#YoSoy132: entre primaveras e indignados

Por Rodrigo Cervantes*

El movimiento #YoSoy132 de México no lleva ni un mes de existir y ya es acreedor a comparaciones.

Algunos medios y líderes de opinión lo han puesto a la par con las revueltas insurgentes de la “Primavera Árabe”, con los “Indignados” de Occupy Wall Sreet y, claro está, con el movimiento estudiantil mexicano de 1968.

Incluso el término de “Primavera Mexicana” ya se ha empleado, con o sin signos de interrogación, en cadenas como la BBC y CNN. Es un término que, al parecer, viene de una carta de apoyo hacia #YoSoy134 de Occupy Wall St. y que analistas como Lorenzo Meyer ya se aventuran a explorar.

¿Será?

Desde que estalló en la Universidad Iberoamericana (UIA) como una protesta estudiantil en contra del candidato del Partido Revolucionario Institucional (PRI), Enrique Peña Nieto, #YoSoy132 aumenta constantemente en adeptos –primordialmente estudiantes universitarios de instituciones públicas y privadas.

Su crecimiento es, hasta ahora, casi exponencial. A los 131 estudiantes que en un video confrontaron las acusaciones en su contra (que los señalaban como agitadores durante la protesta en la UIA), ahora se suman cientos –quizá miles- más en el país. Y aunque mantiene hasta ahora su esencia universitaria, a #YoSoy132 recientemente se anexaron a sus filas algunos miembros sindicalistas y de la academia, entre otros sectores.

El escritor y activista Paco Ignacio Taibo II, simpatizante de #YoSoy132, expresó en una conferencia que el movimiento estudiantil actual se asemeja a del ’68 en el que fue partícipe, entre otras cosas, por su forma espontánea de surgir.

“El movimiento estudiantil explotó, otra vez, de manera accidental”, expresó Taibo II en esa charla, actualmente difundida ampliamente por las redes sociales de #YoSoy132.

Y justamente el uso de Twitter y Facebook ha contribuido en gran medida a la expansión de este movimiento. De ahí que no sea casualidad su nombre con tono de hashtag tuitero.

Así, aplicar la tecnología para aumentar adeptos y sincronizar manifestaciones es el elemento esencial que le ha ganado la comparación con los ‘indignados’ y con los rebeldes del África árabe, protestas que también estallaron bajo el poder del tuit.

Pero los contextos y los tiempos condicionan a los eventos, y por ello tampoco se les puede equiparar del todo.

El crecimiento de adeptos de #YoSoy132 es producto de la tecnología que emplean los jóvenes, pero también de la inconformidad social, el supuesto control informativo y la incertidumbre preelectoral del México actual; espectos que los universitarios evidentemente quieren cambiar y razones por las que sus "gritos de batalla" originales eran principalmente a favor del sufragio transparente y de la información justa para los votantes.

Esto podría parecer similar al hartazgo que se vivía en Libia y Egipto, cunas de la Primavera Árabe. Sin embargo, al menos hasta ahora, la agenda de #YoSoy132 no incluye derrocar a un gobernante –si acaso, ya piden juicio político para el presidente Felipe Calderón- ni tampoco han sufrido actos de represión violenta como los que se vivieron en la región noreste de África.

También hay una conexión con el descontento colectivo que los occupiers tienen ante la crisis económica en Estados Unidos y España (sitios fundamentales para este movimiento global). Pero, si bien todos estos grupos son víctimas de la recesión mundial actual, los estudiantes de #YoSoy132 son los descendientes de las constantes recesiones de su patria, entre ellas el catastrófico “Error de Diciembre” de 1994.

También, a diferencia de Occcupy Wall St., #YoSoy132 no ha realizado campamentos tomar espacios públicos, sino que aún se apega a la vieja usanza de marchar y reunirse en plazas públicas. Si acaso llegó a circular el hashtag “#OcupaSEGOB” previo a una protesta frente a la Secretaría de Gobernación (SEGOB) el 28 de mayo.

El evento culminó con el encuentro entre algunos representantes del movimiento con el subsecretario de dicha dependencia, quien recibió de ellos su solicitud de que el debate presidencial se transmitiera en cadena nacional. Este hecho motivó a que las dos principales televisoras de México, Televisa y TV Azteca, decidieran transmitir el evento en sus principales canales.

Así, #YoSoy132 logró parte de su cometido, y también logró ampliar su alcance gracias a la cobertura que recibió de ésta y otra de sus protestas en contra del control mediático, paradójicamente.

En este sentido, #YoSoy132 pareciera estar logrando –al menos hasta ahora- más que sus antecesores.

Occupy Wall. St. y los Indignados ibéricos no han podido hacer que gobiernos y corporaciones actúen conforme a sus demandas. La primavera árabe requirió de guerra y sangre para apenas derrocar a los gobernantes, no así alcanzar la paz ni la libertad total. Y el movimiento estudiantil del ’68, aunque plantó una semilla indispensable para el futuro de México, sucumbió oprimido sanguinariamente.

Incluso otros movimientos pacíficos exitosos que anteceden a #YoSoy132 no salieron tan airados. Mohandas Gandhi ganó la Independencia de India, pero dejó a un país dividido al morir. Martin Luther King, Jr. corrió esa misma suerte y, aunque se ganó terreno en los derechos de los afroamericanos, aún no sana la herida segregacionista.

Pero no se puede acabar de juzgar a #YoSoy132: es muy temprana su “primavera”.

Deberán probar el éxito de su misión de perseguir y otorgar información electoral veraz, responsable y equitativa. Eso puede ser difícil no solo por la abierta postura partidista de muchos de sus afiliados, sino también por los retos informativos de la era digital. Como ya vislumbraba el sociólogo Jean Baudrillard: “vivimos en un mundo en el que cada vez hay más y más información, pero menos y menos significado”. Y así, tuitear y retuitear es fácil; hacerlo con justicia y ética es otra.

También deberán abrir el diálogo ante los cuestionamientos que la sociedad les haga, principalmente en lo relativo a sus principios. Por ejemplo: si exigen la libertad de expresión, la supresión de duopolios mediáticos y la protección a la prensa, ¿debe imponerse la transmisión de cierto contenido? Si se autoproclaman “apartidistas”, ¿por qué sumarse a un movimiento en contra de cierto partido o candidato? Si se busca que el uso de internet sea un derecho para todos, ¿qué proponen para que esto sea una realidad?

Por último, #YoSoy132 también deberá probar su resistencia y que puede trascender más allá de la contienda electoral. Servirá su participación como observadores durante el proceso, pero también su vigilancia constante a los aparatos políticos y económicos. La falta de perseverancia es una de las principales razones por la que los movimientos sociales se desinflan (léase el ‘Mayo Francés’ del ’68 o algunos campamentos de ‘Indignados’ en el mundo).

Como sea, algo pasa con este movimiento, pero aun no vale la pena contrastarlo con otros más. O, al menos, no exagerar.

Como dijo el recién fallecido escritor Carlos Fuentes –cuya postura anti-Peña le ganó el retuiteo constante de #yoSoy132- en una de sus últimas entrevistas: “No podemos nombrar esta época, pero sentimos que todo está cambiando”.

*Nota del Editor: Rodrigo Cervantes, periodista mexicano, es editor general del periódico MundoHispánico de Atlanta, EE.UU. y colaborador del portal de observación de medios digitales Cosmociudadano.mx. Ha sido galardonado por la Asociación Nacional de Publicaciones Hispanas (NAHP) por su trabajo como columnista y fue “fellow” del programa Líderes Digitales del International Center for Journalists y de la Academia de Liderazgo de The New York Times, la Fundación Neiman de Harvard y el Maynard Institute. Participó como observador electoral durante los comicios mexicanos de 2000.

Las opiniones recogidas en este texto pertenecen exclusivamente a Rodrigo Cervantes.