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México Voto 2018

Consejos para Trump sobre el nuevo presidente de México: no lo presione

Por Bill Richardson

Nota del Editor: Bill Richardson es exgobernador de Nuevo México. Fue enviado especial de la OEA para América Latina entre 2011 y 2015. También fue embajador de EE.UU. ante las Naciones Unidas y secretario de Energía durante la presidencia de Bill Clinton. Los comentarios expresados en esta columna pertenecen exclusivamente al autor.

(CNN) — Al igual que el presidente Donald Trump, el virtual ganador de las elecciones presidenciales de México, Andrés Manuel López Obrador, está agregando su nombre a una lista creciente de líderes electos en el mundo que han cabalgado sobre los lomos del descontento con el establishment político mundial. El triunfo decisivo de López Obrador sacude a los inversionistas internacionales, a los líderes empresariales mexicanos y a muchos estadounidenses que están alarmados por los líderes de izquierda al estilo Evo Morales que han surgido repentinamente frente a nuestras puertas.

La relación entre Estados Unidos y México está en su nivel más bajo y peligroso en años. Las políticas recientes de EE.UU., que abogan por la construcción de un muro y la separación de las familias en la frontera, sumadas a las negociaciones del TLCAN, que están al borde del colapso, han deshilachado una relación que supo ser especial. Dada esta realidad política, ¿cuál debería ser la posición de Estados Unidos con respecto al nuevo líder mexicano?

Para el presidente Trump, la victoria de López Obrador representa la oportunidad de reconstruir las relaciones. Los dos hombres son líderes populistas, que hablan de forma directa a sus bases electorales, y podrían usar esa misma franqueza para hablar entre sí.

Por otra parte, si Trump elige distanciarse, como hizo con nuestros aliados canadienses y europeos, López Obrador podría rehusarse a cooperar en temas bilaterales críticos como las drogas, los carteles, el comercio y la inversión. Para ir por buen camino, Trump debería hacer lo siguiente:

Primero, llame de inmediato a López Obrador para felicitarlo por su victoria e invitarlo a la Casa Blanca como presidente electo. (El domingo, Trump ofreció sus felicitaciones por Twitter.) Ese gesto sería de gran ayuda dada la turbulenta relación entre Trump y Peña Nieto, quien nunca concretó una visita a la Casa Blanca.

Segundo, dele tiempo y espacio a López Obrador para que desarrolle sus propias políticas, en lugar de ocuparlo en mantener su capital político defendiéndose de exigencias irracionales, como la de pagar por la construcción de un muro en la frontera. Si bien en el pasado se ha ridiculizado la idea de que Estados Unidos se desentienda de lo que ocurre en América latina, en la actualidad, podría tener sentido.

Tercero, atienda las negociaciones del TLCAN lo antes posible. Este es un acuerdo que ha sido mejorado y modernizado por los tres países en negociaciones recientes. Es un buen acuerdo sólido, en particular para los intereses agrícolas estadounidenses. López Obrador dejó en claro durante su campaña que no le interesa derogar el TLCAN, como supusieron muchos de sus críticos. Ha llegado incluso a proponer una zona libre de impuestos aduaneros de 30 kilómetros a lo largo de la frontera para aumentar el comercio fronterizo.

Cuarto, deje de usar los canales informales como sustitutos del Departamento de Estado y diplomáticos con experiencia. El canal de Jared Kushner solo agrega confusión y desentendimiento de ambos lados. El contacto adecuado es el Secretario de Estado Mike Pompeo y el Departamento de Estado.

Quinto, en un comienzo, enfoque la nueva relación en aquellos temas en los que existe entendimiento, como la cooperación en narcóticos, el crimen organizado y los carteles, y el comercio bilateral.

Nadie sabe en realidad qué López Obrador desembarcará en Los Pinos, el palacio de gobierno mexicano, si el pragmático o el revolucionario. Trump parece tener afinidad por los líderes inusuales como él; si puede reconocer y explotar sus similitudes con López Obrador, en lugar de sus diferencias, podría establecer un curso más positivo con México, aliado y vecino clave de Estados Unidos.

Apuesto a que con Estados Unidos López Obrador será más pragmático que revolucionario dada nuestra dependencia mutua e intereses compartidos. Si desde un principio Trump no le extiende la mano y le da espacio, habrá más problemas en una relación ya en deterioro pero crucial para Estados Unidos.

No hay necesidad de seguir distanciándose de otros amigos en el mundo.