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Opinión

“Fui cómplice del suicidio de mi hermano”

Por (CNNEspañol.com)

Nota del editor: Mayo es el mes de la conciencia por la salud mental. Erin Schwantner, una profesional de relaciones publicas en Seattle, compartió por primera vez la historia de su hermano en CNN iReport. Ella opera un blog, 4 The Love of Evan, para darle significado a su vida y educar a otros sobre las señales de advertencia del suicidio.

(CNN) — “La gente feliz y divertida no se suicida. No tiene sentido”.

Eso es lo que usualmente dice la gente. “Eran como una luz brillante… el alma de la fiesta”. Lo sé, porque yo solía decir estas cosas sobre mi hermano Evan.

Ahora lo entiendo mejor.

Si estás viendo esta nota en tu móvil, mira aquí la galería.

Hace cuatro años, solo unas pocas semanas antes de cumplir los 21 años, Evan terminó con su vida con la intención de ponerle fin a su dolor para siempre. Y me ha quedado sangre en las manos. Mis ideas erróneas sobre el suicidio han hecho que me convierta en cómplice.

Pensé que su incapacidad de lidiar con la realidad y madurar, o de conseguir una novia, contribuyeron con su sufrimiento. Pero estaba equivocada; una sola experiencia traumática no lo llevó a quitarse la vida. Evan estaba luchando contra un monólogo interior diariamente.

Evan era el tipo de persona que podía hacerte reír, incluso cuando no querías sonreír. Todo en torno a él parecía ser felicidad. Un pionero de la moda; él sabía lo que era genial antes que el resto de nosotros. Una persona muy sociable; él podía andar con muchos grupos diferentes en la escuela y era respetado en todos ellos. Un atleta talentoso y una mente creativa con dones artísticos; él era la última persona que podrías esperar que fuera atormentada por pensamientos suicidas.

Evan fue corredor campeón a nivel estatal. Él era alto, delgado y rápido. Cuando era niño, iba a recoger la correspondencia y le rogaba a mamá que le tomara el tiempo para ver cuánto se hacía corriendo de ida y vuelta por el largo camino de la entrada de la casa hacia el buzón. Su rapidez era su boleto. Y, luego, un día en su último año de la escuela secundaria, perdió el interés.

Recordando, esta fue la primera señal de advertencia que dejamos pasar.

En la Universidad, él escribió en su diario: “Son como las 9 de la mañana y sigo levantado desde ayer. …no entiendo como estoy funcionando, pero lo estoy haciendo. Siento como si mi cerebro fuera a colapsar. …apenas puedo sonreír. Aunque a veces lo finjo. …creo que necesito conversar con mis padres… tal vez con mi hermana, ella tiene razón, cuando quiere escuchar”.

Yo traté de escuchar, pero como dice él, en realidad no lo estaba escuchando. Él se deprimía cada vez más, pero yo le seguí asegurando que todo estaría bien y que él no tenía nada malo. Desearía poder volver atrás.

Nuestros padres estaban preocupados y lo sacaron de la escuela. Yo me acababa de graduar de la universidad y también regresé a casa, volviendo a estar todos bajo el mismo techo. Aunque Evan estaba en su peor momento, aún estoy agradecida por haber pasado este tiempo juntos como familia.

Por más que se esforzó, ya no pudo volver a ser feliz. El entusiasmo con el que él acostumbraba a vivir la vida al máximo, se había ido. Estaba consumiendo drogas y expresaba su furia a la menor ofensa. Después de una discusión familiar, le dio un puñetazo a la pared y se quebró la mano. Ya sea por el uso de las drogas o por su salud mental en deterioro, se volvió cada vez más paranoico en relación a las intenciones de sus amigos. Sus intereses artísticos y creativos se volvieron oscuros y confusos.

Él dejó que mis padres lo llevaran al médico de la familia. Todo lo que obtuvo fue una prescripción de antidepresivos y el consejo médico de “no preocuparse mucho por eso; él simplemente estaba siendo un muchacho”. Me pregunto si así es como un doctor trataría a alguien con diagnóstico de cáncer.

Tontamente, creímos que las cosas estaban mejorando. Y luego, el 23 de febrero del 2010, mi madre llamó con noticias que nos cambiaron la vida. Corrí hacía la casa y por todo el camino de entrada, el mismo camino de entrada de la casa en la que mi mamá le había tomado el tiempo a él todos esos años. Estaba acostumbrada a sacar de apuros a Evan, seguramente esto no sería diferente.

La casa estaba oscura. Recuerdo a los bomberos, a los paramédicos y a la policía aglomerándose en nuestro patio oscuro, mirando a sus pies. Habían llegado a salvar una vida, pero llegaron demasiado tarde. No había vida que pudieran salvar. Cegada por la luz de la linterna del policía sobre mi cara, me quedé helada. Me di cuenta que tampoco yo podía hacer algo por Evan.

Mientras consolaba a mis padres., empecé a encender los interruptores de la luz, en un débil intento por iluminar nuestra casa oscura. Estábamos destrozados. Cuando Evan se quitó la vida, él pasó su dolor a aquellos que nos quedamos, su familia y una gran cantidad de amigos. A través de esa gran pérdida, nosotros heredamos su sufrimiento.

Inmediatamente después de la muerte de Evan, estaba ocupada en conocer más sobre el suicidio. Leí todo lo que encontré en internet y compré muchos libros y autobiografías como parte de mi proceso de sanación. Formé un grupo de vigilancia de medios de comunicación para enseñarle a los medios locales sobre cómo informar responsablemente sobre los suicidios.

Yo intencionalmente no comparto los detalles gráficos acerca del suicidio de mi hermano. Una investigación extensa ha mostrado que cierto tipo de cobertura de noticias puede aumentar la probabilidad de suicidio en individuos vulnerables, incluyendo descripción de los medios y métodos usados. Cuando hablamos cuidadosamente sobre el suicidio, puede cambiar las ideas erróneas públicas y corregir los mitos, animando a aquellos que puedan sufrir de pensamientos suicidas a buscar ayuda.

En estos últimos cuatro años, mi familia ha sido la fuente de mi fortaleza. Juntos hemos trabajado para comprender la depresión, el suicidio y las ideas erróneas que alimentan los estigmas. En junio del 2012, mis padres y yo viajamos a San Francisco para participar en la caminata nocturna anual “Out of the Darkness Overnight Walk” [caminata saliendo de la oscuridad] de la Fundación Americana para la Prevención del Suicidio. Caminamos 29 kilómetros a través de la ciudad durante la noche, cruzando la línea de meta en la madrugada para hacer que la prevención y conciencia sobre el suicidio salgan a la luz.

Mi padre cree que eso ha sido la cosa más difícil que ha hecho desde de la muerte de mi hermano, y por el amor a Evan, él está listo para dar los pasos necesarios otra vez este año.

Ese viejo cliché no es cierto: el tiempo no cura todas las heridas. Pero hemos sobrevivido y hemos experimentado nuevamente la alegría. Es una felicidad mucho más rica, ya que vivimos cada día en honor a la vida no terminada de Evan.

Si estás en crisis, llama a la Línea de Emergencia Nacional de Prevención del Suicidio en Estados Unidos marcando el 1-800-273-TALK (8255). Ellos cuentan con consejeros capacitados disponibles las 24 horas del día, los 7 días de la semana para suministrar ayuda confidencial gratuita.