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Baloncesto

En 2012, ¿podremos renunciar en la cúspide de nuestro juego?

Por CNN en Español

(CNN) — Hoy, alrededor del mundo, la gente vive las primeras horas de intentar cumplir sus propósitos de Año Nuevo: Perder esos seis kilos, encontrar un trabajo que te haga feliz, cambiarte a esa ciudad con la que siempre has soñado.

Pero hay un propósito que solo algunos de nosotros estaremos en posición de lograr.

En algún lugar hoy, alguien en la cúspide de su carrera está pensando en hacer en 2012 lo que Tony La Russa hizo en 2011:

Quitarse de la cima.

Retirarse con gusto y declarar la victoria.

Dejar la mesa mientras el plato aún está caliente.

La Russa fue el manager de los Cardenales de Saint Louis, quien luego de guiar a su equipo a la victoria en la Serie Mundial anunció que había terminado.

Nunca había sucedido en el beisbol, de acuerdo con los historiadores del deporte. Ningún otro manager antes de La Russa se había retirado el mismo año en que su equipo ganó la Serie Mundial.

La naturaleza humana nos llama a soportar mientras hay éxito. No ves a muchos directores de empresas que apenas lograron ganancias para sus corporaciones decir: “No tengo nada más que probar. He terminado, ha sido divertido”.

¿Quién hace eso cuando las riquezas y los elogios esperan en el futuro? El sentimiento de que nada será tan bueno como esto compite contra el pensamiento de que la velocidad puede ser altamente confortable una vez que llegaste a la meta. ¿Quién llega a la cima de la montaña y luego, cuando aún se escuchan las ovaciones, decide: “No más cimas para mi”?

Sucede en los deportes, una vez cada cierto tiempo. Rocky Marciano se retiró del boxeo en 1956 como un peso pesado invencible, campeón del mundo. Jim Brown se retiró del futbol profesional luego de la temporada de 1965. Ellos ganaron el juego, literalmente. Dejaron el campo y nunca más regresaron.

¿Qué tan difícil es eso, no mirar atrás?

Hay dos escuelas de pensamiento, cada una, completamente comprensible. Piensa en The Beatles. Y luego piensa en Michael Jordan.

En 1970, los Beatles, habiendo logrado todo, oficialmente se separaron y jamás volvieron a compartir un escenario.

Más de una década después de que se despidieron de sus fanáticos, tuve una cena con Ringo Starr y lo cuestioné al respecto. El tenía la certeza de que la banda —los cuatro estaban vivos en aquel tiempo— había tomado la decisión correcta, y se mantendría así. Le dije que había leído que un promotor les había ofrecido 45 millones de dólares por cantar juntos una vez más.

“Creo que fueron 50 millones”, dijo Starr. “Pero el asunto es que no queremos hacerlo. No queremos reunirnos. Y si quisiéramos lo podríamos hacer nosotros mismos: no necesitamos que nadie por fuera nos ofrezca dinero. Yo creo que estos promotores siguen llegando con estas ofertas de dinero para poner su nombre en los periódicos. Los hace pequeños héroes por un día”.

Le dije que había mucha gente que jamás pudo ver a los Beatles actuar y rogaban por una oportunidad.

Starr movió su cabeza: “Mucha gente dice: ‘Nunca los vi y quisiera verlos solo una vez’”, dijo. “Bueno, Yo jamás vi a los Beatles tampoco. Yo también deseo haberlos visto, pero desafortunadamante estaba en el escenario. Me hubiera encantado estar entre el público y ver a los Beatles. Me hubiera gustado conocer por qué había tanto alboroto”.

Pero ya terminó, dijo. Para los fanáticos —y para los músicos— la memoria tendría que ser suficiente.

Michael Jordan tuvo una historia muy diferente. Su decisión de retirarse duró poco. Extrañaba terriblemente lo que amaba.

Durante su primer retiro del basquetbol, la administración de los Bulls erigió una estatua de Jordan afuera del United Center en Chicago. Una noche le pregunté sobre eso.

“¿Parezco una estatua?», dijo. “No soy una estatua. Todo el asunto me hace sentir extraño. Un monumento solo se queda ahí para siempre mientras la gente lo ve. Yo soy una persona, estoy vivo”.

Le pregunté si planeaba acudir al recinto y ver la estatua. “No”, dijo. “No es algo que me interese mucho hacer, acudir a verme frente a un edifcio. ¿Qué haría? ¿Salir de mi auto y lanzar una moneda hacia mí para tener suerte?”.

«Es una pieza de metal. Se queda en un solo lugar. No se mueve. Yo soy un hombre».

No sorprendió cuando Jordan regresó a la NBA, y luego, después de su segundo retiro, cuando lo hizo otra vez. Hace unos meses, en Nueva York, me encontré inesperadamente con él. Mientras hablámos en Lexington Avenue, cerca de 50th Street, la gente se detenía a verlo y lo miraba casi como si fuera una estatua.

En 2009, en un discurso en el Salón de la Fama de Basquetbol, Jordan dijo que quizá jugaría otra vez cuando tuviera 50. Cuando el público reaccionó como si fuera una broma, Jordan dijo: “Oh, no se rían. Nunca digan nunca”.

El próximo mes cumplirá 49.

Los Beatles se mantuvieron fieles a su decisión y ahora, con John Lennon y George Harrison muertos, la decisión está destinada a durar para siempre. ¿Jordan? No parece probable que regrese una vez más, ni siquiera brevemente, para probarse algo a sí mismo. Pero extraños eventos han ocurrido.

Feliz año nuevo para el resto de nosotros. Jamás tendremos que tomar una decisión así. Pero en algún lugar del mundo, alguien en la cima de su carrera ciertamente está pensando en eso. Cuando has amado algo durante toda tu vida, ¿puedes decir adiós antes de que tengas que hacerlo? Pregúntale a Tony La Russa después de un año. Puede ser más difícil de lo que parece.

* Nota del editor: Bob Greene, colaborador de CNN, es un autor de bestsellers entre cuya obra está Once Upon a Town: The Miracle of the North Platte Canteen (Érase una vez un pueblo: El milagro del North Platte Canteen ) y And You Know You Should Be Glad: A True Story of Lifelong Friendship (Y tu sabes que debes estar orgulloso: una historia de una amistad duradera).