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Estados Unidos

«Rápido y Furioso», la pesadilla de Eric Holder

Por CNN en Español

Por Michael V. Hayen*

(CNN) — Schadenfreude –o la alegría por la desgracia de otros (en alemán)- es algo malo.

Así que he estado intentando resistirme a la tentación estos últimos meses a medida que veo al fiscal general, Eric Holder, abordar la reacción de la gente y del Congreso por el plan Rápido y Furioso, el fallido intento de Agencia de Alcohol, Tabaco, Armas de Fuego y Explosivos de “sembrar” y después seguir la pista de armas de fuego estadounidenses dirigidas a los cárteles mexicanos de la droga.

Rápido y Furioso fue una operación secreta y de alto riesgo, aparentemente con la intención de abordar un problema sin solución del otro lado de la frontera. Con base en esto, algunos podrían estar tentados a equipararla una acción encubierta de la CIA.

Pero incluso si algunas características son similares –problema difícil, solución tensa, complejidad inherente, alta confidencialidad, alto riesgo operativo y político-, definitivamente no era una acción encubierta ya que esas están claramente definidas en una orden ejecutiva como competencia de la Agencia Central de Inteligencia

Más allá de eso, si hubiera sido realmente una acción encubierta, el fiscal general habría tenido que dar su opinión sobre su legalidad; habría sido obligatorio para el organismo de ejecución articular de manera exhaustiva los riesgos; el Consejo de Seguridad Nacional habría tenido que juzgarlo favorable; el presidente Barack Obama habría tenido que autorizarlo; y el Congreso tendría que haber sido informado antes de su ejecución.

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Y todos los interesados ​​habrían tenido la oportunidad de rechazar una mala idea, cualquiera que sea su razón.

Estas salvaguardas de rutina, no sólo protegen a las agencias, a sus líderes y agentes de riesgos jurídicos y políticos, sino que también protegen al gobierno de errores graves.

Ahora Holder, sin tales salvaguardas, debe defenderse de algunas muy duras acusaciones, entre ellas una por parte de algunos escépticos sobre el que la operación principalmente tenía la intención de desacreditar a los vendedores de armas, y por lo tanto justificar una mayor regulación del asunto.

Aquí es donde entra el schadenfreude.

Tras las elecciones parlamentarias del 2006, la CIA se vio obligada a defender tensamente algunas acciones (a menudo controvertidas y a veces sin éxito alguno) en un entorno político difícil. El presidente George W. Bush fue debilitado políticamente, el Senado y la Cámara de Representantes estaban bajo el control demócrata y una elección presidencial estaba a la vista.

En el Congreso, las preguntas eran agresivas, a menudo partidistas y, desde mi punto de vista, inclusive a veces bastante miserables e injustas para muchos profesionales de inteligencia, quienes ponían sus vidas y sus carreras en riesgo en un muy exitoso intento por proteger a Estados Unidos de un futuro ataque. La agencia lidió con los comités de la mejor manera que podría una organización no política, reconociendo plenamente que, si bien la supervisión del Congreso fue un instrumento necesario, esto a veces podría ser difícil algo difícil.

Mas cualquier reacción personal dirigida hacia alguna empatía común (del Poder Ejecutivo) por Holder está apagada no sólo por el carácter dudoso de Rápido y Furioso, sino también por algunas de las otras acciones del fiscal general. Por ejemplo, cuando estaba fuera de su actual cargo genialmente pidió un “juicio” para los agentes de la CIA y otros funcionarios que autorizaron y realizaron operaciones que fueron tensas y arriesgadas y que tenían la intención de abordar circunstancias difíciles.

Una vez en su actual cargo, lanzó un “juicio” de las actuaciones, detenciones e interrogatorios de la CIA a terroristas tras ordenarle al Departamento de Justicia reabrir investigaciones cerradas varios años atrás por fiscales de profesión. Esta decisión fue rechazada por el entonces director de la CIA, Leon Panetta y por siete de sus antecesores, y -según se informa- Holder tomó la decisión sin leer detallados documentos redactados por esos fiscales de profesión que se negaban a continuar con futuros juicios.

Los agentes de la CIA afectados por esto podrían haber perdonado algunos sentimientos de ironía ahora que escuchan al fiscal general negar algunas de las acusaciones formuladas en contra de sus agentes al decir: “Aquellos que desempeñan en las filas de quienes se encargan de hacer cumplir las leyes son los héroes de nuestra nación y merecen un agradecimiento por parte nuestro país, no la falta de respeto que se les achaca por parte de quienes ven una ventaja política”.

Por supuesto, fue también Holder el que decidió en el 2009 liberar lo que habían sido documentos secretos del Departamento de Justicia que esbozaban los detalles y proporcionaban la justificación legal para el programa de interrogatorios del gobierno de Bush. La liberación de estos documentos fue defendida por la administración como parte de un amplio compromiso con la “transparencia”.

Holder podría haber tenido más en cuenta que, según una reciente versión de Newsweek sobre la decisión, la dirección del Departamento de Justicia calculó que “si la gente se enteraba de los detalles, … habría un clamor popular de apoyo a realizar un investigación independiente”, y que cuando se había tomado la decisión de liberar los documentos, el fiscal general y su cúpula “celebraron en silencio, y esperaron a que comenzara la indignación nacional”.

Más adelante, en ese verano, Holder también liberó un informe previamente clasificado del inspector general de la CIA sobre el programa de interrogatorios, mientras el gobierno parecía activamente moldear esta historia para poner de la peor forma posible las acciones de su predecesor.

Como ya he dicho, schadenfraude, o el júbilo que provoca el mal ajeno, es algo malo. Pero a veces es difícil de evitar, sobre todo cuando la vida parece dar vueltas y volver a su punto de partida.

El fiscal general, Eric Holder, ha dejado en claro que piensa que ha sido sometido a un proceso muy politizado sobre Rápido y Furioso.

Si lo estuviera –en caso de que estuviera en esa situación- sospecho que algunas personas en la CIA saben exactamente cómo se siente él.

Nota del editor: El general Michael V. Hayden, quien fue designado en el 2006 como director de la CIA por el presidente George W. Bush, y estuvo en ese cargo hasta febrero del 2009, es uno de los directores de Chertoff Group, una empresa de consultoría sobre seguridad. Se desempeña en los consejos directivos de varias empresas de defensa, y es un profesor distinguido en la George Mason University. Hayden es consejero de la campaña presidencial de Mitt Romney. Tuvo altos cargos en el Pentágono y, de 1999 al 2005, fue director de la Agencia de Seguridad Nacional.

(Las opiniones expresadas en este comentario son solamente las de Michael V. Hayden).