(Crédito: ADEM ALTAN/AFP/Getty Images)

Nota del editor: Camilo Egaña es el conductor de Encuentro. Las opiniones expresadas en este artículo son exclusivas del autor.

(CNN Español) - Setenta y dos horas en Quito y regreso a casa con las baterías recargadas.

Basta haber hablado con los estudiantes de Periodismo de la Universidad de las Américas para volver a sentir esa ventolera irredenta que te lleva a pensar que tú y solo tú con veinte años puedes y debes asaltar el Palacio de Invierno y, si te quedan fuerzas, tomar la Bastilla.

Basta hablar con los colegas de al menos diez medios de comunicación para constatar que esto de contar la vida sigue siendo un problema en América Latina; que ser periodista es oficio de quijotes.

La Ley de Prensa del gobierno ecuatoriano, aprobada en 2013, sigue siendo cuestionada por varias organizaciones que defienden la libertad de expresión. También están los que admiten que antes de que se promulgara esa ley, cierto tipo de prensa en el país se dedicaba a hacer de las suyas sin parar mientes en nada ni en nadie.

En una radioemisora, alguien me da los buenos días y me dice: “Bienvenido a la radio del gobierno”. Y yo, sabrá Dios por qué, pregunto ¿”La radio del gobierno o la radio del Estado?’’.

En el avión, un empresario arremete contra el presidente Rafael Correa; en el taxi, el chófer defiende las escuelas y las carreteras ‘del presidente”.

Jamás había oído hablar tanto y en tan poco tiempo de la libertad de expresión o mejor de los problemas de la expresión de la libertad.

Ni siquiera la crisis en la frontera colombo- venezolana hacía cambiar el cuestionario.

Los colegas preguntaban una y otra vez sobre la libertad de expresión, cada uno desde su trinchera ideológica o de la trinchera del dueño del medio para el que trabajan.

Y cuando regreso a Atlanta, me topo con que alguien ha creado una cuenta falsa con mi nombre en las redes sociales.

Es una cosa horrible.

Supongo que el responsable ha obrado también en nombre de la libertad de expresión.

Basta hablar con los colegas de al menos diez medios de comunicación para constatar que esto de contar la vida sigue siendo un problema en América Latina; que ser periodista es oficio de quijotes.

Camilo Egaña