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Opinión

Opinión: ¿Por qué las mujeres jóvenes son más ambiciosas que los hombres?

Por CNN en Español

Por Kathleen Gerson

Nota del Editor: Kathleen Gerson, autora de «The Unfinished Revolution: Coming of Age in a New Era of Gender, Work, and Family», es profesora de sociología y profesora de artes y ciencia en la Universidad de Nueva York. Fue miembro del 2011 al 2012 del Centro de Estudios Avanzados en Ciencias del Comportamiento en la Universidad de Stanford.

(CNN) — Con un titular que llama la atención: «Un cambio de género en las aspiraciones por carreras», el Centro Pew reporta que dos tercios de las mujeres jovenes afirman que «ser exitosa en una carrera o profesión que pague bien» es la meta principal en sus vidas.

No es de sorprenderse que estas mujeres expresen más ambición que sus madres y abuelas, lo que sí sorprende es que también muestren más ambición que sus compañeros masculinos. ¿Será una señal que estemos viendo un intercambio de géneros? ¿O acaso representa un tipo de negación -de parte de las mujeres y hombres-, acerca de los obstáculos con los que se enfrentarán a en su lugar de trabajo y en la vida?.

En la misma encuesta, el matrimonio y la paternidad siguen siendo metas importantes en la vida de los adultos jóvenes, con un 86% de mujeres y el 82% de hombres que enumeran el matrimonio como «muy importante» o «una de las cosas más importantes» en la vida. Los hijos son aún más deseados, con un 95% por parte de las mujeres y un 90% de los hombres poniendo el «ser un buen padre», en estas mismas categorías.

Aún así, las acciones de la gente joven, al menos cuando se trata de compromisos familiares, parecen no coincidir con estas aspiraciones que declararon.

Los jóvenes no solo están posponiendo el matrimonio, también son más propensos, que las generaciones anteriores, en pensar que es mejor quedarse soltero que entrar o seguir en una relación insatisfactoria. Más aún, mientras que las mujeres jóvenes ven al matrimonio como algo que desean, no creen que sea necesario para su felicidad o para convertirse en madre.

El espacio entre las altas aspiraciones de las jovenes, para sus relaciones y la paternidad junto con un trabajo remunerado, y su creciente tendencia para mantenerse «con sus propios medios» sugiere que son muy inocentes.

Al contrario, sus metas profesionales representan una evaluación realista y fría de cómo sería lo mejor para asegurar su propio bienestar, junto con el bienestar de cualquier niño que críen. En un mundo donde se sabe que es probable las mujeres carguen con la responsabilidad de mantener a una familia, por lo general la suya propia, es más peligroso bajar a sus ambiciones que rendirse ante los obstáculos que saben que van a encontrar.

Enfocarse en el autodesarrollo en el lugar de trabajo no significa, sin embargo, abandonar sus esperanzas por una vida familiar rica. Cuando entrevisté a gente joven acerca de sus experiencias y perspectivas, descubrí que tanto mujeres como hombres dicen convencidos que quieren combinar un trabajo comprometido con una sociedad satisfactoria de toda la vida entre iguales. También tienen un justificado escepticismo acerca de sus oportunidades de alcanzar este alto estándar.

Las mujeres están particularmente conscientes de lo difícil que es sostener una relación, especialmente en el contexto de los conflictos de trabajo-familia y el creciente desconcierto económico. Una sociedad igualitaria puede ser el ideal, pero muchas mujeres jóvenes ven la confianza en sí mismas a través de un trabajo remunerado como esencial para su sobrevivencia, si les ofrecieran la opción de escoger la relación correcta, mantener un tipo de autonomía dentro de ella y seguir por sí mismas si no llega nada mejor.

¿Y qué pasa con los hombres jóvenes?

Los proyectos de los hombres han bajado en cuanto a encontrar el tipo de trabajo estable y carrera que sus padres y abuelos tomaron por sentado. Con las inseguridades de la nueva economía, donde son menos los trabajos que ofrecen una seguridad de por vida, el que los hombres le bajaran a sus aspiraciones es tan comprensible como el que las mujeres aumenten las suyas. También los hombres están atrapados en un dilema, sufriendo entre la dificultad de obtener una carrera estable y las fuertes presiones para definir su valor por el tamaño del cheque de su quincena.

Mientras las aspiraciones de las carreras de las mujeres van en aumento y las de los hombres se tambalean, este espacio de género en declive debería de servir como una llamada de atención. Las generaciones más jóvenes quieren combinar la persecución personal de retos y trabajo bien remunerado, con los placeres y responsabilidades de una vida familiar comprometida. De hecho, unas encuestas anteriores del Centro Pew recogieron que el 73% de los estadounidenses creen que el emplear a las mujeres ha sido un «cambio para mejorar», mientras que el 62% dicen que compartir las responsabilidades de un trabajo remunerado y la crianza de los niños es «más satisfactorio que un matrimonio más tradicional».

Pero mientras las carreras requieran de una devoción sin trabas y constante, y los cuidados sigan siendo devaluados, privatizados y penalizados, la meta de llegar al balance deseado entre un trabajo remunerado y el resto de la vida resultará inalcanzable para mujeres y hombres jóvenes por igual.

La respuesta es dejar de preocuparse acerca del intercambio de géneros, y por el contrario, enfocarse en los cambios institucionales y culturales. Eso haría posible una genuina equidad.

(Las opiniones recogidas en este texto pertenecen exclusivamente a Kathleen Gerson).