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Noticias de EE.UU.

Cada vez es más difícil creer que Trump puede ser derrotado

Por Timothy Stanley

Nota del editor: Timothy Stanley, un conservador, es historiador y columnista del diario británico Daily Telegraph. Es el autor de “Citizen Hollywood: How the Collaboration Between L.A. and D.C. Revolutionized American Politics” (Ciudadano de Hollywood: cómo la colaboración entre Los Ángeles y D.C. ha revolucionado la política estadounidense). Las opiniones expresadas en este comentario son suyas.

(CNN) — Donald Trump obtuvo algunas victorias extraordinarias el martes por la noche, lo cual hace más sólido su liderazgo. Se deshizo de dos competidores, mientras que humilló a un tercero. Desde Nevada hasta Michigan y desde Massachusetts hasta Misisipi, Donald es el único candidato con un seguimiento nacional que se traduce en victorias, las cuales no solo son consistentes sino también profundas. Está encaminado a ser el candidato propuesto por los republicanos.

La narrativa que ha evolucionado en relación a que “Trump puede ser derrotado” se está volviendo un tanto gastada.

Primero, nos dijeron que perdería cuando el campo se estrechara. Luego, que Marco Rubio podría derrotarlo con sarcasmo. Después, que sus totales de delegados podrían ser socavados por una coalición de fuerzas anti-Trump que están en marcha en distintos estados.

Se formaron extrañas alianzas. Lindsey Graham, quien alguna vez bromeó que un jurado de senadores no condenaría a un hombre por matar a Ted Cruz, anunció: “Ted y yo estamos en el mismo partido, Donald Trump es un intruso”.

El Partido Republicano está, por lo tanto, luchando para ganar sus propias primarias. Pero aunque la perspectiva de una convención abierta sigue siendo una realidad, el martes lo hizo parecer menos probable.

Cruz, por ejemplo, llegó a Misisipi disfrutando del respaldo del gobernador y con señales de un aumento reciente en las próximas primarias de Luisiana, pero el auge no se materializó. Las encuestas de salida indican que ocho de cada diez votantes se describieron a sí mismos como evangélicos o nacidos de nuevo.

Cruz ganó a los que dijeron que la religión determinaba su voto; Trump ganó a los que pusieron otros factores en primer lugar. Cruz arrasó con los que se describieron como “muy conservadores”; a Trump le fue mejor entre los menos ideológicos. Cruz ha ganado la mayoría de contiendas contra Donald, pero por lo general solo en asambleas partidistas y con el apoyo de una estrecha banda de compañeros de viaje filosóficos. Es difícil verlo trasladar ese voto a una tendencia nacional. No es imposible, pero requeriría que otros candidatos se retiren de la contienda.

En Michigan, Trump superó fácilmente un desafío por parte de John Kasich, quien había pasado mucho tiempo haciendo campaña en el estado en el que bromeó: “Voy a tener que empezar a pagar impuestos” allí. Trump se benefició, al igual que Bernie Sanders, en las primarias demócratas, de la desafección hacia el libre comercio. Su voto tendió a establecerse entre los pobres, las personas con menos educación o los votantes mayores.

Cruz, de nuevo, ganó a la gente “muy conservadora”; Trump ganó a los “conservadores”; Kasich dominó entre los “moderados”. Y de la misma manera que la base de Cruz es demasiado pequeña para derrotar a Trump por sí sola, la de Kasich no parece extenderse más allá del norte y noreste. Es posible que aún pueda ganar su estado natal de Ohio la próxima semana. Marco Rubio, por el contrario, sin duda está en problemas en Florida. El hombre a quien la clase dirigente del Partido Republicano prefiere como el candidato propuesto quedó en cuarto lugar en las dos contiendas cruciales del martes.

Trump, ya en Florida, se felicitó por sus victorias al lado de una mesa cubierta de productos de Trump que incluían vino y filetes Trump. Si gana la Casa Blanca, probablemente será el primer presidente que se encargará de las comidas en la toma de posesión.

A muchos expertos, incluyendo a mi persona, nos cuesta entender por qué las personas están votando por este comerciante vulgar. Pero ha llegado el momento de aceptar que lo están haciendo. Su logro es grande. Otros populistas conservadores han contendido por la nominación republicana en un partido anti-libre comercio; ninguno ha tenido éxito.

Ni Pat Buchanan en 1996 ni Rick Santorum en el 2012, quienes cortejaron a los votantes de cuello azul y profesaban abiertamente su fe, lograron ganar en Michigan… el estado más asociado con los dolores de la desindustrialización.

Sin embargo, Trump, quien no es especialmente religioso y quien es increíblemente rico, ha logrado ganar la suficiente cantidad de votantes enojados y desposeídos hacia su causa. Una encuesta de salida encontró que el 53% de los republicanos de Michigan creen que el libre comercio “reduce puestos de trabajo”.

Esto representa una crisis de fe no solo en el liderazgo republicano, sino en su misma ortodoxia. Los crecientes números de conservadores no consideran como algo axiomático que el libre mercado funciona para ellos, que la guerra es una necesidad o que el enorme gobierno siempre es malo.

Por supuesto, en la otra contienda, un gran número de demócratas ha señalado un enojo de manera similar. Los blancos de la clase trabajadora, quienes han sido dejados de lado por la globalización, se están uniendo a los jóvenes estudiantes idealistas para apoyar al senador Bernie Sanders.

Tal vez el verdadero significado del martes es qué representa eso para los ganadores que se llevan toda la bonanza prevista para el 15 de marzo. Las esperanzas de la clase dirigente han sido derrotar a Trump en Ohio y Florida. Ninguna propuesta ahora se ve tan segura.

Si Trump gana las dos contiendas, o incluso solo una, entonces el Partido Republicano tiene que encontrar la manera de conciliarse, tanto en cuanto al hombre como en cuanto a la gente que ha votado por él. Una conspiración para robar la nominación de un candidato tan popular sería interpretada como un golpe antidemocrático.