El presidente cubano Fidel Castro y el papa Juan Pablo II saludando a periodistas en el Palacio de la Revolución de La Habana tras reunirse el 22 de enero de 1998. Crédito: PAUL HANNA/AFP/Getty Images.
El presidente cubano Fidel Castro y el papa Juan Pablo II saludando a periodistas en el Palacio de la Revolución de La Habana tras reunirse el 22 de enero de 1998. Crédito: PAUL HANNA/AFP/Getty Images.

Nota del Editor: Esta es una entrevista que el corresponsal de CNN en Español en Jerusalén José Levy le hizo al expresidente cubano Fidel Castro durante su visita a Roma y su encuentro con el Papa Juan Pablo I, en 1996.

(CNN Español) - Uno de los momentos que causó un mayor impacto informativo en la vida de Fidel Castro fue su encuentro con el papa Juan Pablo II en Roma en 1996.

Cientos, o yo más bien diría miles de periodistas de todo el mundo, nos disputábamos poder estar presentes en las pocas declaraciones públicas del líder cubano.

No era para menos, tras la caída del muro de Berlín unos años antes, parecía que otro tipo de muro, entre dos grandes rivales idelógicos, se derrumbaba en Roma. Los representantes de formas totalmente distintas de ver la vida, al mundo, se tendían por primera vez la mano. Y tras el encuentro, conseguí lo que yo mismo me esperaba, ser el único periodista que entrevistó ese mismo día a Castro.

En sus palabras y para mi sorpresa, las expresiones con las que el él se refirió entonces a Juan Pablo II eran, yo diría, que hasta entrañables.

José Levy: ¿De qué hablaron en su reunión histórica entre usted y el papa?

Fidel Castro: Realmente el papa fue tan amable que me dejaba hablar a mí casi todo el tiempo, me recibió con su rostro bondadoso, noble, me sentí bien realmente al encontrarme con él. Le di las gracias por la visita, le expresé mi satisfacción por su pronta recuperación y le expresé admiración por la valentía con la que afrontado las enfermedades y las dificultades que ha tenido.

Después conversamos sobre su magnífico discurso en la conferencia cumbre, los temas que abordó: la pobreza, la opulencia, las diferencias entre pobres y ricos, la carrera armamentista y los gastos de la carrera armamentista, y también la deuda externa que es un problema importante. Sobre estos temas le hablé con gusto, hablamos de cosas históricas, lo que conocía de él y de su historia, hablamos de América Latina de cómo fue la historia de América Latina que fue una historia exactamente igual a la de Polonia, donde nacieron junto a la Iglesia y el Estado, cuando se convirtieron al Cristianismo.

De todos esos temas le reiteré la invitación, le hablé de su viaje a América Latina y de sus prédicas a favor del campesino, de las mujeres, de los desempleados, de los indios y si más yo le quería hablar o tomar la palabra, yo le hablaba y él esperaba, él se expresaba con sosiego y con brevedad. Entonces yo continuaba con mi conversación, porque no sabía qué iba a hacer, a hablar, pero fue tan amable, tan generoso, que más bien abrió las posibilidades para que yo le explicara cosas, mis problemas.

Realmente salí muy satisfecho de la entrevista con el papa y no hay ningún secreto; la entrevista era importante por el papa, no por mí, mucha expectación y yo decía ¿Por qué? Si el papa y yo no podemos resolver todos los problemas del mundo. El papa sí, yo no soy más que un modesto visitante, tú sabes cómo son los protocolos del papa, y yo vine a Roma sabiendo que todos los que vienen, quieren saludar al papa, y expresé mi deseo de saludarlo con un tono generoso. Aceptaron gustosamente mi entrevista, eso es lo que hablamos, no más misterios, creé un clima, una atmósfera y para mí ha sido una lección muy importante, y la personalidad de este papa, sin duda, es una de las personalidades más extraordinarias de estos tiempos, pero te dicho en esencia, en media hora no se puede hablar mucho.

Levy: ¿Cree que está reunión quizás marcará un nuevo capítulo en la relación de Cuba con la Iglesia Católica?

Castro: Como yo le expliqué, las relaciones han tenido problemas, dificultades, pero ninguna ha sido traumática, nunca ha habido un sacerdote físicamente agredido, humillado. Nunca ha habido un templo cerrado. Ha habido polémicas y discusiones en cuestiones teóricas, y en ese tipo de cosas ninguna ha causado trauma. Creo que la única revolución en el mundo porque en todas partes con la Revolución Francesa, cuando la Revolución Rusa, cuando la revolución civil española. Con la mexicana, me conozco un poco de todas las revoluciones que han existido en todas partes. Y en la nuestra no pasó ninguno de estos problemas.

Levy: ¿Trataron la Ley Helms Burton?

Castro: Bueno, lo que hice fue darle las gracias por la posición del Vaticano expresada en la declaración... Que le di las gracias por eso y le dije que era muy importante ese apoyo. Importante por el poder espiritual de la Iglesia, que es grande en el mundo, y especialmente de este papa.

Levy: ¿Qué le diría a los senadores que hicieron la Ley Helms Burton?

Castro: ¿Qué le voy a decir? Que ojalá en el futuro sean más sabios y justos. No le tengo que pedir nada. Le diría que resistiremos sus leyes, sobrevivirá la revolución y avanzará.

Y algún día todo eso pasará a la historia como una gran estupidez, y aparte de eso un gran crimen. Un intento por matar por hambre y por medicamentos a un pueblo. Eso la historia no lo perdona.

Levy: ¿Cómo se siente estos días despertando un interés desmesurado, que creo que otros líderes no han tenido antes en todos los medios de comunicación en el mundo?

Ahí donde va es una estrella.

Castro: Como te dije, no pude participar en las grandes ligas, ni en los grandes campeonatos de basquet, mi opción fue política y no hay ningún misterio en eso. Es muy sencillo que me he atenido a mis condiciones de la verdad y la he dicho, y como pocos en el mundo, hoy se sienten en liberad de decir la verdad porque sufren las consecuencias. Cuba se siente más libre porque está bloquedada, porque no pertenece al Fondo Monetario Internacional, no pertenece al Banco Mundial, ni a ninguna institución de crédito y tiene libertad.

Si no lo fuéramos, trataríamos de decir la verdad, pero al estar excluidos de este mundo nos da libertad y mucha gente que quiere decir cosas y no pueden, se alegran de que las digamos. Pero en esencia no es un mérito mínimo, es simplemente la buena voluntad y generosidad de la gente que he encontrado en todas partes. Porque llevamos varios años luchando, hemos sido firmes, hemos sido fieles a nuestra idea, no tengo ninguna otra explicación y me satisface, no por mí, sino porque lo que pueda llegar a crear un poquito de conciencia de las injusticias de este mundo, no nos queda más remedio que resolver, porque no tenemos otra alternativa.

Levy: ¿Es por el tema del hambre que está aquí en Roma?

Castro: En los últimos cinco años la población aumentó en 500 millones, casi la
producción de cereales se redujo en 100 millones, estamos en una catástrofe muy seria y larga de explicar, pero creo que la confederación ha sido muy buena porque ayuda a crear conciencia igual a la del medio ambiente, igual a la del desarrollo social, igual a las comunidades allá en Estambul lo he podido apreciar. Muchos gobiernos están oyendo hablar por primera vez de estos problemas.

Levy: Muchas gracias, señor presidente.

Castro: Encantado.