¿Internet engendra asesinos como el noruego Anders Breivik?

(CNN) — El comentario en la página de Facebook del periódico noruego Verdens Gang en julio pasado era inequívoco. Decía: “¡La pena capital es la única sentencia justa en este caso!”.

Escrito por Thomas Indrebo, el caso al que se refería el mensaje era el del asesinato masivo meticulosamente planeado de 77 personas cometido en Oslo el 22 de julio del 2011 por Anders Behring Breivik.

Esta semana, el caso Breivik llegó finalmente a la corte criminal de Oslo. Pero Indrebo, quien aparentemente ha sido seleccionado como juez lego (la versión noruega del sistema de jurado americano y británico), no estaba en la corte. Él ha sido desechado por su comentario en Facebook, y es que Wenche Elizabeth Arntzen, juez que preside el caso, sugirió que podría “debilitar la confianza en su imparcialidad”.

Extrañamente, hasta Breivik, quien posteó sus intenciones asesinas en su propia página de Facebook justo antes de la desgracia de julio, podría estar de acuerdo con el comentario de Facebook de Indrebo. Ayer, al hablar en la corte, Breivik admitió que “solo hay dos resultados justos en este caso. Uno es la absolución, el otro es la pena capital”.

El raro comentario de Breivik captura la desconcertante naturaleza de un caso que hasta ahora ha sacudido desde la grotesca confesión pública de un asesino en masa hasta el igualmente desagradable espectáculo de un incitador de odio, cuyos delirios racistas parecen estar alimentados, al menos en parte, por Internet.

De hecho, sitios como Facebook, YouTube, Wikipedia y the World of Warcraft parecen ofrecer tan buenas pistas como cualquiera para saber por qué este hombre de 32 años decidiera un día disparar a tantos ciudadanos noruegos como pudiera.

Anders Behring Breivik puede o no ser encontrado clínicamente demente. Pero aparte de su locura, hay algo acerca de Breivik que captura, en extremo, el creciente delirio, de naturaleza violenta y narcisista, de nuestra cultura digital.

Por supuesto que sería grosero echarle la culpa de algo tan trágico como el asesinato masivo de 77 inocentes noruegos a las redes sociales. Y sin embargo sería igual de irresponsable simplemente ignorar estas señales y rehusarnos a encontrar una conexión entre la perturbada personalidad de Breivik y las más amplias fuerzas culturales de nuestro mundo, que está electrónicamente en red.

Primero tenemos su evidente personalidad narcisista que le ha permitido pararse en una corte en Oslo esta semana e inconscientemente presumir de haber hecho lo que él llama “el ataque político más sofisticado y espectacular desde la Segunda Guerra Mundial en Europa”. Fue este mismo narcisismo, claro está, el que dio pie a las 1,500 páginas del “Manifiesto 2083”, al igual que sus prolíficas publicaciones en páginas como Facebook y YouTube.

El narcisismo no fue inventando por Internet, y sería absurdo establecer una conexión entre el amor a sí mismo y un asesinato masivo. Sin embargo, la cultura de los medios digitales de hoy, que rompen en pedacitos las audiencias del siglo 20 convirtiéndolos en billones de autores del siglo 21 que pueden compartir sus más íntimos pensamientos con el mundo, parece estar haciendo del narcisismo el modo de existencia contemporánea por default. Como lo señala Stephen March en un excelente trabajo publicado este mes por Atlantic acerca de Facebook: “Alimentar el narcisismo no es tanto una tendencia como la tendencia detrás de todas las otras tendencias”.

Las redes sociales, como Facebook nos están haciendo más solitarios, concluye Marche. Él argumenta que entre más conectados pensamos que estamos en las comunidades de las redes sociales, nos estamos convirtiendo en personas más aisladas y atomizadas. Y si nos están enseñando una cosa esta semana en la corte central de Oslo, es la soledad de ser Anders Behring Breivik.

“Julio 22 no se trataba de mí. Julio 22 fue un ataque suicida. No esperaba sobrevivir ese día. Un narcisista nunca había dado su vida por nadie o por nada”, dijo Breivik esta semana en la corte. Él puede hablar todo lo que quiera de su asociación con grupos como Los Caballeros Templarios, pero la verdad es que Breivik está totalmente solo, sin amigos, sin compañeros conspiradores, sin novia, sin seres queridos. Incluso su padre no le habla desde hace años.

Después está la dependencia que tiene Breivik para aprender del mundo a través de internet. Cuando le preguntaron esta semana acerca de la más grande influencia de su ideología, la respuesta de Breivik fue simple. Wikipedia, dijo. En eso se sustenta su estrafalaria visión del mundo.

Probablemente, parte de su afección narcisista por Wikipedia radica en el artículo de más de 10.000 palabras que habla sobre él, una entrada que lo describe como un terrorista, incluye 200 pies de página y es casi tan detallado como las entradas de Wikipedia de Martin Luther King o Karl Marx. Ciertamente, dada la naturaleza abierta del sistema editorial de Wikipedia, ¿Quién iba a decir que el mismo Breivik, obsesionado consigo mismo, no iba a contribuir con su propia publicación?

Lo más inquietante de todo es la obsesión de Breivik con el juego World of Warcraft, un violento juego en línea que practicó de tiempo completo del 2006 al 2007. Una de las pocas veces en las que se le vio sonriendo fue cuando la imagen de su personaje en World of Warcraft fue desplegada en la corte.

Algunas personas que justificaban el juego sugerían que la adicción al World of Warcraft de Breivilk no significa nada. Pero están mal. Dada su completa falta de remordimiento por los asesinatos, no es difícil imaginarse que su obsesión por los juegos violentes en línea le ha permitido de alguna manera hacer una matanza virtual de personas reales, transformándolas de personajes de carne y hueso en abstracciones.

Tengo que estar de acuerdo con Thomas Indrebo. La pena capital es, de hecho, la única sentencia justa en el caso Breivik. Sin embargo este caso no es acerca de solo un personaje delirante. La obsesión con los juegos violentos en línea, su narcisismo, su dependencia en Wikipedia y en Facebook son advertencias acerca de cómo los medios digitales pueden corromper nuestro sentido de la realidad. Breivik puede ser el peor de los casos, pero temo que habrá más jóvenes como él en el futuro si la realidad virtual se convierte en nuestra realidad.

Nota del Editor: Andrew Keen es un empresario británicoamericano y escéptico profesional. Es autor de los libros The Cult of the Amateur y de Digital Vertigo, próximo a ser publicado. Este es el más reciente de sus comentarios para CNN acerca de cómo las tendencias de internet influencian la cultura social. Síguelo en Twitter en @ajkeen

(Las opiniones recogidas en este texto pertenecen exclusivamente a Andrew Keen).