas son mis respuestas:

¿Guerra de clases? Por supuesto. Como Buffett ha dicho muy elocuentemente, este país lleva décadas en una guerra de clases, y ¿sabes qué? Su clase fue la ganadora. Ahora es el momento de alzarse y luchar por la justicia para la clase media y por un enfoque más equilibrado de las familias de clase trabajadora, que han trabajado tan duramente como los grandes ejecutivos de Estados Unidos pero no han recibido los mismos aumentos salariales.

¿Sobre lo de creadores de empleo? ¿Quiénes son? La mayor parte de los empleos procede de los pequeños negocios, que no obtienen los salarios que cobra el 1% de los estadounidenses más ricos. Así que pedir que ese 1% de los más ricos pague su cuota justa y pague al menos una tasa igual que los trabajadores no es guerra de clases o un ataque contra los “creadores de empleo” o socialismo. Es, de hecho, el American Way. Y Estados Unidos está de acuerdo.

Mientras, en el país más grandioso del mundo, los niños latinos son los más pobres. Los latinos y afro-estadounidenses tienen cifras de desempleo mayores que el resto.

Juntando todo esto, ¿nos sorprende que las masas estén gestando nuestra propia “primavera? Aunque no es la Primavera Arabe, el movimiento se está propagando. No es económico, no es político, sino personal. Y los republicanos harían muy bien en tomarlo como algo personal también.

(Las opiniones expresadas en este artículo corresponden exclusivamente a María Cardona)