Nota del editor: Moni Basu reportó esta historia desde Iowa tras los ataques en París. 

(CNN)– El pequeño edificio blanco pasa desapercibido excepto por sus ventanas cerradas adornadas con domos pintados en verde menta. Una media luna plateada atrapa el sol por encima de la puerta mientras entran hombres con barba y mujeres con sus cuerpos cubiertos de pies a cabeza.

Es una mezquita, enclavada en el más improbable de los lugares, en el corazón territorial de Estados Unidos, no lejos de los emblemáticos campos de maíz que hacen de esta ciudad el más grande productor de etanol del mundo.

Construida en 1932 con el dinero duramente ganado y reunido por todos durante la Gran Depresión, la Mezquita Madre le ha ofrecido refugio a los inmigrantes sirios que vinieron de lugares como Damasco y el valle de la Becá. Ellos no llegaron ayer, sino hace un siglo.

En esta parte del este de Iowa, los fieles islámicos sobrevivieron décadas de segregación en Estados Unidos, la reacción tras el 9/11 e, incluso, la gran inundación de 2008, cuando el río Cedar alcanzó al menos 9,44 metros y ahogó esta ciudad. El imán Taha Tawil recuerda cómo la comunidad se reunió para reconstruir la mezquita, la más antigua en Estados Unidos, cuando la crecida destruyó la planta baja.

Pero ahora, tras una serie de terribles ataques del Estado Islámico, basado en Siria e Iraq, la buena voluntad que costó décadas construir, está en riesgo de desmoronarse.

Aquí, en el corazón territorial, algunos cuestionan si los sirios que huyen de la guerra en su patria deberían ser aceptados en la ciudad que libremente recibió a sus ancestros. Ellos dicen que el gobernador de su estado, Terry Branstad, tiene derecho a unirse al coro de otros líderes de estado que le han dicho no a la Casa Blanca en cuanto a reasentar a los refugiados sirios.

"Yo no odio a los musulmanes, pero me opongo por completo a esto", dice David Ahart, de 55 años de edad, un electricista en Cedar Rapids. "No hay manera de saber quiénes son estas personas".

Emma Aquino-Nemecek, de 58 años de edad, es una inmigrante de las Filipinas. "Cuando llegué a Estados Unidos, ellos sabían todo de mí", dice ella. "Pero no hay manera de documentar a estas personas o confirmar sus historias". Yo no estaba tan preocupada hasta que sucedió lo de París. Esto nos podría suceder aquí".

Y Joel Mason, de 25 años de edad, dice que se alistó en la Guardia Nacional del Ejército de Iowa y fue a Afganistán para no tener que luchar una guerra en suelo estadounidense.

"No vale la pena correr el riesgo", dice él. "Solo se necesitaron 19 de ellos el 9/11".

Pero comentarios como ese no se oyen bien dentro de la comunidad árabe establecida en la ciudad, musulmanes y cristianos por igual.

"Al conocer la historia de la inmigración aquí, Iowa debería ser el primer estado que abriera sus puertas", dice Hassan Selim, de 28 años de edad, el imán en el Centro Islámico de Cedar Rapids, una de las tres mezquitas en la ciudad

Selim, originario de Egipto, estaba orgulloso de nacionalizarse como ciudadano estadounidense en noviembre. Él le dice a sus nuevos compatriotas: "No hay fundamento para el miedo. Con esta política no le estás cerrando la puerta a los terroristas sino a los niños".

Cerrarle la puerta a los sirios en necesidad también redundará en beneficio de ISIS. Las personas que recurren a esa clase de ideología están desesperadas, dice. "Si no les das una oportunidad, ellos podrían incluso desesperarse más", dice Selim.

La división de opiniones opera de manera tan intensa como el río Cedar... y ellos importan.

En esta parte de Iowa, un estado fundamental para todos los asuntos políticos, la crisis de refugiados sirios podría ser un factor en las próximas asambleas partidistas primarias presidenciales.

Los sirios son una parte del tejido de la sociedad

Desde su oficina, el alcalde Ron Corbett compara su ciudad a otra que tiene edificios del gobierno y que, de manera similar, está situada en una isla en medio de un río. "Solo hay dos lugares que son como este", promulga: "Cedar Rapids y París".

Las noticias del ataque terrorista en París entristecieron profundamente a Corbett; su exesposa es de Francia y sus cinco hijos son ciudadanos franceses. Como el alcalde de Cedar Rapids, él insta a ser prudentes en lo que se refiere a que se establezcan aquí refugiados sirios. Él no logra sacarse de la mente la imagen de los cuerpos en la sala de conciertos Bataclan manchada de sangre.

Él también piensa en la reunión con Andy Berke de Chattanooga, Tennessee, en una conferencia de alcaldes a principios de año. Unos meses después, en junio, Berke estaba lidiando con tiroteos en centros militares en su ciudad, en donde murieron cuatro Marines.

"Este no es un problema de migrantes", dice Corbett. "Es un problema de seguridad".

Corbett vino a esta parte de Iowa para estudiar en la universidad y nunca se fue. Quería quedarse y hacer una diferencia cuando el estado se tambaleaba por la crisis agrícola en la década de 1980. Él sirvió en la Legislatura Estatal hasta que sintió la necesidad de ayudar a esta zona después de la inundación de 2008. Las personas aquí lo llaman "Katrina de Iowa".

Él está muy consciente de la antigua comunidad árabe en su ciudad. Hay doctores, maestros, empresarios y abogados sirios estadounidenses y libaneses estadounidenses, algunos de ellos bien conocidos.

Ellos se unieron a las fuerzas armadas y fueron a la guerra... Abdullah Igram regresó del Pacífico en la Segunda Guerra Mundial y ayudó a allanar el camino para tener una "M" para los musulmanes como una opción para las placas de identificación del Ejército. Dos de los capellanes del consejo interreligioso de la ciudad son árabes. Un hospital de cáncer y el YMCA llevan el nombre de la empresaria Helen Nassif. La ciudad es el hogar de un proveedor mundial de carne halal, y el hummus ha sido un elemento básico aquí desde mucho antes de que la tendencia nacional de alimentos saludables se arraigara. Además, recientemente, un hombre árabe fue elegido alcalde del vecino condado de Marion.

"Ellos son parte de la estructura de la sociedad aquí. Ellos han retribuido en muchas formas", dice Corbett. "Iowa ha sido un estado abierto. Pero ahora los estados están enfrentando un desafío. Como alcalde, soy el final de la línea".

'Estamos a la defensiva'

La última vez que Hassan Igram se reunió con el gobernador de Iowa, él le dio las gracias por tanto apoyo para la comunidad islámica. Branstad incluso firmó una proclamación en el Día del Reconocimiento Musulmán el pasado mes de abril, como parte de un esfuerzo por combatir la islamofobia.

"Ahora, estoy muy decepcionado", dice Igram, de 59 años de edad, quien dirige una empresa de impresión comercial en Cedar Rapids. Entre sus clientes se cuenta la gigantesca tienda por departamentos Von Maur.

"Eso es bastante grande", dice Igram, orgulloso del éxito que ha logrado con un pequeño negocio familiar. Su abuelo, cuyo nombre lleva él, llegó a Estados Unidos desde el valle de Becá en 1915, cuando huía de la agitación y la pobreza en los últimos días del Imperio otomano.

Igram, al igual que muchos de los residentes sirios y libaneses de Cedar Rapids, nació y creció aquí, memorizó el Corán cuando era niño en la Mezquita Madre y regresó al valle de Becá a casarse con una mujer libanesa. Uno de sus hijos estudia para convertirse en un erudito islámico en la Universidad de Medina en Arabia Saudita.

"Sí, me gustaría decir que soy un musulmán practicante", dice Igram mientras come una ensalada mediterránea con salmón. Como tal, él se entristece por el discurso antimusulmán lleno de odio que escucha.

En Cedar Rapids, parte de esto fue provocado por un escándalo reciente que involucró a Midamar Corp., una compañía de carne Halal (un método de sacrificio según lo prescrito por el islam) fundada en 1974 por Bill Aossey, el patriarca influyente de las clases de la comunidad sirio-libanesa aquí. Aossey está en la cárcel tras ser declarado culpable de falsificación, lavado de dinero y conspiración para defraudar a Estados Unidos.

El juicio de Aossey y sus hijos se embrolló aún más por una investigación sobre un incidente por separado que involucraba a cuatro personas de ascendencia libanesa. Los cuatro fueron acusados ​​de intento de contrabando de armas hacia Líbano bajo la apariencia de una unidad de ropa. Nadie en Midamar fue acusado, pero el contenedor de transporte fue empacado en el muelle de carga de la compañía.

"Eso no ayudó a nuestra causa", dice Igram.

Luego ocurrió lo de París.

Igram dice que entiende que las personas tienen un temor auténtico. Él ve cómo la juventud musulmana en Estados Unidos puede alinearse a la ideología peligrosa, ser influenciada por imanes radicales. Pero él no perdona a los políticos por ser reaccionarios.

Él observó la triste noticia de París hace una semana y se preguntó: "¿Por qué? ¿Por qué estas personas irían a una sala de conciertos, a un estadio de fútbol y se inmolarían? El enfoque tiene que estar en su ideología, no en la religión".

Pero todo esto es bastante nuevo para Igram, quien creció en Cedar Rapids, en el apogeo de la época de los derechos civiles. Siempre se sintió afortunado de haber escapado del aguijón de la discriminación.

Él dice que los árabes que se asentaron aquí hicieron su mejor esfuerzo para asimilar y convertirse en parte del Estados Unidos blanco. Fotos en la Mezquita Madre muestran a mujeres sirias y libanesas con vestidos cortos y sus cabezas descubiertas.

"Nunca entendí cómo la comunidad negra se sentía hasta ahora", dice Igram. "Estamos, en cierto grado, a la defensiva".

Incluso mientras que él habla, su teléfono inteligente se ilumina con un mensaje de un amigo blanco que pasó la noche discutiendo con su hijo lo que es el islam y lo que ISIS no es.

"Él está un poco confundido al respecto, pero fue grandioso escucharlo preguntar y tratar de entender", escribió el amigo. "Sería maravilloso si pudieras enviarle una línea para expresarle cuáles son tus creencias y por qué razón el miedo obcecado es algo irracional. Él siente que esto es demasiado profundo para él y quiere entender sin insultarte... este es un solo ladrillo en los fundamentos y eso me hace feliz".

'Regresa al lugar de donde vienes'

El sol no había salido aún en la mañana después de los atentados de París cuando Miriam Amer recibió su primera llamada telefónica. "Sal de nuestro país. Regresa al lugar de donde vienes".

Amer, de 47 años de edad, no sabía qué hacer con eso. ¿Volver a dónde? ¿A Massachusetts, donde nació y creció? Sus antepasados ​​procedían del fértil valle de la Becá cuando todavía era una parte de Siria. (Hoy en día está en el Líbano y sirve como refugio para medio millón de refugiados sirios). En Estados Unidos, el bisabuelo de Amer cabalgó con Teddy Roosevelt y los Rough Riders en la Guerra Española.

"Tú no podrías decir que soy musulmana si no me pongo la hiyab", dice ella.

La trayectoria de su vida cambió radicalmente después de que un grave accidente la dejó discapacitada. Ella se recuperó lo suficiente como para desenvolverse en la vida, caminar con un bastón, pero no lo suficiente como para cumplir sus sueños de practicar la ley ambiental. Se casó con un académico egipcio y se mudó a Iowa por el trabajo de su esposo.

Aquí, se encontró con una comunidad que la acogió. "Iowa ha sido cordial (con los inmigrantes) desde hace décadas", dice ella.

Pero ahora las cosas son diferentes. "Por supuesto que esto ha afectado la buena voluntad", dice ella.

Esta es la razón por la que ella se deleita en su trabajo como jefe del Consejo de Relaciones Estadounidenses-Islámicas en Iowa.

Enumera una serie de incidentes de vandalismo y violencia contra los musulmanes, entre ellos uno en junio pasado en el que se metieron a la casa de un hombre musulmán sudanés. "Te vamos a matar", decían las palabras pintadas con aerosol en una pared interior.

Después de eso, unos cuantos residentes se unieron para mostrar su apoyo hacia la comunidad musulmana con una "love-in" (reunión de cariño) organizada por la artista Lori Jayne Carlson, de 51 años de edad.

"¿Cómo pudo suceder esto en nuestra comunidad?", pregunta Carlson. "Estábamos desconsolados".

Amer siente que, en cierto modo, las cosas son más difíciles para la comunidad musulmana porque siempre están bajo presión para cambiar la forma en que se ven, su forma de vestir. Ahora, es aún más difícil para los musulmanes sirios. Es tan fácil, dice, mostrarse displicente respecto a su religión y su cultura a causa del terrorismo.

Un buen lugar para los refugiados

Es una cultura que Maria Canas extraña profundamente.

Su madre y sus hermanos todavía están en Damasco y ella ha visto desde lejos mientras que la prolongada guerra ha cobrado su precio. Ella solo puede comunicarse con ellos mediante sus teléfonos móviles y no tan a menudo como a ella le gustaría.

A veces, cuando ella regaña a sus hijos les dice que no se quejen tanto, que "los niños sirios no tienen nada".

Piensa en la última vez que estuvo en casa para la boda de su hermano en el verano de 2010... antes de la guerra civil. Ella no se siente que esa forma de vida vaya a regresar en toda su vida. Algunas veces, ella llama a su madre para hablarle y no pueden, ellas lloran.

Canas, de 40 años de edad, se estableció en Cedar Rapids después de que se casó con un hombre griego. Los dos comparten una religión: el cristianismo ortodoxo. A ella le gustaba el hecho de que hubiera una comunidad aquí y una iglesia a la que ella pudiera asistir. Su religión es importante para ella, pero también lo es su país.

Ella desprecia los comentarios de políticos como Jeb Bush, quien sugirió que la ayuda estadounidense a los refugiados sirios se debe limitar a los cristianos. Ese tipo de política, dice, crearía más odio.

"No todos los musulmanes son malos", dice Canas. "No todos los cristianos son buenos".

Ella piensa que Cedar Rapids sería un gran lugar para los recién llegados de Siria.

"Este es un pueblo pequeño y las personas son generalmente cordiales y bondadosas. Eso es lo que los refugiados necesitan... un refugio cálido".

'ISIS está destruyendo mi herencia'

Dentro de la Mezquita Madre, el imán Taha Tawil saca un Corán de 150 años de antigüedad. Este es uno de los pocos artefactos que él se ingenió para salvar en la inundación de 2008. Muchas cosas que fueron traídas por los primeros inmigrantes de Siria se perdieron por el daño del agua.

Él habla con ternura acerca de cómo los musulmanes y no musulmanes, árabes y no árabes, se unieron para reconstruir la mezquita. En la destrucción, hubo compasión. ¿Será que ahora no puede ser igual?, se pregunta. ¿Puede el más horrible de los acontecimientos como los atentados de París no ser también algo unificador?

Tawil le ofrece a los visitantes a la mezquita un recorrido, les muestra las fotografías de los hombres y mujeres que fueron pioneros en la comunidad siria de Cedar Rapids. Fuera de esta mezquita, él desearía que las palabras "Siria" e "islam" no incitaran tanta ansiedad y odio.

"No podemos culpar a los católicos por la mafia", dice. Es importante que los estadounidenses entiendan el contexto histórico del terrorismo que se incubó en esa parte del mundo.

Tahil había venido de visita desde Jerusalén hasta Estados Unidos en 1983 y nunca regresó después de que le ofrecieron un trabajo como imán en Cedar Rapids. El país de Estados Unidos en el que él aterrizó era un crisol... uno al que él le gusta describir ahora como una tazón de ensalada.

Los inmigrantes –refugiados o no– son ahora mucho más propensos a mantener sus culturas y sus identidades. Ellos no se funden en un solo guiso pero se mezclan como los tomates, pepinos, lechuga y crutones en una ensaladera.

"No le estoy pidiendo a nadie que empiece a hacer fiestas y a tomar alcohol, o que renuncie a su religión", dice. "Pero mira la comunidad árabe aquí. Su éxito en Iowa es único, ellos asimilaron, construyeron la confianza. Hemos visto otras comunidades en Estados Unidos, donde las personas no se integran".

Él le dice a su congregación que se debe mezclar. De lo contrario, él les dice: "Ustedes serán un fracaso; necesitan ser una parte de Estados Unidos".

Tahil se quita los zapatos y deambula en la sala de oración alfombrada en el segundo nivel. En las paredes se ve arte islámico y citas del Corán. Él comienza a describirlos y luego hace una pausa para decir esto:

"ISIS está destruyendo mi herencia, todo lo bueno del islam. Ellos no pertenecen a mi religión, ellos no pertenecen a mi forma de vida".

Èl quiere decirle a los líderes de Estados Unidos que la crisis de los refugiados sirios no se trata sobre ISIS, sino sobre la humanidad. Él pregunta: ¿Acaso no todas las religiones les enseñan a sus seguidores acerca del amor y la compasión?

Sobre él, en la pared hay una placa de madera pintada y adornada con caligrafía árabe.

Dice "Allahu Akbar". Dios es grandioso.