Nota del editor: Camilo Egaña es el conductor de Encuentro. Las opiniones expresadas en este artículo son exclusivas del autor.

(CNN Español) - Hay una expresión castiza hasta la médula que se refiere sobre todo a la mala suerte.

Uno conoce al suegro y resulta que odia de un modo visceral, a los que trabajan para la televisión. Y mucho más a que los aparecen cada tarde en ella.

Uno se compra un auto y tras sacarlo del concesionario,  termina humeando en plena calle.

Pero el colmo de la mala suerte podría ser la de quien monta un circo y  súbitamente, le crecen los enanos. De hecho así dice la frase que yo oigo una y otra vez cuando me paseo por el Madrid con más solera.

Al presidente de México lo de la llamada “verdad histórica” del caso Ayotzinapa —la versión de su gobierno—,  va camino de convertirse en un circo con enanos que podrían jugar en la NBA, de lo creciditos que están.

En las últimas semanas, ha aumentado de modo ostensible el recelo y la crítica internacional por el modo en que el gobierno mexicano ha tratado la desaparición de 43 estudiantes en Ayotzinapa en Guerreo, un estado que vive  a merced de los narcos y de los que intentan terminar con ellos.

Un año y medio después de que los chicos desaparecieran y de que la tristeza y la desesperación de sus padres –y de quienes no lo somos -, se haya convertido  en una costra horrible y pegajosa, Peña Nieto tiene el que acaso sea el reto más grande de su administración: enfrentar la indignación de muchos mexicanos, la suspicacias de diarios como El País, de España o el The New York Times, y de organizaciones como  la ONU y  Amnistía Internacional y la infinita tristeza de esos padres que buscan a sus hijos en cada mota de polvo al atardecer.

Al circo del poder en México le han crecido los enanos y cuando eso ocurre, no hay nada que hacer como no sea …cerrar el circo. O despedir al administrador.

Al presidente de México lo de la llamada “verdad histórica” del caso Ayotzinapa —la versión de su gobierno—, va camino de convertirse en un circo con enanos que podrían jugar en la NBA, de lo creciditos que están.

Camilo Egaña