(CNN Español) — Miles de personas inundan la plaza Foley Square en Manhattan. El clamor de sus gritos es ensordecedor pese a los más de 32 grados centígrados que azotan la ciudad. Adultos, mayores y niños comienzan la marcha que los llevará por el puente de Brooklyn hasta la Plaza Cadman. Es 30 de junio del 2018 y se han reunido para protestar contra la política de “cero tolerancia” de Donald Trump, que ha llevado a la separación de miles de niños inmigrantes de sus padres en la frontera de Estados Unidos.

Los manifestantes piden un plan que reúna de nuevo a las familias. Entre ellos se encuentra la artista Sylvia Hernández. Con paso lento, avanza por el puente de Brooklyn acompañada de su hijo Miguel Angel. Entre los dos sujetan una colcha bordada que la artista ha confeccionado especialmente para la ocasión. En ella, la silueta de un niño aparece atrapada tras unas rejas. En letras negras se lee “Camp El President”.

“La obra hace alusión a las recientes imágenes que han dado la vuelta al mundo en la que niños inmigrantes aparecían encerrados en cubículos con rejas”, explica Hernández.

“The Brooklyn quilt girl” es el nombre con el que se conoce a Hernández. Nació en Nueva York pero sus raíces son puertorriqueñas. Sus padres, como tantos otros, llegaron en busca de mejor calidad de vida en la ciudad. Desde pequeña quiso ser artista plástica y en su mente siempre estuvo ser profesora de esta disciplina. Hace algunos años cambió los pinceles por telas e hilo, y comenzó a crear obras artísticas utilizando la técnica del quilt o colcha. Uniendo retales ha dado visibilidad a problemáticas sociales como el uso indiscriminado de las armas, el racismo, la igualdad de la mujer, o los estudiantes desaparecidos de Ayotzinapa en Mexico.

Hernández es, además, profesora de arte en El Puente, centro para el arte y la cultura en Brooklyn. “Intento inculcar a los estudiantes esta técnica del quilt para que de una manera visual cuenten los problemas y la historia que están viviendo. Si ellos no lo cuentan nadie lo va a contar”, dice.

La llegada de Trump a la presidencia la ha sumido en una profunda tristeza, especialmente por las políticas que considera racistas y que violan los derechos de las personas. “Si un presidente actúa de manera racista, entonces la población se cree con derecho a ser también racista y eso no lo podemos permitir. Racismo siempre ha habido, pero ahora parece que se puede justificar”, dice Hernández.

En el proceso para crear sus obras, Hernández investiga a fondo los temas que quiere contar y realiza una profunda introspección personal. Plasmar un tema social y mostrarlo al mundo es una responsabilidad para ella que a veces la lleva a estados de profunda tristeza.

La satisfacción, sin embargo, llega al ver cómo la gente se para frente a sus obras y consigue emocionarse. “La gente necesita visualizar los problemas para empezar a hablar, a cuestionarse y a crear comunidad. Son tantas las cosas de las que hay que hablar”.

El trabajo de Hernández se ha exhibido a nivel nacional e internacional y su labor como profesora en las comunidades más desfavorecidas ha sido reconocida en numerosas ocasiones. “Me gustaría que todas mis piezas estuvieran en la calle, que guardaran alguna en El Museo del Barrio para el futuro para que la juventud vea lo que estaba pasando en Estados Unidos en este momento de la historia y lo que estábamos luchando por nuestros derechos”.